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'There Will Be Blood', la avaricia de Paul Thomas Anderson

'There Will Be Blood', la avaricia de Paul Thomas Anderson
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Cuenta Paul Thomas Anderson, genial director con serios problemas de egocentrismo, que antes de enfrascarse en el rodaje de 'There Will Be Blood', se estuvo viendo durante todas las noches 'El Tesoro de Sierra Madre', la excelente película de John Huston, en la que el personaje al que dio vida un inmenso Humphrey Bogart guarda evidentes paralelismos con el que interpreta Daniel Day-Lewis en la presente película. Una película que está obteniendo unas críticas extraordinarias y ocho nominaciones a los Oscars en la edición que se celebra el próximo domingo.

No me canso de leer por ahí que el film es una mezcla de 'Gigante' y 'Ciudadano Kane', y lo cierto es que elementos comunes con esas películas las contiene esta mastodóntica obra de Anderson. Pero las hay más con el film de Huston, y también con la obra maestra de Erich Von Stroheim, 'Avaricia', de la cual el joven realizador ha parecido apropiarse del título para consumo personal y mostrarnos todo lo que él siente por el cine. El resultado podría considerarse elogioso, si no fuera por un pequeño detalle, y que era una de las máximas de directores como Billy Wilder: No aburrirás.

'There Will Be Blood' narra la historia de Daniel Plainview, un minero pobre que a principios del siglo XX se convirtió en todo un magnate del petróleo. En Little Boston, una comunidad organizada en cierta medida por la Iglesia, comandada por un predicador avaricioso y tramposo, se sospecha que bajo la tierra hay un mar de petróleo esperando a que alguien con agallas lo extraiga. Plainview, más su hijo, se dirigirán hacia allí para aprovecharse de la situación. Pero cuanto más petróleo extraen, más corruptos se vuelven todos. Una historia con tintes bíblicos nada disimulados, aunque más que hablar de Dios, hablan del Diablo, de la maldad que existe en las personas, las fuertes y las débiles.

Pero da igual lo que Anderson nos cuenta, y que supongo también narra la novela en la que está basada ('Oil'), si Anderson lo hace para él solo, para su propio disfrute, en una operación más o menos parecida a la de su anterior película, 'Punch-Drunk Love'. 'There Will Be Blood' empieza inmejorablemente, unos diez o quince minutos sin diálogo alguno, con una sobriedad en su puesta en escena difícil de ver en estos días. Una mezcla de cine clásico, concretamente mudo, y modernidad, única, que merece el más vigoroso de los aplausos, porque nos hace sentir como pocas veces lo hemos hecho en el cine reciente: de maravilla y con la sensación de que asistiremos en las próximas dos horas a cine de altura.

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Y eso es lo que ocurre en la primera hora más o menos, para luego volverse absolutamente tediosa, reiterativa, y con una tendencia al exceso, sobre todo en lo que respecta a la interpretación de Daniel Day-Lewis, que no es que se pase tres pueblos en su composición, se pasa tres países el tío, en un papel que parece una extensión del que realizó en la infravalorada 'Gangs of New York' en la que sí estaba perfecto. Puede que como su personaje va cayendo cada vez más en una espiral de corrupción e inhumanidad, el actor acompañe dicho descenso con una exageración interpretativa de las que hacen historia. No hay más que ver la secuencia final del film, que tiene lugar en la bolera personal del personaje; éste anda encorvado poniendo más caretas que Jim Carrey en una de sus payasadas, pero resulta excesivo a todas luces, desaprovechando así una de las premisas más interesantes del guión: el enfrentamiento titánico entre los personajes de Plainview y el predicador, dos hombres de distintos métodos pero con un mismo interés, son codiciosos, sólo piensan en sí mismo, odian a todo el mundo, y en cierto modo, ambos se necesitan. Creo que Paul Dano le gana la partida, por así decirlo a Day-Lewis, y me extraña muchísimo que si éste último esté nominado al Oscar, Dano no lo esté porque se lo merece mucho más que el actor de origen londinense. Aún así, creo que Day-Lewis tiene las de ganar con respecto a sus compañeros de nominación.

Paul Thomas Anderson ha hecho una película para él solito, se ha olvidado del público, y ha tenido la osadía de aburrir a las piedras con un film de impecable factura (por ejemplo el uso de la música es extraordinario) pero de nulo interés. Todo técnicamente en ella es perfecto, pero la historia no termina de enganchar, con lo que ésta se termina resintiendo en pos de una envoltura de marcado carácter pretencioso. Con esto, un servidor ya ha cumplido con las cinco nominada a mejor película, y sinceramente no recuerdo un año más endeble que éste desde 1982, que es desde cuando yo sigo los premios más famosos del celuloide. Mientras tanto, volveré a recrearme con esa absoluta obra maestra que es 'Magnolia' en la que todo funcionaba a la perfección.

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