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'Una Chica Cortada en Dos', lo que nos sugieren y lo que no

'Una Chica Cortada en Dos', lo que nos sugieren y lo que no
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'Una Chica Cortada en Dos' es un maravillo título para lo que nos cuenta la última película dirigida por el veterano Claude Chabrol. Y una vez más, y como es habitual en su cine, lo hace sugiriendo más que mostrando. En el cine es mejor sugerir que mostrar, aunque evidentemente hay que hacerlo bien (Ford o Eastwood son auténticos maestros en eso), pero ¿qué ocurre cuando nos muestran más de lo debido y no hay explicación para ello? En la película de Chabrol hay que dar por sentadas algunas cosas sólo porque nos lo dicen, las aceptamos porque vemos a sus personajes actuar en base a esas cosas, pero el camino seguido hasta llegar ahí es algo que se han olvidado de mostrar, o sugerir.

'Una Chica Cortada en Dos' narra la historia de una bella joven que vive en Lyon con su madre, la cual regenta una librería. La chica trabaja como presentadora del tiempo, y mientras va recibiendop ofertas para ir escalando en la cadena de televisión, conoce a un hombre mayor, un escritor famoso, del que se enamora perdidamente. Con él, que está casado, comenzará una tormentosa relación en la que hay cabida para todo tipo de cosas, algunas de ellas innombrables. Ella está dispuesta a todo por él, sólo por amor. Mientras, un apuesto y rico joven se enamora de ella, y también está dispuesto a todo por ella.

Chabrol nos habla de las relaciones y de todo lo que se puede derivar de ellas. Desde las maravillosas sensaciones que producen, como entregarse en cuerpo y alma a una persona que te hace completamente feliz, hasta donde se es capaz de llegar por amor, aunque eso sea degradarse como persona. Tal y como dice el personaje femenino en cierto instante, no es vicio, es amor. Y ahí está uno de los aciertos de la historia, el enfocar ciertas cosas como actos de amor, y no como actos de una persona que es capaz de humillarse por ser inferior o débil (algo parecido a lo que sucedía en aquella obra maestra de nombre 'Rompiendo las Olas' ¿os acordáis de la escena en la que ella va a un barco con unos hombres?). Sin embargo, lo que queda muy claro es que ella no tiene ni la experiencia ni la inteligencia de su amante, y aunque le ama sinceramente, ella no se da cuenta de que para él sólo es un capricho (el amor también es ciego).

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Cuando la película se centra en el personaje central, interpretado por una fascinante y frágil Ludivine Sagnier, éste alcanza sus cotas más altas. La descripción de una chica primero perdidamente enamorada, y luego destrozada (partida en dos) porque ese amor no es correspondido como ella quisiera, es lo mejor de una película a ratos sinceramente brutal y a ratos algo dispersa en otras cosas. Sagnier llena la pantalla no sólo con su belleza, si no con un trabajo muy eficaz como actriz. Y aunque el resto de actores también están muy bien, es ella quien se lleva todos los aplausos, ya que carga con el personaje más interesante, precisamente por todo lo que tiene que pasar.

Chabrol nos habla también de un mundo oculto de sexo, en el que tal vez tengan lugar depravaciones producto de las personas, ya maduras, que se niegan a aceptar que están envejeciendo, y sólo ese mundo oculto de deseos y excitaciones, les devuelve a su añorada juventud. Y no sólo porque oímos en boca de alguno de ellos qué hacen en determinadas habitaciones en las que se reúnen para dar rienda suelta a sus fantasías. También queda patente, en un prodigio de sutileza, en esas escenas en las que manos surgidas de alguno de los lados del encuadre, aparecen como sensuales seres posesivos que reclaman lo que es suyo, siempre alrededor del personaje del escritor, al que da vida un excelente François Berléand, y por el que todas las mujeres parecen perder la cabeza.

Pero Chabrol también se olvida de contarnos cosas realmente importantes y que nos muestran una y otra vez. Al respecto citar la rivalidad entre el hombre mayor y el joven. Toda la película esperando una solución, algo que nos indique el porqué estas dos personas se odian, y nada. Uno incluso llega a pensar que ambos están relacionados más allá de compartir la misma mujer, pero la película no aclara nada en ese punto. Por otro lado, y en cierto momento crucial, ocurre algo realmente sorprendente, y enormemente desaprovechado: la excusa que la madre del joven rico le mete a la protagonista para que ésta interceda por él. Sea verdad, o sea mentira, está sacado de la manga, y nos lo tenemos que tragar sólo porque sí. Y para colmo, 'Una Chica Cortada en Dos' finaliza con una de las metáforas más obvias y absurdas que se han visto en mucho tiempo. Lo del truco de magia, representado a una mujer partida y renaciendo al final, es algo que sobra, no sólo por redundante, sino porque hasta ese instante el film es real y crudo como la vida misma, y de repente le da por volverse metafórico en exceso.

'Una Chica Cortada en Dos' es una película correcta, atrevida en algunos momentos, y facilona en otros. Entretiene, y hasta flirtea con el thriller en su parte final, en la que curiosamente pierde gas. Menos mal que tenemos a la Sagnier y su maravilloso rostro acompañándonos durante toda la proyección.

En Blogdecine | 'Una chica cortada en dos', fantasías masculinas

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