'West Side Story': Steven Spielberg y Janusz Kamiński hacen confluir presente y pasado en un musical excepcional
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'West Side Story': Steven Spielberg y Janusz Kamiński hacen confluir presente y pasado en un musical excepcional

No deja de sorprenderme que, en estos tiempos de estrenos mediáticos, campañas multimillonarias y franquicias descontroladas, haya que reivindicar ya no sólo sorpresas inesperadas lanzadas sin hacer ruido o a cineastas emergentes que permanecen con un perfil bajo pese a atesorar talentos indiscutibles. Ahora, parece que también se necesite alzar la voz a favor de grandes figuras como Martin Scorsese, cuya 'El irlandés' quedó sepultada por toneladas de memes y el uso del CGI; Ridley Scott, cuya 'El último duelo' ha caído rápidamente en el olvido; o un Steven Spielberg que ha visto desaparecer su último largometraje bajo las tupidas telarañas de Sony y Marvel.

El Rey Midas de Hollywood —si ha recibido este apodo no ha sido, precisamente, por casualidad—, a través de cinco décadas de carrera, ha convertido la narración audiovisual en magia y éxitos cultivando todos los géneros, tonos y registros imaginables. Ha triunfado, por poner algunos ejemplos, al aproximarse al cine de aventuras más refrescante e icónico, al desgarrar corazones con los dramas históricos más duros y humanos o al sumergirnos en el fragor de la guerra en clásicos bélicos instantáneos; pero aún le quedaba una espina clavada: el musical.

Con su 'West Side Story', Spielberg ha revitalizado, hipervitaminado y supermineralizado el clásico de Broadway que ya adaptaron Robert Wise y Jerome Robbins —creador del concepto original—; y lo ha hecho manteniendo intacta hasta la última gota de su esencia y base narrativa y, al mismo tiempo, actualizando su contenido, matices, temáticas y forma a los tiempos que corren. El resultado, como no podría ser menos, se ha traducido en 156 minutos de cine excepcional y emociones a flor de piel en los que confluyen dos épocas bajo el manto de la simple y llana excelencia.

Presente y pasado

Resulta, cuanto menos, curioso —si no preocupante— que los cimientos sobre los que se construyeron 'West Side Story' hace alrededor de siete décadas continúen estando tan vigentes en pleno 2021. El conflicto racial, migratorio e identitario que ensombrece el romance de Tony y María se extiende más allá del marco neoyorquino —de hecho, que este mismo año se haya estrenado la magnífica 'En un barrio de Nueva York' no es una simple coincidencia—; pero este es sólo uno de los muchos nexos de unión entre presente y pasado que se encuentran en la película.

Steven Spielberg, junto al guionista Tony Kushner han renovado el libreto de Ernest Lehman adecuándolo a las sensibilidades actuales, lo cual empieza por la representación de los personajes, en la que los miembros de los Sharks ganan un mayor peso frente a la dominancia de los Jets en la versión de 1961. Además, se ha proyectado un nuevo ángulo sobre el personaje de Anybodys —interpretado por el intérprete no binario Iris Menas—, y se han redimensionado la delicada última escena de Anita y piezas como 'Gee, Officer Krupke', mucho más significativa sobre las problemáticas sociales de la época.

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Aunque el gran lavado de cara de 'West Side Story' ha llegado por su vertiente formal, que evoca la era dorada de la Meca del cine a través de una nueva colaboración para el recuerdo entre el director y su DOP de cabecera Janusz Kamiński. El polaco ha fotografiado el filme en 35mm, tratando el color, la suavidad de las texturas en la piel de los actores y la halación de las luces altas de un modo que nos proyecta setenta años atrás y que, combinado con un diseño de producción descomunal y un tratamiento de la cámara marca —libre y casi mágica— de la casa, redondean un espectáculo de primerísima categoría.

A todo lo mencionado hasta el momento habría que sumar un reparto en el que Rachel Zegler —tremendo descubrimiento— y Ansel Elgort —de nuevo, retrotrayéndonos al pasado con su porte de estrella clásica— destacan sobre sus igualmente inspirados compañeros, y que enriquece unos números musicales agraciados por unos avances tecnológicos que llevan un paso más allá lo que ya era casi perfecto.

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Lo que sí ha continuado intacto —y, aún así, atesorando un nivel de calidad estratosférico— son las letras de Stephen Sondheim, la eterna música de Leonard Bernstein y una historia imperecedera de naturaleza shakespeariana que encuentra en su sencillez su mayor virtud y que no ha necesitado cambios radicales para continuar siendo efectiva; tan sólo de una combinación precisa de tragedia, drama, romance, pequeñas dosis de humor y un corazón inmenso.

Pese a su lavado de cara, dudo mucho que 'West Side Story' vaya a atraer a las salas de cine al público más joven —de hecho, el musical no es un género demasiado amigo de la taquilla—, pero no tengo ninguna duda de que, quienes se aventuren a sumergirse en su añejo y, a la vez, novedoso universo, van a quedar totalmente enamorados de una joya como las de antes que sólo podría haberse firmado ahora.

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