Debo reconocer que los Minions nunca me han hecho ni maldita la gracia. Quizá sea por su popularidad sin fin, porque el running gag de gritar "¡Banana!" me parecía insulso, o porque su slapstick básico nunca ha terminado de provocarme carcajadas, pero, en todo caso, su sobresaturación en la cultura pop y el merchandising desde hace 16 años me ha causado desde siempre un incomprensible rechazo. Y por eso soy el primer sorprendido al salir de ver sus películas con una sonrisa en la boca, cogiéndole cariño, después de todo, a sus cafradas para todos los públicos.
¡Silencio, se rueda!
Estamos muy acostumbrados a las bromas y los guiños con el cine más popular de los 80 como protagonista, y referencias continuas a las películas atemporales de nuestra infancia. Quizá por eso me ha parecido tan genuinamente punki que 'Minions & Monsters' haya decidido hacer un respetuoso e hilarante homenaje al cine mudo: lo último que esperaba al entrar a ver la tercera parte de 'Los Minions' era encontrar a Harold Lloyd, Buster Keaton, George Méliés, 'El regador regado', 'Tiempos modernos' e incluso 'Salida de los obreros de la fábrica Lumière'. Hay algo genuinamente reivindicativo en enseñar a los niños algo de cine mudo, aunque sea "minionizado", en la época del slop.
Por supuesto, 'Minions & Monsters' no es solo una de esas ya clicheicas "cartas de amor al cine", y no decepcionará a todos los que esperan un festival de topetazos, golpes, slapstick, bananas y palabras ininteligibles protagonizado por los bichos amarillos mascota (con razón) de Illumination. A estas alturas ya han perfeccionado el timing cómico a la perfección y algunos momentos, como el fabuloso sketch con el cíclope gigante, recuerdan a los gags físicos de Looney Tunes que se basan en dar cada vez más golpes, cuantos más absurdos mejor.
Su estructura de sketches funciona como un tiro, pero, por algún motivo, se empeña en enderezarse y llevar el guion por unos raíles excesivamente firmes que le sientan fatal. Cuando 'Minions & Monsters' separa al grupo y empieza a narrar sus aventuras paralelas, pierde enteros. Sí, tiene momentos interesantes aquí y allá, pero el ímpetu de su primer acto se diluye rápidamente con un argumento excesivamente infantil y que, más allá del fantástico diseño de sus monstruos, no deja mucho donde rascar, culminando en un larguísimo clímax que no lleva a ningún lado. Una pena.
Monstruo es monstruo aunque no quiera
Las dos entregas anteriores de la saga sirvieron como necesarios prólogos de 'Gru, mi villano favorito': 'Los Minions' contaban todo lo que queríamos saber sobre estos personajes, y 'Minions: El origen de Gru' hacía lo propio con su protagonista humano. Sin embargo, en 'Minions & Monsters' no les ha quedado otra que lanzarse a contar aventurillas de relleno, sin saber muy bien cuál era el objetivo más allá de hacer pasar un rato agradable (que, por otro lado, no es poco). Su enfrentamiento con los monstruos y su impass como ayudantes de un insospechado robot llegan tarde y parten la película en dos, tratando de crear una trama de donde solo había gags y locura.
Illumination debería tomar nota: puede haber oro en los Minions (no solo en taquilla, que eso lo saben de sobra, sino en cuanto a su calidad) si se limitan a exacerbar su slapstick y su caos, pero en el momento que tratan de dar seriedad a unos personajes que representan el libre albedrío, la torre de marfil no puede evitar empezar a tambalearse. Porque en sus peores momentos (que, por suerte, no son muchos), 'Minions & Monsters' llega a ser exactamente eso que no puede permitirse ser: aburrida.
Pese a sus errores, nadie puede sentirse engañado por la tercera parte de 'Los Minions' y la séptima en total de la saga 'Gru': no traiciona su espíritu enajenado en ningún momento, mostrando a las criaturas como los molestos y apasionados secuaces que son, con algunos momentos particularmente brillantes en su primer acto, cuando se suelta el pelo y se permite experimentar con los guiños, la animación y su propio formato.
Al final nadie saldrá decepcionado, porque es exactamente lo que todos esperamos, con más o menos gusto: una película que cae en picado en los pocos planos donde no aparecen los Minions, único motor y motivo de la existencia de este spin-off. Claro está, con la taquilla que hará se asegurarán de que una cuarta entrega llegue más pronto que tarde... Y siga siendo así eternamente, siempre que los niños no dejen de reprimir una carcajada cada vez que escuchan la palabra "¡Banana!".
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