Desde su primera escena, la película 'Diamantes en bruto' ('Uncut Gems') es como si fuera una descarga constante de estímulos, voces, conflictos y decisiones erróneas que se encadenan. En todo momento deja claro que no va a ser una experiencia cómoda, sino una inmersión total en el caos.
Los cineastas Benny y Josh Safdie (director de la recién estrenada 'Marty Supreme') convierten el estrés en motor narrativo y retratan un Nueva York asfixiante donde todo el mundo quiere algo de ti y nadie espera. No es solo un thriller, es un retrato despiadado de la obsesión, la adicción al riesgo y la mentira que uno se cuenta para seguir adelante un día más.
Vive del ruido y la tensión
Howard Ratner es, sin exagerar, uno de los personajes más insoportables y fascinantes del cine reciente. Adam Sandler ofrece aquí una de las mejores interpretaciones de su carrera (si no es la mejor), alejándose por completo de la comedia cómoda para construir a un tipo incapaz de frenar, siempre al borde del colapso.
Por otro lado, la puesta en escena de los hermanos Safdie es puro nervio: diálogos que se pisan, música electrónica hipnótica, cámaras que se acercan demasiado y un montaje que no da tregua. Todo está pensado para que el espectador sienta la misma ansiedad que su protagonista, que está atrapado en una espiral de deudas, apuestas y falsas esperanzas.
Más allá del crimen y las apuestas, 'Diamantes en bruto' habla de la fe ciega en el golpe perfecto, en esa jugada que lo arreglará todo. Howard no persigue solo dinero, persigue la validación, la sensación de que el universo le debe una. Y esa idea tan autodestructiva es lo que hace que la película sea tan incómoda y potente.
'Diamantes en bruto' no es para relajarse ni para verla de fondo. Es cine que exige atención, que incomoda y que se queda contigo mucho después de terminar. Justamente por eso hay que verla. La tenéis para ver en Netflix.
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