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La magia del cine

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Demasiadas veces he oído esa frase, y lo cierto es que, sincerándome con los lectores y hablando en plata, me parece una soberana memez. Creo que en este circo demencial que es el cine (y cada día más circo, y cada día más demencial) eso de los lugares comunes (que si la “magia del cine”, que si la “edad dorada” del cine, que si “el glamour”, que si “el rey midas”, que si “la meca del cine”, que si el “cine clásico”, que si el “séptimo arte”, que si tal y que si cual) es una de las cosas que más daño han hecho al cine, ese “arte” en tan manifiesta inferioridad respecto a la literatura o la música. Bueno, eso y que los fanáticos más grandes los he conocido en lo que respecta al cine, nunca tan coléricos o fervorosos en cuanto a temas musicales, o en cuanto a libros. Lo que son las cosas. Pero me voy por las ramas.

Vamos a hablar un poco de lo que representa la magia del cine para aquellos a los que les he escuchado o leído la expresión (no voy a especular ahora con lo que piensa “la mayoría”, creo que sería un error), y luego hablaremos de lo que representa la magia del cine para mí. Cuando entre los interlocutores, o los redactores de un texto en un periódico, o los comentaristas de algún post de Blogdecine, o de algún artículo de algún otro medio digital, o entre los miembros de alguna tertulia, mencionan “la magia del cine”, creo que estaremos de acuerdo, lector, en que hablan de la especial capacidad del cinematógrafo para llegar a una gran masa de espectadores de forma más directa, más rápida y más esencial que el resto de las artes hasta ahora inventadas. Por supuesto, también se refieren a que el cinematográfo, mucho más que cualquier otro invento del siglo XX, ha cambiado la forma de ver el espectáculo en público o en privado. Esa magia, en particular, me parece indigna de tal nombre.

Seamos francos, cuando algún amigo, conocido, acompañante o lo que sea, nos habla de la “magia del cine”, habla de colorines, de efectos digitales, de escenarios grandilocuentes, de una animación infográfica que nos deja alucinados. En definitiva: de un aparato audiovisual pasmoso, como el que ahora nos ofrecen muchos productos que no sólo son películas, a lo mejor también videoclips, videojuegos, videoarte, animación abstracta. Todo ello muy respetable, en verdad. Pero como esto es Blogdecine, hablemos de cine. La magia del cine se identifica sobre todo con la fantasía que el cine es capaz de poner ante los ojos del espectador. Porque el cine es, ante todo, para casi todas las personas que conozco, una evasión de su vida, una vía de escape a esta locura de trabajo, estrés, frustraciones y aburrimiento. La magia del cine también consiste en esa vida de lujo que llevan algunos actores y directores, “estrellas” las llaman. Sin duda el cine es algo superficialmente atractivo, lujoso, divertido, ameno y elaborado para que la humanidad “se distraiga” los fines de semana.

Pero…

Pero voy a dar mi punto de vista, porque para algo me estoy currando este artículo y para algo puedo hablar aquí. Cuando hablo de mis ideas doy al lector una fuerte dosis de mí mismo, en la ingenuidad de que eso es lo que esperan de mí: la magia del cine, a mi modo intransferible de ver, tiene muchísimo menos que ver en lo que a fantasía se refiere, y muchísimo más en cuanto a lo que significa de despertar de la conciencia y la negación de la soledad, de la capacidad de escuchar y de comprender, y del altísimo valor que representan y que contienen. El arte, en mi opinión, es arte cuando habla de tí mismo, no como miembro de una comunidad mucho más amplia, aunque también, pero sobre todo como criatura individual. Eso tiene mucho más que ver con la supuesta “magia del cine”.

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El cine ha redimido al hombre de la tragedia de la incomunicación. ¿Cómo será que un director, el cual muchas veces pertenece a un país y una cultura muy diferentes, un director que se dedica a hacer, cuando es un director de verdad, lo único que sabe hacer por el mero hecho de que no tiene otra salida, toca lo más profundo de tu ser cuando para él eres algo abstracto, o simplemente no existes? Sin embargo, no se sabe cómo, esa película en particular, a pesar de haberse realizado a cinco mil kilómetros de distancia, habla de tu doloroso pasado, de tu fugaz presente y de tu incierto futuro. Eso es magia. Ningún otro arte tiene la misma capacidad para conjugar el carácter contradictorio de los fenómenos, es decir: para hablar del dolor de la vida, del dolor de la lucidez.

Ningún otro arte es capaz, como el cine, de penetrar en el mundo anímico de sus personajes, de mostrar los valores reales, no aparentes, de este mundo, cuya belleza se nos escapa entre los dedos como la arena. De convertir las imágenes en poesía y música. De llegar a la verdad con la polémica, porque el cine es de dos: del creador y del espectador, y la polémica y la verdad nacen de ese diálogo, del diálogo entre ambos. El cine nos ofrece la posiblidad de vivir una vida real por unas horas, de pasar el tiempo con personas verdaderas. El cine nos brinda mejor que ninguna otra cosa todo lo que nos falta, lo que nos atormenta, lo que ansiamos, y lo que repugnamos. En dos horas somos capaces de alcanzar lo que la vida cotidiana nos niega y nos escatima. Es por esa razón que vivimos por él y en él.

Compartir las imágenes de que está hecho el cine derriba todas las fronteras, supera todo lo que nos separa. La emoción de una película supera todo lo que separa a la humanidad. Con la pantalla, se abre un nuevo mundo, inaccesible hasta entonces, que se convierte en una realidad, en una opción, en una vida que no habíamos soñado, ni siquiera imaginado. Somos indestructibles, inmortales. Viendo una y otra vez la misma película, accedemos a lo que sentimos por ella, por nosotros mismos, y sabemos que ya no estamos solos. Nada en el mundo se nos puede negar, el mundo es nuestro. Si cada arte ha nacido para satisfacer una necesidad anímica en el ser humano, el cine nació para devolvernos el tiempo perdido, las oportunidades perdidas, la comunicación perdida.

Todo eso (y algunas cosas más, claro) es lo que para mí significa la tan manida “magia del cine”, su seducción y su adicción. No sé quién dijo que la literatura es mezquindad. El cine también. La mezquindad, la desgracia, la desdicha, la infelicidad, el dolor…transformadas en imágenes que nos confieren dignidad, nobleza que no sospechábamos que tuviéramos. Los cuentos de hadas y los finales felices para quienes crean en ellos. Mejor la vida convertida en imágenes.

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