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Blake Edwards nos ha dejado

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No soy creyente, pero si en algún sitio existe algo parecido al cielo, o hay algo después de la segura muerte, no me queda la más mínima duda de que los dos cachondos de la fotografía, Peter Sellers y Blake Edwards, estarán pasándoselo en grande, con sus típicas monerías y chistes, haciendo reír a carcajada limpia a quien se encuentre con ellos.

Edwards falleció el pasado miércoles a la edad de 88 años debido a una fuerte neumonía. Tras el fallecimiento de muchas personalidades del cine, cuyas noticias hemos ido dando a lo largo de las últimas semanas, haciendo incluso bromas sobre ello, la marcha —siempre me ha parecido el verbo más adecuado cuando alguien se muere— de Edwards supone un duro golpe para muchos cinéfilos, y eso que, para quien esto suscribe, el director natural de Oklahoma, firmó su última gran película en 1982, ‘¿Víctor o Victoria?’ (‘Victor Victoria’), sofisticada comedia con una imapagable Julie Andrews, esposa del realizador, en un divertido y complejo papel.

Antes de eso, tenemos que remontarnos hasta 1959, cuando Edwards, que había trabajado en la televisión y dirigido unas pocas películas de nula trascendencia, consigue un enorme éxito con la divertida ‘Operación pacífico’ (‘Operation Petticoat’) con Cary Grant y Tony Curtis, comedia sobre la batalla de sexos y un submarino de por medio, que da lugar a gags antológicos. Dos años más tarde realiza la memorable ‘Desayuno con diamantes’ (‘Breakfast at Tiffany´s’), basada en la novela de Truman Capote, con la maravillosa Audrey Hepburn, y que inmortaliza dos cosas: la famosa joyería de Nueva York, tanto que es una de las visitas obligadas en dicha ciudad, y la canción ‘Moonriver’, obra de Johnny Mercier y Henry Mancini, compositor habitual en las cintas de Edwards.

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En 1963 logra un taquillazo con ‘La pantera rosa’ (‘The Pink Panther’) por la que el personaje de el Inspector Cluseau, al que da vida Peter Sellers, alcanza una gran popularidad provocando una larga saga que cada vez fue a menos, y que curiosamente representa la despedida del cine de Edwards con la lamentable ‘El hijo de la pantera rosa’ (‘Sonk of the Pink Panther’) en la que un penoso Robert Begnini intenta sustituir a Sellers. Personalmente recomiendo las tres primera secuelas de la serie: ‘El nuevo caso del Inspector Clouseau’ (‘A Shot in the Dark’, 1964), ‘El regreso de la pantera rosa’ (‘The Return of the Pink Panther’, 1975) —a mi juicio la mejor de toda la saga—, ‘La pantera rosa ataca de nuevo’ (‘The Pink Panther Strikes Again’, 1976).

Con Peter Sellers el director alcanzaría su cota más alta con la hilarante ‘El guateque’ (‘The Party’, 1968), probablemente la comedia más redonda de su autor, aquella en la que quedan perfectamente resumidas todas sus cualidades como director de comedias, rizando el rizo hasta límites inimaginables y elevando el humor absurdo a lugares sólo explorados por los hermanos Marx. Peter Sellers se coronaba con un personaje que recordaba a Clouseau por su torpeza. Es una pena que Edwards perdiese su mano en films como el último de su saga más famosa o ‘Una rubia muy dudosa’ (‘Swicth’, 1991), que a pesar de todo contiene una excelente interpretación de Ellen Barkin y algún que otro brillante diálogo. Aún así, poco que ver con el director de film tan famosos como ‘La carrera del siglo’ (‘The Great Race’, 1965), divertido y muy defendido por el público, pero también demasiado largo.

Pero Edwards también tuvo su lado serio. En los años setenta se atrevió con los thrillers ‘Diagnóstico: asesinato’ (‘The Carey Treatment’, 1972) y ‘La semilla del tamarindo’ (‘The Tamarind Seed’, 1975), con resultados más bien fallidos, al menos desde un punto de vista artístico. Todo lo que Edwards nos hizo reír con sus comedias quedó equilibrado en cierto modo con la extrema dureza de una película como ‘Días de vino y rosas’ (‘Days of Wine and Roses’, 1962), para el que suscribe la mejor película que se ha hecho sobre el alcoholismo, con unos terroríficos Jack Lemmon y Lee Remick, sumergiéndose en el infierno del alcohol.

Hasta siempre Blake. Esta misma semana me reencuentro con Hrundi V. Bakshi.

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