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'Una vida en tres días', el primer tropiezo de Jason Reitman

'Una vida en tres días', el primer tropiezo de Jason Reitman
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Hay palabras que suenan tan mal que hay que explicar muy bien su utilización para que el resto entiendan que no estás utilizándolas con un fin meramente despectivo. El caso que ahora nos interesa es el de la palabra limitado, ya que parece que cuando la aplicamos a un actor o director es que queremos decir que es incapaz de estar a la altura haga lo que haga cuando puede ser perfectamente que tenga talento, pero sólo para hacer cosas concretas y que haya querido hacer algo más allá de sus límitaciones.

La breve reflexión del párrafo anterior se debe a que 'Una vida en tres días' ('Labor Day', 2013) es la película en la que Jason Reitman deja totalmente claro que es un guionista limitado y que nunca debería haber intentado crear un guión de corte tan clásico como éste. De hecho, a punto está de destruir por completo el interés que pudiera tener su quinto largometraje tras las cámaras, de lejos el menos interesante de todos ellos.

'Una vida en tres días', insustancial e inverosímil

Los protagonistas de

Son muchos los títulos que utilizan la relación entre un criminal y un menor de edad con padre ausente --ya sea por un divorcio o porque simplemente ha fallecido antes de tiempo-- como el epicentro dramático del relato, pero más inusuales --ahora mismo he de confesar que no se me ocurre ninguna-- son aquellas que quieren ir más allá y mezclan eso con la imposible relación amorosa entre una mujer --la madre del chaval en cuestión-- y un asesino fugado de la justicia. Una trama con tantas posibilidades como peliaguda es y con la que Reitman fracasa con estrépito.

No tengo ninguna respecto a que Reitman haya optado por dar un giro a su rol como director apostando por una puesta en escena que intenta conectar con el casa vez más en desuso estilo del cine clásico --muy lograda fotografía de Eric Steelberg--, pero sí sobre que no sepa manejarlo narrativamente, cometiendo torpezas como el inadecuado uso de los flashbacks o siendo incapaz de solucionar a través de ello los múltiples errores que comete en su labor como guionista. Lógico que este año no consiguiera una tercera nominación al Oscar de mejor director.

Hasta la fecha, Reitman había rodado cuatro películas, siendo dos de ellas historias completamente originales escritas para la ocasión por Diablo Cody y las otras dos adaptaciones literarias escritas por él mismo. He de reconocer que nunca he sido uno de sus mayores fans, pero considero que los cuatro títulos tienen suficientes virtudes para destacar por sí mismas, aunque sí que se notan claras diferencias en función de quién escribió el guión. Nada realmente importante, pero sí un indicio de las dificultades que podría tener para crear algo enteramente original por sí solo.

Escena de

Reconozco que no estoy familiarizado con la novela de Joyce Maynard, así que no sé hasta qué punto los problemas del guión son una herencia del original literario, pero sospecho que las raíces emocionales de la relación entre los personajes de Kate Winslet y Josh Brolin están mucho mejor desarrolladas. Además, Reitman se muestra incapaz de ofrecernos nada nuevo, algo perfectamente perdonable si fuese capaz de dar una mayor intensidad a un relato que en todo momento transmite una molesta sensación de apatía e incapacidad para aprovechar el material que tiene a su disposición.

Sin embargo, el gran problema es que Reitman jamás consigue inyectar credibilidad alguna a lo que nos está contando, despachando con excesiva rapidez la posibilidad de utilizar a Brolin como la nueva figura paterna del niño de la casa en beneficio de una historia de amor tan insulsa e insustancial que aniquila casi cualquier posibilidad de empatía con lo que está sucediendo. La pésima utilización del chaval como cabo suelto que podría dar pie a infinidad de problemas sólo sirve para añadir escenas que pretenden ser trascendentales --las cicatrices emocionales entre él y su padre, el descubrimiento del primer amor, etc.--, pero rara vez van más allá de lo anodino.

Defectos y virtudes del reparto

Kate Winslet y Josh Brolin en

Los personajes menores de edad son uno de los mayores quebraderos de cabeza para cualquier director de casting, ya que lo más habitual es acertar a lo grande o pifiarla de mala manera. En 'Una vida en tres días' han querido limitar las posibilidades de error y han confiado en intérpretes jóvenes, pero con cierta experiencia en el mundo del cine. Una decisión lógica y comprensible, pero cuyo resultado artístico roza lo desastroso, en especial en el caso de un Gattlin Griffith incapaz de transmitir el torrente de emociones por las que atraviesa su personaje por culpa de una interpretación que no podría ser más monocorde.

Tobey Maguire también dista mucho de ser una gran elección para ejercer la función de narrador, ya que es cierto que su característica voz --algo que en España y otros países se perderá por completo por culpa del doblaje-- resulta inconfundible y aporta unos matices muy específicos a la voz en off, pero ésta nunca llega a añadir relieve alguno a la historia, tanto por su poco afortunada utilización como por el inevitable tono marcadamente neutro. Además, parece que su inclusión se debe únicamente para justificar lo que sucede durante sus, eso sí, muy efectivos últimos minutos.

La cosa cambia si nos fijamos en las excelentes actuaciones de Kate Winslet y Josh Brolin, los grandes responsables de que 'Una vida en tres días' no sea simplemente una pérdida de tiempo. Y es curioso, porque son dos intérpretes con estilos claramente diferenciados, pero que aquí encajan a la perfección, ya que la sensible fragilidad de ella y la ruda humanidad de él van amoldándose progresivamente, más por los matices que ambos dan a sus personajes --mejor él que ella, aunque ahí también tiene culpa el empeño de Reitman en dejar que Winslet se luzca-- que porque su relación esté bien desarrollada por parte de Reitman, quien prefiere que ésta evolucione de forma demasiado brusca.

En definitiva, 'Una vida en tres días' es una película que solamente merece algo la pena por sus dos protagonistas --es una lástima ver cómo un buen actor como Josh Brolin sigue sin encontrar su sitio en Hollywood, pero espero que eso cambie gracias a la esperadísima 'Sin City: Una dama por la que matar' ('Sin City: A Dame to Kill for', Robert Rodriguez y Frank Miller, 2014)--, porque por lo demás es un ejemplo perfecto para demostrar que lo que funciona sobre el papel puede no hacerlo en pantalla. Con todo, no llega a ser el desastre que sí es otro de los estrenos de esta semana.

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