Si alguna vez durante los últimos cuatro o cinco años —por acotar— has elevado el puño al cielo como el abuelo Simpson para gritar a una nube maldiciendo la presunta muerte de la creatividad en Hollywood, debes saber que no estás solo. Los grandes estudios parecen haberse empeñado en recordarnos que sus pilares se sostienen sobre fórmulas, plantillas y, como decía el Narrador en 'El club de la lucha', copias de unas copias de otras copias, haciéndonos creer que solo el cine independiente podía elevarse como un oasis de creatividad.
Por suerte, cada cierto tiempo, la factoría de blockbusters estadounidense se las apaña para cogernos con la guardia baja con despuntes de riesgo y libertad salidos de la nada, y el caso de esta sorpresa en mayúsculas titulada 'Te van a matar' es buena muestra de ello. Y es que el primer largometraje angloparlante del cineasta ruso Kirill Sokolov se las ha apañado para cogerme con la guardia baja y hacerme caer rendido, contra todo pronóstico, frente a sus no pocos y variopintos placeres.
Libertad de estudio
He de confesar que ver los logotipos de New Line Cinema y Warner Bros., como productora y distribuidora respectivamente, en el material promocional y durante los primeros compases de la cinta, me hicieron esperar el enésimo producto inocuo con más intenciones y promesas que resultados proyectados en pantalla. No obstante, después de paladear sus 94 minutos cargados de majaderías desenfrenadas, no puedo hacer más que tragarme mis prejuicios y celebrar su existencia.
'Te van a matar' tiene todo el potencial del mundo para convertirse en otro de esos títulos de culto condenados a pasar desapercibidos en taquilla durante su estreno para, posteriormente, recibir no pocas loas desde nichos muy concretos, y el motivo principal que invita a pensar esto es un cóctel imposible de ingredientes que, en otras circunstancias, podría haber resultado altamente indigesto. Por suerte, la buena mano de Sokolov con la puesta en escena, el notable diseño de producción de Jeremy Reed y la entrega de Zazie Beetz como la antiheroína perfecta elevan el conjunto a un nuevo nivel.
Discurso sociopolítico con el eat the rich como leitmotiv, alma de blaxploitation setentera, homenajes inesperados a clásicos del cine de artes marciales de los 70 como 'Lady Snowblood', infinitas referencias a hitos del cine satánico de ayer y hoy, comedia cafre y pasada de vueltas, gore splatter que parece extraído de los grandes referentes de finales de los 80 y principios de los 90, coreografías de lucha que, por momentos, dan codazos cómplices a sagas como 'John Wick', una realización que no hace prisioneros digna del Sam Raimi más desatado...
La lista de piezas de puzzle que, a priori, no deberían encajar, pero que se ensamblan a la perfección hasta dar forma a uno de los grandes entretenimientos de este primer tramo del curso cinematográfico 2026 es tan interminable como inesperadamente efectiva. Han pasado unos cuantos días desde que salí del cine y, tras reposarla como es debido, sigo sin dar crédito y eternamente agradecido de que, aunque sea una vez cada varios meses, un rayito de luz como este, que se limita a funcionar sin cambiarte la vida, invite a tener esperanza en una industria con más actividad neuronal de la que queremos creer cuando nos invade el catastrofismo.
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