Supone un gran desafío plasmar en pantalla una época de la historia de la que apenas quedan artefactos de referencia. En 2013, la diseñadora de vestuario Joan Bergin quiso subirse al carro de 'Vikingos'. Tras su galardonado paso por 'Los Tudor' tenía ocasión de enfrentarse a una serie más compleja, y durante seis temporadas dio su visión del look vikingo, vistiendo a personajes como Ragnar o Lagertha.
Claro que es una serie como Vikingos hay momentos en los que no tienes a dos o tres actores que vestir sino a cientos. Es aquí donde la serie necesitaba una mano y donde contaban con Sastrería Cornejo, un negocio madrileño que lleva abierto desde 1920 y que se metió de lleno en el mundo del cine en los años sesenta.
Fue entonces cuando llegaron a España las producciones de Samuel Bronston y necesitaban vestuario para películas como 'El Cid' o 'La caída del Imperio Romano'. En 1965 su proyección se hace internacional cuando en colaboración con la diseñadora Phyllis Dalton recibe el Oscar a mejor vestuario por 'Doctor Zhivago', y su expansión continuó en los 2000 con cintas como 'Gladiator' y 'Piratas del Caribe'.
En la pasada década Sastrería Cornejo sumaba a su extenso catálogo 'Juego de Tronos', serie que volvería a relanzar la popularidad del negocio y sobre la que Humberto Cornejo, actual presidente y nieto del fundador admitía que "desde el punto de vista publicitario y de trascendencia ha sido un antes y un después". Es el trabajo en 'Juego de Tronos' lo que probablemente atraería a Bergin y su equipo a dos años más tarde querer contar con sus prendas para 'Vikingos'. En un reportaje para El Mundo, Cornejo admitía que las mismas piezas habían sido usada en ambas series, si bien "montadas diferente".
Era desde luego un punto más de comparación entre ambas series en una época en la que 'Vikingos' y 'Juego de Tronos' salían a menudo en la misma conversación. Pero mientras la serie de HBO fue celebrada por su vestuario de fantasía, ganando numerosas veces el premio a mejor vestuario, 'Vikingos' fue ignorada sistemáticamente en los premios. Quizás le llegaron a la academia las críticas de los historiadores, que admitían que si bien eran bonitas, las ropas de la serie no eran demasiado fieles a los recuentos históricos.
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