Durante una década Winx Club tuvo su propio Disneyland a 40 minutos de Roma. Ahora le han dado una segunda oportunidad

En 2018 pasó por un lavado de cara completo

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Miguel Solo

Editor

Durante los años dosmil, a Iginio Straffi llegó a considerársele el Walt Disney italiano. Junto con su estudio Rainbow, el animador logró hacerse con un pequeño imperio de fantasía juvenil. Su joya de la corona era 'Winx Club', un grupito de brujas adolescentes en un universo de fantasía que conquistó en Italia e internacionalmente, llegando a inspirar una adaptación live-action de Netflix. Claro que para ser Walt Disney de verdad, lo que necesitaba era un parque de atracciones.

En 2011 el sueño de Straffi se hizo realidad. Rainbow Magicland era su propio Disneyland. Un parque de atracciones localizado en Valmontone, a unos 40 minutos en coche desde Roma, que se convertiría en el hogar del estudio y se llenaría de atracciones y espectáculos basados en las Winx, Huntix o Monster Allergy.

Winx

Su versión del castillo de la Cenicienta era el Castillo de Alfea, construido para tener exactamente el mismo aspecto que el de la serie de animación, y alrededor del cual se veía a actrices caracterizadas de las brujas protagonistas. En total el parque se componía de 38 atracciones inspiradas en las diferentes franquicias, de grandes montañas rusas a splash acuáticos. La atracción más querida era Pianeta Winx, una dark ride que llevaba a los visitantes a diferentes localizaciones de la serie.

Pese a que Rainbow estaba en el nombre y el estudio de animación vestía cada hueco del parque, lo cierto es que el sitio nunca le perteneció. El estudio era propietario de un 10% de las acciones y había cedido la licencia solo para unos diez años. El parque tuvo una buena acogida en sus inicios, pero una vez se pasó la novedad le costó mantener el ritmo que un negocio así demanda. En 2018 Pillarstone Italy se hizo cargo de la inversión total, y Straffi se fue por completo del proyecto.

El rebranding del rebranding

Con la marcha de Straffi y su marcas, el parque empezó a desmantelar todo lo relacionado con el estudio Rainbow, incluido por supuesto cualquier relación con las Winx. Lo que antes había sido el Castillo de Alfea se convirtió en un planetario, y el parque comenzó una segunda etapa como Magicland. Mantenía la estética de fantasía pero optando por personajes y ambientación de marca blanca.

Hasta el año pasado aquello parecía el fin. Pero fue entonces cuando el parque volvió a dar otro giro, aprovechando el reboot de las brujas, Magicland recuperaba la vieja dark ride y la renombraba Magic Winx, esta vez con una estética más acorde a la nueva animación de la serie. No es la vieja vuelta a lo grande que los fans necesariamente querrían (el reboot CGI de hecho ha causado reacciones muy negativas), pero si funciona podría ser el principio de recuperar una relación más estrecha del parque con la saga.

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