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'Los sustitutos', un futuro desolador y manido

'Los sustitutos', un futuro desolador y manido
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Jonathan Mostow llevaba colgado el sambenito de haber sido el culpable de destrozar la saga de ‘Terminator’, tras amenizar las plateas con dos films previos muy recomendables: ‘Breakdown’ y ‘U-571’, en los que había un claro regusto a serie B. Mostow se mostraba como un buen artesano en el cine de género, hasta que tuvo que verse en el brete de igualar, o seguir desarrollando, el trabajo empezado por James Cameron en los films protagonizados por Arnold Schwarzenegger. Mostow se veía incapaz de controlar un film que le venía demasiado grande, a pesar de su irrisorio guión. Seis años han pasado desde entonces, y ahora Mostow ha intentado regresar por la puerta grande con un film de Sci-Fi protagonizado por la estrella Bruce Willis.

Y lo que a priori parecía una muy interesante historia sobre el futuro de la humanidad —con la consiguiente relación del hombre con las máquinas—, con actores conocidos, y de holgado presupuesto, ha terminado siendo todo un fiasco que no ha convencido al público y tampoco a la crítica. No sin razón. ‘Los sustitutos’ (‘Surrogates’, 2009) contiene una premisa interesante, atractiva, pero que por sí sola no llega para sostener un film, aunque lo parezca. Mostow vuelve a mostrarse inseguro con un film de presupuesto grande, y viendo los resultados, no sería de extrañar que la película sufriese recortes importantes en la sala de montaje. O tal vez Mostow haya intentado otra cosa, nada descabellada.

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Tomando como referencia el cómic de Robert Venditti y Brett Weldele, Mostow se adentra en un futuro que como siempre, está a la vuelta de la esquina. La vida del ser humano se reduce a estar recluido en casa mientras vive experiencias fuera de su aparentemente seguro hogar a través de robots, manejados a distancia por sus dueños. Todas las sensaciones que un ser humano quiera experimentar lo hará a través de un sustituto, aberrantes creaciones que no son más que el brillante reflejo de una sociedad decadente. Bruce Willis da vida a un policía que debe salir de su retiro para investigar una serie de asesinatos que comienzan en el sustituto y terminan en el que lo maneja. Semejante argumento, que daría para mucho a la hora de desarrollarlo, quedaría muy bien en aquellas viejas películas de Sci-Fi de los años 50, llenas de increíbles argumentos que se volvían creíbles por su total falta de pretensiones. ‘Los sustitutos’ parece una de aquellas viejas películas de serie B, incluso en su duración, unos ajustados 80 minutos, en los que Mostow no se muestra precisamente como un buen narrador.

La atractiva premisa enseguida se vuelve algo previsible, manido y aburrido. De lo aterrador que resulta el hecho de tener un doble —y que no es humano— andando por las calles haciendo el duro trabajo de vivir, influencias bien claras de Philip K. Dick incluidas, se pasa a lo de siempre, el ser humano casi doblegado ante las máquinas de su propia creación; todo sin profundizar ni lo más mínimo. Mostow se esfuerza por mantener al menos cierto simpático aire de serie B, pero la película se le escapa y termina rendido ante lo que suele pedir el público poco exigente, de cara a obtener un éxito de taquilla que curiosamente no se ha producido. Y es que ‘Los sustitutos’ también fracasa en su intento de ser un blockbuster; Mostow no controla el ritmo, y las escenas de acción —las pocas que hay— confunden un poco por lo mal elaboradas que están, metidas a calzador, y faltas de emoción.

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Al menos era de esperar que el trabajo actoral estuviera a la altura de las expectativas, pero tampoco ha sido así. Nunca me cansaré de decir lo buen actor que es Bruce Willis, intérprete que cuando no está excelente le llega con su solo carisma, pero éste no es el caso. Su aburrido e insípido personaje —como todos los que pululan por el film—, está interpretado de forma desganada, impropia del actor de ‘Jungla de cristal’. Lo mismo sucede con Radha Mitchell y Rosamund Pike, cuyos roles carecen de matices, y ya no hablemos de Ving Rhames o James Cromwell, que no sólo están desaprovechados, sino que casi resultan ridículos —el plan del villano de la función resulta tan absurdo que uno nunca termina de creérselo—. Una pena que un reparto tan completo esté echado a perder sin motivo aparente.

Al final el visionado de ‘Los sustitutos’ es más un calvario que otra cosa. La atractiva premisa nunca deja de ser tal, y una vez más se pierde una buena oportunidad de realizar un buen film de Sci-Fi, o al menos un ejercicio de nostalgia sobre cierto cine añejo, pero ni eso. Ahora a Mostow no sólo le señalarán por haberse cargado la saga ‘Terminator’, sino que, echando mano de unos guionistas con un currículum terrible, lo harán por haber logrado un fracaso taquillero considerable —yo lo haré por haber puesto a un Willis con una pinta totalmente ridícula—. Contemos los años que tarda en volver a dirigir una película.

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