Quentin Tarantino por fin se ha quedado a gusto por varios frentes. Por un lado, se ha vengado de que Harvey Weinstein le forzase a partir sus dos partes de ‘Kill Bill’ para darle una mayor viabilidad comercial, ya que estrenar más de cuatro horas de acción violenta y mezcolanza de artes marciales y western era una empresa kamikaze.
Por otro, ya tiene la posibilidad de hacer oficial a nivel de su propio canon que esta es “la cuarta película de Quentin Tarantino” y no la cuarta y la quinta, dejando todavía margen para hacer la décima y final con la que retirarse, en su cabeza, de manera grande. Un reglamento estricto que, por supuesto, sólo le importa a él.
Cabe preguntarse si vale la pena este esfuerzo, además dirigido hacia una de sus películas más queridas por la cinefilia. Aunque lo cierto es que ‘The Whole Bloody Affair’ lleva atrayendo interés y culto a su alrededor por haber permanecido en la clandestinidad. Ahora que lo podemos disfrutar en cines se puede entrar en harina de si la experiencia vale la pena con respecto a ver del tirón los dos volúmenes, entrando en las principales diferencias que hay en este supuesto montaje definitivo.
A continuación spoilers de ‘Kill Bill: The Whole Bloody Affair’
Venganza animada
Las modificaciones más evidentes se encuentran en lo que sería la primera mitad del relato. La más significativa es una extensión de todo el capítulo realizado en clave de anime para contar el pasado vengativo y ultraviolento del personaje de Lucy Liu, mostrando otra pelea nueva y más exagerada contra uno de los asesinos de sus padres.
No sé hasta qué punto es controvertido decirlo, pero el segmento de anime siempre quedó más flipado que molón, que es siempre el riesgo con el estilo Tarantino. Extenderlo juega ligeramente en contra de una película que siempre manejó bien el alambre, además de que tiene un pequeño regusto a turisteo por esta forma de animación, que puede hacer esta clase de violencia de manera más impactante y narrativa.
Sangre a todo color y más miembros cercenados
Hablando de extender, la famosa batalla a katanazo limpio en la Casa del Blues de la novia de Uma Thurman contra los Crazy 88s también se extiende con más insertos de matanza. Nada especialmente notable, al menos no tanto como el hecho de que en ‘The Whole Bloody Affair’ por fin podemos ver toda la secuencia a pleno color, en lugar de modificada a blanco y negro para esquivar la condena de los mecanismos censores de Estados Unidos.
Se pierde ese pequeño toque de cine samurái clásico, pero ya lo tenemos cuando más tarde se enfrentan Thurman y Liu en otro escenario. Ver toda esta brutal pelea en todo su esplendor hace más justicia a ese diseño de producción y esas coreografías, más legibles gracias al increíble trabajo de fotografía de Robert Richardson.
Un descanso para recuperar fuerzas
A pesar de la gran promesa de experimentar las dos películas como una, evitando el trámite de pasar de una a otra, por ejemplo, cambiando de disco que poner en el reproductor, ‘The Whole Bloody Affair’ termina haciendo una importante concesión: un interludio de 15 minutos para recuperar fuerzas.
Desde un punto de vista teórico, termina no siendo muy distinto de hacer el cambio manual en casa, y casi quita un poco de gracia al experimento de tener un montaje único. No falla del todo, porque es una transición que siempre fue pertinente, al ser el primer volumen más orientado hacia el cine de acción asiático y el segundo volumen de tono más western. Una pausa ayuda a apreciar ese cambio tonal que no es drástico, aunque si significativo.
Adiós resumen
Al tener las dos partes juntas, se hace innecesario hacer un repaso de lo experimentado. Es por ello que cuando empieza la segunda parte de la película ya no tenemos la introducción del volumen 2 donde Uma Thurman nos refresca un poco lo sucedido, pasando directamente a la secuencia de la matanza en la capilla de El Paso.
Por otro lado, también se modifica parte del final de la primera mitad, al eliminar la frase cliffhanger donde David Carradine revela al público que la hija de La Novia sigue viva. También nos muestra como Thurman corta un segundo brazo al personaje de Julie Dreyfuss, porque seguro que más de uno se quedó con la intriga. Todos estos cambios funcionan a favor.
El epílogo, o capítulo perdido
Ahora el cambio de mayor importancia. Tras los créditos, Tarantino se da el gusto de recuperar lo que siempre consideró como “el capítulo perdido” de ‘Kill Bill’, con la novia teniendo que continuar en California el enfrentamiento en Japón con la hermana de Gogo acudiendo para ejecutar su propia venganza. No sólo lo incluyó en la película, sino que Tarantino lo estrenó también en el videojuego ‘Fortnite’, motivo por el cuál este segmento está animado por Epic Games siguiendo la estética del juego.
No es sólo el look lo que se replica, sino que también hay personajes del juego y también mecánicas como el uso de pociones para llevar a ‘Kill Bill’ a ser una extensión del videojuego. Es una decisión horripilante por varios motivos, empezando porque el enfrentamiento entre La Novia y Yuki no deja de ser un remake de la interacción de la primera con Gogo, pero hecho con una animación absolutamente espantosa y con un tono que no conecta lo más mínimo con nada de lo que se ha visto anteriormente. Tampoco añade nada al personaje o al diálogo sobre la venganza que mantiene la película, sólo estupor y horror. La peor decisión de todo este proyecto.
En Espinof | Las mejores películas de 2026
En Espinof | Las mejores películas de acción de la historia
Ver 0 comentarios