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'Un Instante, una Vida', Pollack y los amores imposibles

'Un Instante, una Vida', Pollack y los amores imposibles
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Sydney Pollack nos dejó hace poco, y su marcha dejó al cine americano sin uno de los realizadores más estables de los últimos años, entendiendo por estabilidad el permanecer fiel a una forma de narración clásica que a cada año que pasa va desapareciendo, quedando pocos realizadores que huyen de los nerviosos tics actuales. Otra cosa es que Pollack dirigiese buenas películas durante toda su carrera, cosa que evidentemente no fue así. De hecho, 'Un Instante, Una Vida' se enmarca en una etapa en la que tuvo cierto bajón creativo, que comenzó precisamente con este film y continuó con 'El Jinete Eléctrico' y 'Ausencia de Malicia', que sin ser malas películas están muy lejos de lo que Pollack podía ofrecer como realizador. Un realizador que siempre tuvo a su disposición grandes estrellas para dar vida a los personajes de sus películas. Sin ir más lejos, en los tres films citados, los actores son Al Pacino, Robert Redford y Paul Newman. Casi nada. Poco directores pueden presumir de haber tenido siempre a actores de primera fila.

'Un Instante, una Vida' se encuentra editada en dvd en nuestro país por la Warner (sin duda alguna, los mejores en lo que respecta a ediciones de dvd), y es vendida como un film de deportes, única y exclusivamente por que el personaje central es un consumado piloto de carreras. Nada más lejos de la realidad, pues la película es ante todo una historia de amor, protagonizada por el mencionado piloto y una mujer enferma. Ni siquiera vemos, salvo en la parte final, carreras en circuitos automovilísticos o que la mayor parte de la acción transcurra en ambientes deportivos. Eso sí, nuestro protagonista aparece en un buen número de ocasiones acompañado o a bordo de un coche, como símbolo de identidad. Es más, desde cierto punto de vista hasta podríamos considerar que 'Un Instante, una Vida' es una road movie, una de esas películas de "viajes" que no llevan a ningún sitio en concreto, pero que en cierto modo representan un viaje emocional, el de dos seres condenados a quererse dentro de un marco dramático.

Y es ahí donde una de las constantes del cine de Pollack hace acto de presencia. El director parecía enamorado, nunca mejor dicho, de las historias de amor imposibles, protagonizadas siempre por dos seres completamente opuestos cuya unión representaba la pareja perfecta. Una unión, que como en todas las grandes historias de amor del séptimo arte, debía ser truncada por los caprichos del destino. Es en ese terreno donde el director se mueve como pez en el agua, haciendo gala de una sobriedad acorde con su historia. Una historia de amor adulto, en las vidas de dos seres que parecen haberlo vivido todo ya, pero que tienen mucho que aprender el uno del otro, aunque en este aspecto carga más las tintas en el personaje masculino, quien tarda en comprender los resortes de una relación amorosa como pocas se han visto (igualito que en la vida real), y ella le servirá de guía no sólo hacia la aceptación mutua, sino hacia un conocimiento interior, en relación con la vida, del que antes no hacía gala. Al caso viene la inteligente comparación de las carreras con la vida real, de los intrincados mecanismos de un bólido, los cuales siempre tienen arreglo porque son máquinas, con el complejo universo del ser humano, en el que no cabe cosas como la lógica o la razón, debido a la desatada fuerza de los sentimientos, algo de lo que carece completamente cualquier máquina por muy perfecta que sea.

Sin embargo, y a pesar de que Pollack parece encontrarse a gusto en su drama, no las tiene todas consigo. 'Un Instante, una Vida' por momento peca de alargar demasiado algunas situaciones, aunque a algunos espectadores nos guste regodearnos contemplativamente en las imágenes de una película reposada y tranquila, quizá demasiado. Por otro lado, las interpretaciones de sus dos estrellas principales, Marthe Keller y Al Pacino, están como sus personajes, en polos opuestos. Keller, por cuyo personaje suspiraron desesperadamente actrices como Catherine Deneuve, está prodigiosa, una mujer llena de vida a pesar de su enfermedad terminal, centro de los intereses de un descolocado Al Pacino, que por mucho que hubiera participado en dos de las obras maestras de Coppola, estaba lejos de ser un grandísimo actor, algo que demostró muchos años después. El Bobby Deerfield del título original es sin lugar a dudas una de sus peores interpretaciones. El mítico actor se pasa toda la película con una cara de palo que no se la cambia ni la más dramática de las situaciones, y si no, atención a cuando su personaje se entera de algo que el espectador ya sabe, o más bien intuye, desde hace tiempo. Ni se inmuta.

'Un Instante, una Vida' es una correcta película de un Pollack que cuando se volvía precisamente correcto, no arriesgaba en demasía, quedando algunos de sus films desnudos de la intensidad de otras obras de mayor envergadura. Hija directa de los 70, refleja muy bien aquellos años, quizá la época en la que el cine, y otras artes, estaba demasiado entrañado en los lindes de la década en sí.

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