'Moneyboys': forma y fondo se abrazan con calidez en una pequeña joya del cine LGTBIQ+ contemporáneo
Críticas

'Moneyboys': forma y fondo se abrazan con calidez en una pequeña joya del cine LGTBIQ+ contemporáneo

Por norma general, la inmensa mayoría de espectadores estamos acostumbrados a unas narrativas convencionales y que tienden a repetir sus patrones, sobradamente efectivos, una y otra vez. Estas, enseñadas y estudiadas hasta la saciedad en cualquier escuela de cine o ensayo sobre el tema, parten del esquema que sitúa a un personaje con un objetivo frente a una serie de obstáculos que irán aumentando progresivamente hasta la llegada del clímax en el que logrará o no sus aspiraciones.

Por suerte, en el medio cinematográfico —y en cualquiera que implique una expresión artística—, no existen reglas escritas inamovibles, dejando espacio a otro tipo de tratamientos que restan obviedad al siempre presente conflicto, internalizándolo para dar forma a lo que se llama slice of life; miradas a la vida en clave naturalista que invitan a acompañar a los personajes en sus viajes existenciales.

'Moneyboys', ópera prima del cineasta chino C.B. Yi que ha llegado a cines españoles tras su paso por el Festival de Cannes, encaja a la perfección con esta descripción; brindándonos un logro formal y dramático gigantesco cuya cadencia y tono no serán del agrado de todo el mundo, pero cuya exploración del amor, el autodescubrimiento y la búsqueda del espacio en el mundo que nos rodea supone una de las experiencias más lúcidas e intensas del año.

Un debut para enmarcar

Si dejamos a un lado lo estrictamente cinematográfico, uno de los elementos a reivindicar con mayor fervor de 'Moneyboys', coproducida a seis bandas entre Taiwán, Austria, Francia y Bélgica, es su enorme trascendencia a nivel sociopolítico y su valentía a la hora de abordar temáticas que podríamos considerar espinosas —si no tabú— bajo el prisma de un país tan restrictivo como China.

Yi, con sobriedad, mesura y una tremenda sensibilidad, cocina a fuego muy lento un relato que nos sumerge en el mundo de la prostitución, la homosexualidad y sus implicaciones en la sociedad del país asiático y en los núcleos familiares. Bajo estas premisas discursivas, se abre paso a una historia dominada por la contención y lo contemplativo tras un prólogo extraordinario que sintetiza en veinte minutos una historia de amor mucho más potente que el resto de metraje del largometraje.

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Esta toma de contacto la cinta sienta sus bases formales, comenzando por una economía de la planificación y el montaje tan inteligente como acertada. De ellas se extrae el gusto del autor por el plano secuencia y las tomas largas —lógica si tenemos en cuenta su formación con Michael Haneke—; recursos que llevan en volandas algunos de los momentos más agrios y potentes del filme y que permiten que los actores extraigan oro de sus personajes y eleven la emoción a niveles dignos de elogio.

Sin abandonar la vertiente técnica de la película, es de rigor ensalzar la labor del director de fotografía Jean-Louis Vialard y su colaboración con C.B. Yi. Sorprende el uso de la relación de aspecto en 2.39:1 y el manejo del eje horizontal del cuadro para dar forma a lienzos harmoniosos y repletos de juegos de términos que favorecen a una puesta en escena y a un blocking impolutos. Si a esto le sumamos el predominio de los planos estáticos, únicamente roto cuando la acción justifica plenamente el movimiento de cámara, el resultado es un trabajo digno de estudio.

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'Moneyboys' no es, en absoluto, una producción apta para todo tipo de paladares. Su segundo y extenso acto podría parecer un mar demasiado en calma en el que parece imposible avanzar mientras se captura el día a día de Fei intentando encontrar su lugar en el mundo. Pero, de abrazar la propuesta y tener la paciencia suficiente para absorber su sensibilidad, administrada en pequeñas dosis, encontraremos una pequeña joya que anticipa una carrera realmente prometedora.

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