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'The Imitation Game (Descifrando Enigma)', una mente maravillosa

'The Imitation Game (Descifrando Enigma)', una mente maravillosa
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El próximo 15 de enero se anunciarán las nominaciones a los Oscar y 'The Imitation Game (Descifrando Enigma)' (Morten Tyldum, 2014) es uno de los títulos que tiene prácticamente asegurada su candidatura a la estatuilla de mejor película de 2014 según la Academia de Hollywood, lo cual ha hecho que llegue a los cines españolas con la vitola del primer gran estreno de 2015 en nuestro país.

La cuestión es que cada año hay varias producciones que basan su atractivo en un prestigio que luego no termina de reflejarse de forma plenamente satisfactoria en pantalla y eso es lo que sucede hasta cierto punto con 'The Imitation Game (Descifrando Enigma)', ya que la estupenda actuación de Benedict Cumberbatch es insuficiente para convertir en una gran película a una cinta en la que reina la corrección académica y que se ve perjudicada por su aproximación excesivamente suave a los aspectos más polémicos de la vida de Alan Turing.

'The Imitation Game (Descifrando Enigma)', un héroe diferente

Benedict Cumberbatch es Alan Turing

Los biopics son algo que nunca va a pasar de moda, ya que hay infinidad de historias reales curiosas por un motivo u otro de las que el cine va a seguir alimentándose para crear obras que, por norma general, intentan vender la idea de ser cine de calidad para aquellos que no tienen demasiado interés o que quieren alejarse de los excesos de los blockbusters. Como concepto es muy atractivo, pero la realidad es que suelen convertirse en obras para el lucimiento personal de su protagonista y que el resto de elementos quedan en un segundo plano o a los que apenas se dedica el mínimo esfuerzo para que no haya nada que llame la atención negativamente.

'The Imitation Game (Descifrando Enigma)' sufre de ese mismo mal que afectó a títulos como 'Una mente maravillosa' ('A Beautiful Mind', Ron Howard, 2001), con la cual comparte muchas más cosas de las que podría parecer a simple vista, pues sus similitudes argumentales pronto encuentran eco en una puesta en escena de Morten Tyldum bastante plana y sin grandes ideas más allá de hacer todo lo posible por potenciar la actuación de Cumberbatch y dejar también algo de espacio para que una solvente Keira Knightley asuma el rol de la chica que ayuda a humanizar al protagonista. Y es una pena, porque Charles Dance y Mark Strong demuestran su talento con personajes completamente desaprovechados.

Escena de

Por desgracia, Tyldum prefiere evitar problemas en lo referente a cómo su homosexualidad afectó a la vida de Turing -al menos Howard sí que entraba con cierta profundidad en el “problema” de John Nash-, algo que únicamente explora a través de la utilización de unos tan aceptables como previsibles flashbacks y en una efectiva secuencia final que sabe a demasiado poco. Es ahí donde 'The Imitation Game (Descifrando Enigma)' muestra abiertamente su apuesta por lo políticamente correcto, perdiendo así la posibilidad de ofrecer un retrato certero de Turing y también de hacer una película que vaya más allá del mínimo exigible para parecer mejor de lo que realmente es.

Es innegable que 'The Imitation Game (Descifrando Enigma)' hace mucho mejor su trabajo a la hora de mostrarnos el proceso llevado a cabo para descifrar el código utilizado por los alemanes que la estimable 'Enigma' (Michael Apted, 2001), pero el guión de Graham Moore es una víctima más de esa profundidad superficial que aparenta mucho más de lo que realmente da, tanto en el dibujo del propio Turing -¿por qué reducir su genialidad a poco menos que un golpe de suerte en una charla de bar?- como en el de los propios hechos -¿tan insignificante fue el hecho de que hubiese un espía entre los británicos?- o de las implicaciones de lo que sucedía entonces -tienes que tener personajes mucho mejores si quieres que la II Guerra Mundial y sus consecuencias queden reducidas a meras conversaciones-.

Inadecuada corrección

Benedict Cumberbatch en

No tengo nada en contra de entrada hacia las películas en las que lo mejor con mucha diferencia es el trabajo de su protagonista, y menos si es una actuación tan estimulante como llena de matices -atentos a sus reacciones gestuales según cuándo y con quién está hablando y también a cómo modifica su tono de voz acorde a ello- como sucede en el caso de Benedict Cumberbatch aquí, pero es que 'The Imitation Game (Descifrando Enigma)' ni siquiera se toma la molestia de poner toda la carne en el asador para que su interpretación sea aún más memorable.

La sencillez formal hace que curiosamente los instantes que mejor funcionen son esos pequeños apuntes cómicos como la forma en la que Turing consigue ser nombrado el jefe de su equipo, pero no porque Tyldum haga nada en especial para potenciarlo, ya que en 'Una mente maravillosa' también era una escena ligera -la técnica de ligue del protagonista- donde todo encajaba con mayor soltura, pero al menos Howard se implicaba algo más para lograrlo. Por desgracia, en 'The Imitation Game (Descifrando Enigma)' son tan evidentes en sus intentos por fomentar la simpatía hacia el protagonista que la cosa nunca llega a surtir del todo el efecto deseado.

Además, impera una sensación de intrascendencia y superficialidad bastante preocupante, ya que 'The Imitation Game (Descifrando Enigma)' tampoco consigue crear esa sensación de urgencia de la tarea asignada a Turing y su equipo y el cómo va ganándose el favor de los demás también transmite cierta sensación de porque sí que no le hace ningún bien al conjunto. Es un poco como si la explicación y el desarrollo fueran algo simplemente necesario para llegar a los diferentes clímax dramáticos que van surgiendo y es cierto que nunca desentonan -es todo muy correcto, casi podría decirse que demasiado-, pero el relato jamás tiene la fuerza a la que aspira.

Los protagonistas de

En definitiva, 'The Imitation Game (Descifrando Enigma)' es una película apreciable en la que destaca por encima de todo el magnífico trabajo realizado por Benedict Cumberbatch, pero incluso eso se ve afectado por la tendencia de Morten Tyldum hacia esa especie de corrección académica que ayuda a que ciertos títulos transmitan una sensación de solvencia que en realidad por sí mismos no son capaces de crear, desarrollar y culminar. Ni mucho menos puedo decir que sea mala, pero sí que la recordaré por encima de todo por lo que pudo y no quiso -o supo- ser.

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