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'Happy: Un cuento sobre la felicidad', Mike Leigh, antes y ahora

'Happy: Un cuento sobre la felicidad', Mike Leigh, antes y ahora
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Mike Leigh es un director que nos tenía acostumbrados a plasmarnos la verdad delante de nuestras narices. 'Secretos y mentiras', una de las más altas cotas de su carrera, es un hermoso film de una dureza casi extrema. Director que no se anda con florituras ni concesiones de ningún tipo, ha sido capaz como pocos en el cine reciente de adentrarse en los recovecos del ser humano, siempre en el contexto de historias trágicas protagonizadas por hombres y mujeres de lo más corriente. En 'El secreto de Vera Drake' empezó a dar muestras de cierto cansancio, quizá temático, y tal vez por eso su última película se aparta considerablemente de lo que solemos encontrarnos en una cinta del cineasta británico.

'Happy: Un cuento sobre la felicidad' pretende ser todo lo contrario a algunos de los films mencionados, una especie de bálsamo a tanta y tanta desgracia personal de las gentes de a pie. Y todo visto a través de los ojos de un personaje femenino realmente peculiar, y que algunos se han apresurado a emparejar con el de Audrey Tautou en 'Amelie'. Pero Leigh no llega ni de lejos a las excelencias del film de Jean Pierre Jeunet y tampoco creo que haya sido su intención. Aunque en realidad es difícil saber cuál ha sido en realidad su intención, ya que todo el film se tambalea de principio a fin, sin encontrar el camino adecuado, dejándonos con enormes dudas.

'Happy: Un cuento sobre la felicidad' versa sobre una joven profesora de primaria llamada Poppy que es todo alegría. Da igual lo que le pase a esta mujer, ella siempre tiene una sonrisa para todo el mundo. Un día, le roban la bicicleta con la que suele desplazarse a todos lados, y lo ve como una señal para sacarse el carnet de conducir. Le tocará un monitor un tanto malhumorado, de esos a los que da miedo decirles una sola palabra. Pero Poppy es mucha Poppy y con su vitalidad hará que cambien las cosas.

Mike Leigh no se aclara a la hora de ofrecernos algo interesante en 'Happy: Un cuento sobre la felicidad'. ¿Es un drama? ¿Es una comedia? ¿Es ambas cosas? La irregularidad es la constante durante toda la proyección. Irregularidad desde las situaciones planteadas, la mayoría apoyadas en absolutamente nada, hasta las decisiones de los personajes, pasando por la no continuidad en su trama. Salta ésta de un punto a otro sin ningún tipo de criterio y sólo porque sí. De esta forma vemos como Poppy se divierte con su amigas, luego como habla profundamente con ellas, luego como aprende a conducir, y poco mas. Si Leigh ha pretendido representar la cotidianidad de la clase social media del norte de Londres a través de esta Poppy, lo cierto es que lo único que logra es que no nos interesemos por ello. Es más, prácticamente causa pavor.

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Pero además de un cansancio y cierto desdén por lo que cuenta, Leigh se saca de la manga uno de los personajes femeninos más insoportables de todos los tiempos. Y aunque suene exagerado es así. Sally Hawkins se excede con su rol, su sonrisa y gestos provocan lo opuesto a lo que pretende. Esto es, en lugar de sentirnos atraídos por alguien que va por la vida con un optimismo y un nervio envidiables, queremos huir de la sala rápidamente. Le bastan unos minutos a Hawkins para que rechacemos desde el principio a su Poppy, que lo mismo te suelta una de sus sonrisas durante un polvo, como en la compra, como en todos lados, sin motivo aparente. En realidad, da la sensación de que Poppy es idiota, de que vive en su nube, sin darse cuenta de lo que sucede a su alrededor, no teniendo en consideración a ninguna persona cercana a ella. En verdad su buen humor y fuerza no valen de nada.

Sólo en determinada escena, cerca del final, el Leigh que todos conocemos sale a flote. Una dura escena, con sentido, con fuerza, y que no deja indiferente. Las consecuencias de la felicidad de Poppy salen a relucir, y comprobamos que tal vez no merece la pena reírse ante todas las adversidades que salen al paso. La comedia se torna drama, y la realidad más cruda hace acto de presencia. Una escena poderosa, pero que llega tarde. Hasta ese instante, tenemos que aguantar lo inaguantable y lo impensable: a un personaje pesado, absurdo, literalmente insoportable que ve la vida con ojos risueños.

'Happy: Un cuento sobre la felicidad' es un tropiezo de un director capaz de estamparnos en la cara la cruda realidad, y que disfrutemos de ello (entendiendo por disfrutar sufrir en un drama). Ahora, intentado dar un giro de 180 grados, se ha salido de la curva y se la ha pegado. Es peor tener que aguantar al personaje central de esta película que todas las crudezas de sus anteriores trabajos. A ver si vuelve pronto a ellos.

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