Hoy en Netflix, una inquietante historia de fantasmas que adapta a Mariana Enríquez. No se parece a ninguna otra y solo tiene 4 episodios

Hoy en Netflix, una inquietante historia de fantasmas que adapta a Mariana Enríquez. No se parece a ninguna otra y solo tiene 4 episodios

Pablo Larraín utiliza el terror sobrenatural para hablar de la memoria

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'Mis muertos tristes'
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Belén Prieto

Editora

Los muertos no siempre vuelven para asustar a los vivos. A veces regresan porque todavía tienen algo que decirnos. Esa es la premisa de 'Mis muertos tristes', la nueva miniserie de Pablo Larraín basada en el universo literario de Mariana Enriquez y construida a partir de varios de sus relatos. 

La historia parte del cuento que da título a la producción, incluido en 'Un lugar soleado para gente sombría', pero incorpora también otros elementos y se presenta como una miniserie de cuatro episodios -presentada en el Festival de San Sebastián como si fuera un largometraje- en la que los fantasmas no irrumpen en una realidad aparentemente normal, porque siempre han formado parte de ella. 

Los fantasmas cobran vida 

La historia transcurre en Piedrabuena y tiene como protagonista a Ema, una médica jubilada interpretada por Mercedes Morán que lleva años conviviendo con los muertos. Ella prefiere llamarlos "presencias", una manera de mantener cierta distancia con aquello que ve y escucha desde hace tanto tiempo y ha desarrollado sus propias reglas para sobrevivir a ese don, que consisten en no responder, no involucrarse y, sobre todo, no permitir que los muertos alteren su vida cotidiana.

Ese equilibrio se rompe con la muerte de su madre y la llegada de Julie, su sobrina (Carolina Sánchez Álvarez). Julie también puede ver a los muertos, pero su relación con ellos es radicalmente distinta. Mientras Ema intenta contener las presencias y mantenerlas alejadas, su sobrina las experimenta incluso físicamente y las incorpora a su vida de una manera mucho más íntima. 

A partir de ahí, la situación adquiere una dimensión mucho más inquietante cuando tres adolescentes son asesinadas en el barrio. Lo que hasta entonces parecía una carga privada de Ema comienza a extenderse por Piedrabuena y a afectar a sus vecinos. Y Larraín juega con una idea especialmente interesante, porque aquí no hay misterio sobre si los fantasmas existen. Sabemos desde el principio que son reales. La verdadera pregunta es por qué siguen entre los vivos y qué es lo que quieren.

La familia obliga a Ema a enfrentarse con aquello que lleva años intentando mantener a distancia. Su hija Carolina (Dolores Fonzi) arrastra una relación llena de reproches y conversaciones pendientes, mientras que Lidia, hermana de Ema y madre de Julie, no sabe cómo enfrentarse al extraño don de su hija. Entre las cuatro mujeres se establece una cadena de heridas, silencios y experiencias heredadas que atraviesa varias generaciones. Los fantasmas, en este contexto, no son los únicos que regresan, también lo hacen todos aquellos conflictos familiares que nunca llegaron a resolverse.

A medida que las presencias se multiplican, el problema deja de pertenecer únicamente a los Klatt y empieza a afectar a todo el pueblo. Los muertos entran en las casas y obligan a los vivos a enfrentarse a aquello que preferían olvidar, mientras el agua que comienza a salir del tanque funciona como otra imagen de ese mismo desbordamiento y algo que parecía contenido termina llegando a todas partes. 

'Mis muertos tristes' utiliza así el terror sobrenatural para hablar del abandono, de la memoria y de las heridas que una sociedad intenta dejar atrás

La tenéis en Netflix.

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