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Invasión a la Tierra y a la inteligencia del espectador

Invasión a la Tierra y a la inteligencia del espectador
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En mi texto sobre ‘Sucker Punch’ (id, Zack Snyder, 2011) —película que puede ser tan disfrutable como repulsiva— algunos arremetían contra mí única y exclusivamente porque no pensaba como ellos. En este nuevo ejercicio que está de moda, que es criticar a los que critican, se utilizan argumentos tan delirantes como el hecho de ir a ver tal o cual película esperando siempre una grandísima obra maestra, como si estuvieran metidos en mi cabeza para saber lo que pienso, decido o deduzco. Que si los tráileres ofrecen no sé qué, que si el cartel es muy indicativo sobre una película, que si los efectos visuales son efectos visuales, a lo que supongo que habrá que sumar la pataleta de niño pequeño o rasgada de vestidura, dependiendo del consumidor. Espero sinceramente que algunos no pasen de ahí, ya que la flagelación no es algo recomendable, al menos la que se conoce bajo términos judeocristianos.

El trabajo que algunos desempeñamos en lugares santos como éste a veces, muchas diría yo, parece precisamente eso: una completa flagelación, al menos bajo términos de cinefilia. Si hace unos meses servidor se quejaba de la mediocridad reinante en las carteleras —por ello me refugio en otro cine— sólo se me ocurre a mí ir a ratificar dicha creencia con películas del calibre de la de Snyder, la de Aja o la que nos ocupa, ‘Invasión a la Tierra’ (‘Battle: Los Angeles’, Jonathan Liebesman, 2011). En este caso, el tráiler sí hacía prever tal vez no una gran película, pero sí algo mínimamente decente, o al menos algo superior a esa tontería llamada ‘Skyline’ (id, Colin Strause, Greg Strause, 2010), de los encargados de los efectos visuales del film de Liebesman, y que se apresuraron a sacar antes. Efectivamente ‘Invasión a la Tierra’ es mejor que la citada, pero por muy poco.

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Pero por muy buena pinta que tuviese el tráiler, y que a algunos les hizo aventurar que estábamos ante un cruce entre la excelente ‘Black Hawk derribado’ (‘Black Hawk Down, Ridley Scott, 2001) y la entretenida ‘Independence Day’ (id, Roland Emmerich, 1996), lo cual no hubiera estado nada mal, al final se revela como una mezcolanza simple y casi cutre no sólo de los dos films mencionados, sino de muchos más, hasta el punto de que ‘Invasión a la Tierra’ carece de personalidad propia pues continuamente hace referencia a otras películas, amén de recopilar todos los tópicos del cine bélico uno tras otro. A estas alturas tirar de tópicos no es nada malo, ya está todo contado desde hace muchos años, pero eso no significa que no pueda hacerse bien. Al fin y al cabo, las historias sobre no rendirse jamás, sobre no dejar que nos pisen, sobre la supervivencia al fin y al cabo, en un mundo que cada vez parece más cerca de la extinción, siempre han servido para grandes películas.

En el marco de la ciencia ficción, las invasiones extraterrestres a nuestro planeta han sido del agrado del público durante generaciones y generaciones. En los años 50 se llegó a límites insospechados, y más aún teniendo en cuenta el miedo al comunismo que reinaba en aquella época en la sociedad norteamericana, el aluvión de invasiones de otros mundos se caracterizó por poseer mensajes políticos nada disimulados. Más tarde, cuando el cine cambió sus fórmulas y cineastas como Steven Spielberg y John Carpenter aparecieron, se optó por un tono más intimista, sin renunciar a la espectacularidad. Con la mencionada cinta de Emmerich, hace ya quince años, empezó a optarse por una visión más catastrófica del asunto. Los efectos visuales dominaban el producto en la mayoría de las ocasiones, y ahora Liebesman continúa la fórmula adaptándose a estos tiempos filmados cámara en mano.

Explicar de qué va ‘Invasión a la Tierra’ —lamentable título español, como siempre, puesto que el original es mucho más preciso y contundente— es una pérdida de tiempo. El esquematismo con el que está compuesta la historia es tal, que llega a límites vergonzosos, sobre todo en los diálogos, los cuales se debaten entre las frases de ánimo —“¡vamos, vamos, vamos!”, “¡corre, corre, corre!“—, y los chistes sexuales supuestamente graciosos —“¿Dejas que te hagan eso en la primera cita?“—, además de un montón de frases patrioteras con las que se subraya pesadamente que los Marines de los Estados Unidos son los mejores, y lo vana a demostrar. Está claro que si nos ponemos en situación, los discursos de ánimo en momentos de combate son necesarios, pero en ‘Invasión a la Tierra’ ocupan una gran parte del metraje, y termina resultando desesperante. Hasta tal puno que el espectador, al menos yo, desea que los extraterrestres lleven a cabo con rapidez su plan de exterminación.

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Los dos únicos puntos que me parecen salvables en la película es el hecho de que el punto de vista es siempre el de los protagonistas, de forma que el espectador va recibiendo información al mismo tiempo que ellos; poco llegamos a saber de los extraterrestres que casi nada llegan a interactuar con los humanos —el momento en el que un extraterrestre y un humano están más cerca supone uno de los mejores instantes del film, por su dureza—, y en ese aspecto se le agradece a la película que vaya directa al grano. Otro es que gracias a la presencia de Aaron Eckhart se aguanta mejor el film; el actor está totalmente entregado y se nota que se lo ha pasado en grande. No son broma sus declaraciones sobre el hecho de que ha sido el rodaje en el que más se ha divertido, y que no dudaría en regresar en una secuela. Su tópico hasta los huesos personaje posee cierta densidad gracias al trabajo de Eckhart que lo hace con convicción, todo lo contrario que sus compañeros de reparto, que van desde unos muy desaprovechados Michael Peña y Bridget Moynahan hasta una cansina Michelle Rodriguez en su sempiterno papel de tipa dura.

Desfachatez enorme por su ramplonería, cuesta creer que se hayan gastado 70 millones de dólares, y no es un presupuesto excesivo para una película de estas características, en un desfile de soldaditos dispuestos a morir mientras nos recuerdan una y otra vez lo buenos que son. Como anécdota cabe señalar que el film se inspira en un hecho real acaecido durante la Segunda Guerra Mundial cuando en la noche del 24 de febrero se avistaron aviones no identificados sobrevolando Los Angeles, y sospechando que eran japoneses, los americanos desplegaron su defensa disparando munición antiaérea. La cosa no pasó de un susto y fue declarada una falsa alarma. El incidente fue bautizado como Batalla en los Ángeles, y ahora la película la podemos bautizar como topicazo coñazo que ni entretiene. Ahora bien, como promoción del cuerpo de marines de los Estados Unidos no tiene precio.

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