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'Philomena', sensiblería facilona

'Philomena', sensiblería facilona
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Es algo que llevamos observando tantos años como hace —y no son muchos, pero lo terminarán siendo si nadie le pone remedio— que la Academia de Hollywood decidió alterar la configuración de sus premios a la Mejor Película para, en lugar de las cinco candidaturas que podemos observar en cualquiera de las otras categorías, dar cabida a nueve títulos con los que, aparentemente, cubrir más terreno en la vasta oferta cinematográfica que podemos encontrar en las carteleras semana a semana a lo largo de todo el año.

Lo que esto lleva provocando desde que la "norma" entró en vigor es la inclusión anual forzosa de películas que quedan muy lejos de rayar la supuesta excelencia a la que deberían acceder los títulos y personas galardonados, siempre y cuando uno no considere —como si lo lleva haciendo desde hace años el que esto suscribe— que los Oscar no son más que otros premios otorgados por un puñado de profesionales que, en la gran mayoría de los casos, obedecen a disquisiciones que nada tienen que ver con la calidad de la producción y sí con politiqueos, favores y quién sabe qué trejemanejes Weinstenianos.

'Philomena', una peliculita del montón

Philomena 1

Y es que parece casi obligado que dentro de esa cuota de nueve títulos con el potencial para ser nombradas "película del año", la presencia de los hermanos Weinstein es irrenunciable, da igual que lo que los fundadores de Miramax y polémicos productores traigan bajo el brazo sea lo último de Quentin Tarantino o que áquel filme sobre el que han hincado sus dientes para su distribución internacional sea lo último de un reputado cineasta británico que, en manos de otro nombre, habría carecido de repercusión alguna.

Tanto es así que, si sólo atendierámos al guión firmado por Steve Coogan —que además de protagonizar también produce la cinta— no seríamos capaces de encontrar en él nada que lo separe de esas historias de "interés humano" que sirven de premisa de partida para este relato basado en hechos reales. Lo curioso del caso es que, en un momento dado de la acción, y en boca suya, podemos escuchar algo así como que "las historias de interés humano son el producto de gente ignorante destinado a gente ignorante". Si eso pretendía ser una ironía o un declaración de principios es algo que hasta a él se le escapa.

Lo que no es capaz de eludir una mirada de disposición crítica es que las aspiraciones últimas de 'Philomena' pasan sí o sí por provocar en el espectador la lágrima fácil por mor de la utilización nada sutil de recursos típicos del drama que han sido usados hasta la saciedad ya en producciones para la gran pantalla, ya en aquellas destinadas a la caja tonta: ver aquí esos montajes que, en momentos clave, acuden a mostrar planos de ese hijo que la protagonista perdió de manos de las monjas de un convento, es caer muy bajo para un cineasta que ha tocado techo en no pocas ocasiones.

Philomena 2

Y eso es quizás lo que más doloroso resulta de esta peliculita, comprobar como el responsable de cintas del estimulante calado de 'Las amistades peligrosas' ('Dangerous Liaisons', 1988) y 'Los timadores' ('The Grifters', 1990) o de la maestría de 'Alta fidelidad' ('High Fidelity', 2000) se deja llevar por una acusada ramplonería de formas e invisibiliza su presencia hasta que resulta indetectable hace aún más evidente que la inclusión de 'Philomena' en las candidaturas a los Oscar responderá a muchas cosas, pero ninguna de ellas tiene que ver con su elevada calidad.

Una calidad que, inexistente en guión y dirección, sólo cabe encontrar en las interpretaciones de Coogan y una espléndida —como si alguna vez no lo estuviera— Judi Dench y en la partitura de un Alexandre Desplat que, en la tónica sensible y emotiva que muchas veces le hemos escuchado al músico parisino, también lograba alzarse con la nominación a la dorada estatuilla. Una nominación que completa las cuatro que acaparaba la cinta y perdía en favor, en este caso, del espléndido trabajo de Steven Price para 'Gravity' (id, Alfonso Cuarón, 2013); ésta sí, y con autoridad, la mejor película del año...por más que cierto calvo con espada no haya pensado lo mismo.

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