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David Fincher: Mundo de Tinieblas

David Fincher: Mundo de Tinieblas
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Después de hablar del mejor director de Sci-Fi de la historia, comenzamos a analizar la carrera de uno de los realizadores norteamericanos más importantes de la actualidad, uno de los pocos cineastas vivos de su país que aúna una personalidad propia e intransferible, que ha ido madurando de manera evidente y veloz a lo largo de los años, bastantes éxitos económicos (aunque también algunas importantes dificultades con los estudios) y una influencia plástica evidente en directores compatriotas suyos y foráneos, que se alimentan (y al mismo tiempo le alimentan) de esa formulación visual realmente única que Fincher ha sabido pulir de excesos retóricos.

David Fincher es un director hijo de su tiempo. La influencia que en su imaginería han tenido los cómics, el cine negro oriental, los videojuegos oscuros, y sobre todo los videoclips, es más que evidente. En esta última disciplina él destacó de forma notable, con una actividad frenética como director de videos musicales sobre todo en la segunda mitad de los años 80. Y es que los vídeos musicales han sido el aprendizaje, el 'mundo corto', de una generación de directores norteamericanos y europeos, de entre los cuales muy pocos han dado el salto al largometraje con solidez y buenos resultados, si bien los que lo han conseguido son algunos de los directores jóvenes más interesantes del panorama actual. Estos directores, como el propio Fincher, significan un puente entre el (cuestionable) clasicismo norteamericano y el cine contemporáneo.

Este director, nacido en Denver hace 46 años, es un tipo con las ideas muy claras desde muy joven: ser un cineasta destacado costara lo que costase. Cuando a los 17 años se enteró de que muy cerca de su casa vivía George Lucas, no dudó en darle la paliza durante meses hasta que consiguió un empleo como asistente de cámara en miniaturas para 'El retorno del Jedi' y como encargado de la fotografía de las pinturas mattes en 'Indiana Jones y el templo maldito', para a continuación fundar su propia compañía (con 24 años) Propaganda Films y llegando a dirigir los videos musicales de los músicos más influyentes de su país, como Rolling Stones, Paula Abdul, George Michael, Aerosmith o Madonna (para la que dirigió un vídeo, 'Express Yourself', que homenajeaba sin complejos el 'Metropolis' de Fritz Lang).

Pero por supuesto nada de esto hacia presuponer que desarrollaría una personalidad como director relevante y muy notable, sin duda uno de los más complejos y sorprendentes del actual cine norteamericano, tanto por la variedad y profundidad de sus temas, como por el estilo y el riesgo (no siempre calculado) conque aborda sus filmes. Siete largometrajes (el séptimo, 'The Curious Case of Benjamin Button', llegará muy pronto a las pantallas de todo el mundo) que ofrecen una radiografía sutil, generosa y sombría sobre la sociedad norteamericana, que exploran en la medida de sus posibilidades las hipocresías y falsas apariencias de la realidad cotidiana, y que sobre todo son un muestrario de los miedos colectivos, emocionales y psicológicos, que atenazan nuestra libertad individual. En sus mejores trabajos Fincher sorprende por su arrojo y su perspicacia, con personajes que observan los errores y terrores de la sociedad desde posiciones privilegiadas, y que terminan inmersos, quieran o no, en la locura que les rodea.

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En 'Alien 3' Ellen Ripley comienza el relato de la tercera parte de sus aventuras como una marginada a la que obligan a integrarse, a deshumanizarse, y es una especie de profeta que conoce el terror que les amenaza a todos; en 'Se7en' David Mills y William Somerset son unos privilegiados, pues se adentran en el horror sin correr verdadero peligro... hasta el mismo final; en 'The Game' Nicholas Van Orton vive por encima de la sociedad hasta que se ve inmerso en un juego que es una telaraña interminable y que le obligará a bajar a la tierra; en 'Fight Club' Tyler Durden (y su verdadera personalidad) desean sin embargo sentir de nuevo emociones intensas, aunque eso ponga en peligro su integridad física; en 'Panic Room' Meg Altman quiere protegerse de sus miedos, pero ni siquiera una habitación impenetrable puede hacerlo; en 'Zodiac' Robert Graysmith, David Toschi y Paul Avery quieren desentrañar el indescifrable enigma que supone un asesino en serie, y cuanto más lo intentan más alejados de la verdad están.

Todos ellos habitan en el Mundo de Tinieblas de David Fincher, un mundo reconocible por la atmósfera personalísima que respiran sus películas. El miedo, el horror, la muerte, la mutilación, la locura, acechan a estos personajes a la vuelta de la esquina, y terminará cambiando sus vidas, quieran internarse en ese mundo o no. De poco sirven sus millones, sus habitaciones acorazadas, sus armas, su inteligencia, su fuerza de voluntad, incluso su aceptación de las normas del caos. Todos ellos acaban sucumbiendo, y la mayoría de las veces por los propios errores, como la desconfianza, la ira o los actos nobles pero inapropiados. Fincher ni les juzga ni les echa una mano. Sí que siente compasión por ellos y sus defectos, y a menudo les ofrece la posiblidad de redimirse en un último acto definitivo: arrojarse a las llamas en sacrificio, reducir a escombros edificios financieros, lanzarse al vacío del olvido, rozar solamente la certeza de haber encontrado al asesino, vengar a la mujer asesinada o volver a buscar piso.

Los personajes de Fincher abandonan a la fuerza sus roles preestablecidos, y se convierten en algo que quizá jamás imaginaron. La piloto y aventurera espacial (a su pesar) se convierte en falsa reclusa, el policía se convierte en asesino, el millonario en indigente, el oficinista se convierte en anarquista, la yuppie en guerrera, el dibujante de tiras cómicas en investigador criminal. Las dificultades que rodean a estos caracteres les obligan a cambiar, a volverse otra persona. Las seguridades desaparecen, ante la inminencia de dificultades que les colocan en situaciones límite. ¿Quiénes somos realmente? ¿Cómo vamos a enfrentarnos a nuestros miedos si ni siquiera sabemos quiénes somos? Sólo abandonando las normas (sociales y personales) tenemos una oportunidad frente al horror.

Iremos desgranando, película a película, la trayectoria de este hombre de cine.

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