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Wichita, donde se forjan las leyendas

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Hace poco asistía estupefacto al visionado de una película que bien podría haber significado un resurgir (un poco al menos) del género western: ‘Appaloosa’. Dada la enorme decepción del film en cuestión, y que veo está causando furor en cierto sector, me recluí rápidamente en casa para poder disfrutar de cine de verdad. Y ya que se trata de un western cuyo título es el nombre de un pueblo, pues nada mejor que escoger un ejemplo así. ‘Wichita’ es una de las pruebas del enorme talento que tenía Jacques Tourneur, y también uno de los westerns realizados en la década de los 50 que más influyó en el cine posterior. Varios son los elementos que vemos en la cinta, y que más tarde veríamos repetidos en otros films.

Tourneur se caracterizó, entre otras cosas, por tocar casi todos los géneros. Entre algunas de sus aportaciones al séptimo arte podemos encontrarnos con joyas del calibre de ‘La mujer pantera’, ‘El halcón y la flecha’, ‘La mujer pirata’ o ‘Retorno al pasado’. ‘Wichita’ fue realizada en 1955, cuando su reputación como director ya estaba por las nubes. Puso a Joel McCrea en la piel de Wyatt Earp, pero en un contexto distinto en el que suelen enmarcar a tan mítico personaje.

Wyatt Earp es parte integral del universo del western. Sus hechos, convertidos en leyenda, han influenciado en la mirada de un género que ha encontrado parte de su encanto en el perfil de este tipo de personajes. Earp representaba al hombre justo, cuya destreza con el revólver le llevaría a ser enormemente respetado y temido, lo cual le ayudaba en su administración de la justicia. Casi siempre en el cine, a Earp se le ha hecho protagonizar el mítico duelo en el O.K. Corral (servidor se queda, de entre todas las películas filmadas al respecto, con ‘Pasión de los fuertes’ que John Ford dirigió en 1946). En ‘Wichita’, Earp protagoniza acontecimientos anteriores al citado, no menos peligrosos, y que sin duda ayudan a forjar la leyenda.

Earp llega a Wichita con la intención de abrir un negocio para ganarse la vida. Después de que unos ganaderos, tras correrse una juerga, se aprovechen del pueblo, destrozando todo lo que encuentran a su paso, y Earp los ponga en cintura, le ofrecerán a éste ser el sheriff de Wichita. Muy pronto, las personas más influyentes de la ciudad empezarán a mostrar su desacuerdo con la forma en la que Earp hace cumplir a rajatabla la Ley, preocupándose éstos por el futuro económico del pueblo, el foco más importante de distribución de carne de ganado, gracias sobre todo a la llegada del ferrocarril.

Es ‘Wichita’ una película que habla de la justicia, y de un tipo de hombres que en tiempos del salvaje Oeste ayudaron a hacerlo menos salvaje. Justicia vista dependiendo del punto de vista de varios personajes, cuyos valores en la vida no son, evidentemente, los mismos. Por un lado, los ganaderos que no consideran que recorrer un pueblo a galope, mientras borrachos disparan contra todo lo que se mueve, sea algo por lo que les tengan que pedir cuentas. Wyatt Earp es el hombre justo y recto, que ve necesaria la aplicación de la justicia siempre y cuando las cosas se desmadren, o haya amenazas de algún tipo. A otro lado tenemos a los importantes hombres de negocios que, con tal de llenarse los bolsillos, son capaces de obviar hasta muertes o llegar hasta extremos impensables. Puede mirarse como la típica historia de buenos y malos, pero con una interesante gama de matices en lo que respecta a las razones de cada uno de los personajes. Cada uno de ellos está perfectamente perfilado, y cada situación ejemplarmente expuesta.

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Tourneur realiza una exquisita puesta en escena, marcada con un uso llamativo de los colores, reflejo de un mundo en expansión (excelente la utilización del formato scope). Consigue además manejar muy bien el tempo narrativo (hablamos de una de esas ejemplares películas en las que nos narran todo muy bien en 80 minutos), permitiéndose el lujo de ofrecernos un par de momentos planteados como si de un film de suspense se tratase. Son éstos instantes en los que ‘Wichita’ se vuelve muy violenta, pero se trata de una violencia contenida, a punto de explotar, y que provoca en el espectador una tensión inesperada. Sirvan como ejemplo las escenas en las que Earp se enfrenta sólo a un grupo de hombres (escena precisamente homenajeada en ‘Appaloosa’ con resultados lamentables), o aquella en la que llegan a la ciudad dos hombres contratados para hacer frente a Earp.

En el campo interpretativo tenemos como estrella principal a un actor nunca bien considerado, y sin embargo era capaz de marcarse performances de poderosa intensidad: Joel McCrea. En ‘Wichita’ da vida a un Wyatt Earp perfecto, un hombre imperturbable, con una mezcla de dureza y cortesía que le hacen ser impredecible. Y aquello que no sabemos sobre él, y que nos llama la atención, es mostrado sutilmente en boca de un personaje secundario, un periodista que ayudará a vestir la leyenda de Earp, maravillando al mundo con sus historias (Eastwood haría algo similar en su laureada ‘Sin perdón’). Vera Miles se ocupa de dar vida a la mujer que robará el corazón de Earp, y quizá sea éste uno de los puntos flojos del film, al dejarlo todo en manos de los tópicos. Lloyd Bridges, muy lejos de las tonterías que hizo muchos años después, y el característico Jack Elam, forman parte de un plantel de secundarios muy bien elegidos.

‘Wichita’ está disponible en dvd por Creative. Lamentablemente no viene preparada para televisores panorámicos, y los amantes de la versión original subtitulada lo tienen crudo. No entiendo esa manía, únicamente española (la cantidad de títulos maltratados darían para un extenso post), de no editar algunas películas como deberían. Sea como fuere, es un título imprescindible dentro de la historia del Western, y que hizo/hace/hará las delicias de todo aficionado.

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