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La huella de las grandes obras maestras

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Ahora que se estrena la última película de Kenneth Branagh, que le sigue confirmando como uno de los actuales genios del séptimo arte, y que se trata de una nueva adaptación de la obra teatral de Anthony Shaffer, o también podríamos llamarlo remake de la inmortal película dirigida por el genial Joseph Leo Mankiewicz, he creído oportuno revisionar este título que en su momento me dejó totalmente impresionado, algo que se ha vuelto a producir hace unos días. Tanto que cuando terminé de verla, lo único que quería hacer era verla otra vez en ese preciso momento. ¿Cuántas películas producen esa sensación?

Supongo que todos sabréis su argumento, y si no, pues ahí va un pequeño resumen: un importante escritor de novelas de misterio invita a su mansión a un hombre, peluquero de profesión que además es el amante de su mujer, el cual le pide que conceda el divorcio a la misma. Sin embargo para el escritor las cosas no son tan fáciles, y someterá a su invitado a un juego cruel y perverso en el que sólo el más inteligente sobrevivirá. Entre ambos se establecerá un duelo de altura. De esos que son una gozada verlos en una película.

Mankiewicz logra una puesta en escena absolutamente maravillosa, logrando que la procedencia teatral más allá del texto de los diálogos, logrando convertir la obra en algo puramente cinematográfico. Movimientos de cámara elegantes y aprovechando al máximo el escenario, el interior de una lujosa mansión, lega para que nos olvidemos al instante de que nos encontramos ante una película que dura la friolera de dos horas y veinte, que parte de una obra teatral en la que sólo hay dos personajes. SPOILERS. Al respecto de esto, mencionar la "broma" de Mankiewicz al acreditar nombres falsos de actores inexistentes en sus títulos de crédito, posiblemente para hacer creer al espectador que hay más personajes. Muchos pueden verse sorprendidos en el momento en el que cierto inspector de policía hace acto de presencia, y que no es otro que Caine disfrazado. Mirando la película una y otra vez, se llega a la conclusión de que lo realmente importante es la reacción de los personajes, y aunque el espectador conozca cierta claves y no se sorprenda (a mí no me cogió desprevenido ni la primera vez), sigue funcionando extraordinariamente el suspense en la explosiva secuencia en la que el escritor es humillado por primera vez. FIN SPOILERS.

Los diálogos están adaptados por el propio Shaffer, y la viveza de los mismos es algo para repetir una y otra vez las veces que sean necesario. Aparte de la puesta en escena del director, son los diálogos los que le dan ritmo al film, y nadie mejor que Mankiewicz para una película llena de diálogos. Dicen que muchas películas funcionan igual sin sonido, y cierto es que dicha prueba puede realizarse cuando queráis, coged cualquier película, quitadle el sonido y ya veréis como la comprendéis exactamente igual sin necesidad de oírla (evidentemente no todas), pero esto mismo no funciona con ni una sola de las películas de Mankiewicz, las cuales sin sonido son absolutamente incomprensibles, y probablemente 'La Huella' se lleva la palma. Es muy difícil elegir un film de este fantástico director para quien los diálogos tenían una importancia vital, pero un servidor se quedaría con ésta de entre todas las maravillas de su filmografía.

Una película que tampoco sería lo mismo sin sus dos actores, los geniales Laurence Olivier y Michael Caine, absolutamente perfectos. El primero, en su madurez como actor, que hay que reconocer que Olivier no empezó demasiado bien pero mejoró con el paso de los años, le proporciona a su personaje la típica ironía inglesa, y también cierta maldad que le queda muy bien a la historia. A su lado, un todavía joven Michael Caine, que no desmerece nada de nada al lado de Olivier, compenetrándose con él a la perfección, en una química tal que el uno no podría existir sin el otro. Además, cada uno tiene su momento, digamos que Olivier gobierna la primera mitad del film, y Caine la segunda, pero de una forma que sólo los grandes actores saben hacer, no tratando de eclipsar a su compañero de reparto.

Una obra maestra sobre la que ya todo está dicho, y sobre la que uno no se cansaría jamás de hablar y hablar. Cuando hable de mis películas favoritas de los 70, evidentemente este título estará entre las diez elegidas. Una de esas películas de las que uno puede sentirse satisfecho como espectador al 100%, y que nos hacen decir, parafraseando aquel programa televisivo de Garci, qué grande es el cine. Mankiewicz lo demostró con creces más de una vez, ésta fue la última.

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