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'Millennium Mambo', mirando el techo

'Millennium Mambo', mirando el techo
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Hay un calificativo que suele acompañar al cine asiático en general: lentitud. Desde luego, hay una diferencia en la forma de narrar, algo que no puede comprenderse si se busca el consumo rápido de palomitas o el de cómodos clásicos de probada competencia. El cine oriental juega a otra cosa, al menos el que corresponde a directores-autores, con su sello personal. El comercial tiende a acercarse a un gusto global, para extender sus ramas y poder rascar dinero de todos los bolsillos. Esto podemos verlo en el cine de acción o el de terror, muy populares por aquí.

El público occidental está tan acostumbrado a la velocidad del cine norteamericano y de la televisión que las obras de gente como Wong Kar-Wai, Zhang Yimou, Kim Ki-Duk o Takeshi Kitano (por no hablar de clásicos como Akira Kurosawa o Yasujiro Ozu) resultan tremendamente pesadas, aburridas, lentas. En una ocasión, en una de esas conversaciones tan habituales como insustanciales, sobre esto mismo, me dijeron que lo peor de todo es cuando los "chinos" (aquí vale cualquiera con los ojos rasgados) se quedan en silencio y en la escena no ocurre nada. Yo le respondí que lo hacían para que le diera tiempo a leer los subtítulos. Creo recordar que se hizo el sordo.

Pero sigamos con esa queja de la lentitud y el "es que no pasa nada". A priori, creo que nadie quiere eso, el movimiento es lo que capta nuestra atención, lo que no se mueve o lo que permanece estático nos aburre. A posteriori, hay que ver cada caso concreto.

Un silencio en una pareja puede ser mucho más interesante, emotivo y significativo que una interminable sucesión de diálogos para soltar obviedades y frases tópicas. Una sola mirada entre un hijo y un padre moribundo puede emocionarnos mucho más que una lacrimógena charla entre ellos sobre el tiempo perdido. Lo importante, pues, no es el silencio o la inacción. Lo importante es que la escena tenga sentido, contenido y sea fruto de una planificación inteligente, de un proceso creativo elaborado.

Personalmente, y como creo que ya sabe cualquiera que me conozca lo más mínimo, encuentro más interesante que aburrida esa "lentitud" en el cine asiático. Hay cineastas que realmente aprovechan cada plano para que, sin necesidad de palabras y a menudo con cámara lenta o movimientos elegantes de la cámara, o incluso sin movimientos de ningún tipo, el espectador se sienta pegado a cada fotograma. Porque está implicado en la historia, porque quiere saber qué ocurre ahí con esos personajes.

Lo que para mí no tiene sentido, y lo que hacen directores como Hou Hsiao Hsien, es olvidarse del espectador, abandonar la planificación y dejar lo más posible a la improvisación y a la captación del momento. La cámara queda ahí quieta y asistimos, durante minutos, a un vacío narrativo que acaba por resultar desesperante. A esto se le suma un esteticismo vacío que ofrezca una excusa para su defensa desde el punto de vista técnico, y punto y final.

Es curioso, porque este es el tipo de cine que más gusta en los festivales europeos de mayor prestigio. Películas que, a mi parecer, abusan de ese recurso de, simplemente (porque es simple, en su sentido negativo), dejar que la cámara capte un (largo y vacío) momento. ¿Ejemplos? 'Elephant' (podríamos incluir toda la llamada "trilogía de la muerte[del espectador]" de Gus Van Sant), 'Caché' (parcialmente inquietante, parcialmente intrascentente) o 'Naturaleza Muerta' (de Jia Zhang Ke).

Y ahora volvamos al señor Hou Hsiao Hsien, que es otro que encanta en estos festivales, donde uno podría hacerse millonario vendiendo almohadas, y a su obra. 'Millenium Mambo' ('Qianxi mambo', 2001) es una de sus películas más conocidas por aquí, debido a su edición en DVD y a la presencia, siempre de agradecer, de la actriz Shu Qi. Por estas dos mismas razones muchos han visto (o dormido en el intento) 'Tiempos de Amor, Juventud y Libertad'. Al margen de estas dos, 'El maestro de marionetas' es la película más famosa del director taiwanés nacido en China.

'Millenium Mambo' gira en torno a Vicky, una joven que trabaja como relaciones públicas en una discoteca, con el corazón dividido entre dos hombres, Hao-Hao y Jack. El primero es su novio, quien la controla constantemente, desde las llamadas del móvil hasta incluso su olor corporal. A pesar de estar harta de él, Vicky siempre vuelve en cuanto Hao-Hao se lo pide. Por el contrario, la relación de ella con Jack es mucho más íntima y cercana, pero que no pasa de la amistad.

Hsiao Hsien dedica casi dos horas del espectador a mostrarle, básicamente, lo bien que queda Shu Qi delante de la cámara. Algo que todos ya sabíamos, por otra parte, y que, a menos que la chica comience a despojarse de su ropa, carece de sentido. Bromas aparte, 'Millenium Mambo' es otra muestra más de ese cine al que me refería, simple, improvisado, estético... vacío.

Se supone que debemos encontrar, entre otras cosas, y mientras soltamos el enésimo bostezo, un análisis o una reflexión sobre la juventud taiwanesa en el cambio de siglo; que levante la mano quien tenga interés en semejante asunto. Pero sí, esto es limitar la visión, de acuerdo. Extendamos el objetivo a la juventud en general. Aquí vemos a unos jóvenes aburridos que se van de marcha. ¿Dónde está la reflexión? ¿Dónde está la creación? Ah, vale, que esto va de una chica que tiene un novio ocioso y celoso, que la huele cada vez que llega a casa (idea que habrá provocado que Kim Ki-Duk se haya dado varios cabezazos en la pared).

De acuerdo. La pregunta ahora es: ¿es necesaria tanta repetición de escenas en las que vemos la situación de la pareja? ¿Tenemos que ver al novio oliendo a la chica varias veces? ¿Necesitamos que nos digan que robó un reloj y luego ver la escena en la que dice que ha robado un reloj? ¿Hay que mostrar a un personaje peleándose varias veces para que sepamos que es conflictivo? Definitivamente, a todas las preguntas, no. Hou Hsiao Hsien, por el contrario, a tenor del film que nos ocupa, cree que sí. Abusa de la improvisación (ojito a los diálogos), de la cámara estática, de la repetición gratuita de secuencias y de componer planos estéticamente bonitos para lucimiento de la señorita Shu Qi.

Podría seguir describiendo las debilidades de un film tan insípido e intrascendente como 'Millenium Mambo', pero creo que no tiene sentido y que lo importante está dicho. La idea que quiero que os quede: ver esta película y quedarse dos horas mirando el techo es prácticamente lo mismo. Vale, está Shu Qi; pero para eso os ponéis, por ejemplo, 'Máximo Rival', que por lo menos es entretenida cual bolsa de pipas. 'Millenium Mambo' es, en pocas palabras, una aburrida pérdida de tiempo.

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