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Así fue como 'Los Soprano' marcó el inicio de una nueva era en la televisión
Series de ficción

Así fue como 'Los Soprano' marcó el inicio de una nueva era en la televisión

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En cada aniversario del estreno o del final de 'Los Soprano' se han publicado centenares de artículos que celebran su relevancia e influencia en la industria y en todas las series posteriores. Veinte años después de la emisión del primer episodio, es virtualmente imposible aportar algo nuevo a la conversación sobre la serie de David Chase, pero no por eso vamos a dejar de homenajearla en Espinof.

Así que, aquí estamos, para hacer un merecido repaso a todos aquellos aspectos en los que se le considera la obra seminal de las que vinieron después. Y a todas las razones por las que debemos agradecerle que hoy estemos viendo las series que tanto nos apasionan.

Para entender lo que representó el estreno de 'Los Soprano' debemos empezar por recordar cómo funcionaba la industria en aquel momento. En los años 90, la producción de series de televisión en Estados Unidos estaba construida en torno a las cuatro grandes cadenas generalistas (CBS, ABC, FOX y NBC), con una estructura económica dependiente totalmente de los anunciantes y de las audiencias.

Dentro de este paradigma, estrenar una serie que no intentara apelar al público general, entendido como una gran masa, no tenía ningún sentido. Buscando complacer a la mayor cantidad de público posible, una de las mayores preocupaciones por parte de las cadenas en aquella época era que los espectadores rechazaran al protagonista de una serie porque no les caía bien, o porque no les parecía correcto (a su juicio) lo que hacían.

Pensaban que el rechazo al personaje provocaría que dejaran de ver el producto. Uno de los casos más conocidos es el de 'Friends', y el temor de Don Ohlmeyer, presidente de entretenimiento de NBC en aquel momento, de que la audiencia rechazara masivamente al personaje de Monica Geller porque mantenía relaciones sexuales con Paul en la primera cita.

Tony Soprano

Tony Soprano inició la era del antihéroe en televisión

Antes, los personajes "protagonistas con defectos" solo tenían cabida en el género de la comedia (pensemos, por ejemplo, en el cascarrabias de 'Becker', el precursor de 'House'; o en la disfuncional familia de 'Matrimonio con hijos'), pero todo cambió con la llegada de Tony Soprano, a quien daba vida James Gandolfini.

Que otra cadena le hubiera dado luz verde a una serie protagonizada por un mafioso, un asesino y un hombre brutalmente violento que siempre intentaba satisfacer sus impulsos más primarios, era algo simplemente impensable. En 'Los Soprano' seguimos el punto de vista del que sería el villano en cualquier otra historia.

La existencia de Tony Soprano fue la que hizo posible que después conociéramos a los célebres Walter White (Bryan Cranston), Dexter Morgan (Michael C. Hall), Stringer Bell (Idris Elba), Don Draper (Jon Hamm) o Vic Mackey (Michael Chiklis). Ejemplos de una masculinidad que marcó una época: la del antihéroe.

Este arquetipo que, a día de hoy, en pos de la siempre bienvenida diversidad, es considerado manido y repetitivo si aparece en un estreno actual, fue el que abrió el camino a una ambigüedad moral que era necesaria para hacer evolucionar las narrativas. Y también el que hizo posibles personajes como los de Patty Hewes (Glenn Close), Nancy Botwin (Mary-Louise Parker), Jackie Peyton ('Nurse Jackie'), Piper Chapman (Taylor Schilling) o Elizabeth Jennings (Keri Russell).

Lorraine Bracco y James Gandolfini

Tramas adultas centradas en desarrollar los personajes

El éxito de 'Los Soprano' demostró a los estudios y a las cadenas que, dentro de esa masa informe, había una audiencia dispuesta a dejar entrar en los salones de sus hogares historias adultas que cuestionaran su escala de valores.

Un público que no requería constantes giros de guion para mantener el interés, porque la conexión principal con la serie eran sus personajes, sus conflictos y su evolución. David Chase y su equipo supieron retratar la complejidad y contradicciones del ser humano a través de los protagonistas de sus historias.

Por mencionar solo un ejemplo: Carmela Soprano (Edie Falco), uno de los personajes más ricos de la ficción contemporánea. Carmela no está escrita para representar a una simple víctima de sus circunstancias. Sabe de dónde proviene el dinero y es capaz de mirar a otro lado; sabe cuándo y cómo utilizar el poder de su marido para conseguir lo que cree justo para su familia.

El arco de Carmela habla de hipocresía, de celos por las facilidades que tienen las nuevas generaciones, de deseo, de culpa católica y de la frustración porque su marido es incapaz de verla como una igual, alguien con quien mantener una conversación que esté fuera del ámbito doméstico.

Mucho más que mafiosos: bienvenidas las narrativas complejas en TV

Gracias a 'Los Soprano', las ficciones (la mayoría) hoy miran a su público sin condescendencia. Con esta serie no bastaba con que alguien te contara qué había pasado en el episodio anterior si te lo habías perdido, porque el espectador había aprendido que cada hora tenía tantas capas, que lo que parecía una simple mirada o un silencio, podía resignificarse tres o cuatro semanas después.

Y que el guion no intentaría explicárselo o recordárselo, porque la serie asumía que su espectador sería capaz de interpretarlo. Otra de las influencias de 'Los Soprano' en las ficciones posteriores es la pérdida del temor a romper las expectativas del público.

A simple vista, 'Los Soprano' podía parecer la serie definitiva sobre la mafia contemporánea, pero a quienes buscaban solo la representación de la violencia, la serie los sorprendió con largas conversaciones de Tony y su psiquiatra, con un amplio desarrollo de sus conflictos domésticos, con escenas llenas de subtexto y simbolismo, y con episodios oníricos.

Su escena final influyó en la forma en la que otras series han decidido abordar sus cierres, como ocurrió con 'Mad Men' o 'The Leftovers'. Y también nos educó como espectadores. Ahora, ya estamos preparados para aceptar finales abiertos sin que nadie piense que ha ocurrido un fallo técnico.

Mostró a la industria el potencial de las series

El fenómeno cultural que fue, y continúa siendo, 'Los Soprano', no solo puso en el mapa a HBO. Su éxito de audiencia durante la emisión, los premios recibidos y las millonarias ventas de la serie en DVD propiciaron que el resto de canales de cable, y años después las nuevas plataformas de streaming, decidieran apostar por la producción original.

También mostró a la industria de Hollywood que la televisión era un medio en el que actores, directores y guionistas de renombre tenían libertad creativa. En las narrativas seriales encontraron una oportunidad para expresarse artísticamente y hacer evolucionar personajes e historias durante un largo período de tiempo que, sencillamente, no es posible en el cine.

'Los Soprano' abrió las puertas a la televisión del nuevo siglo

Son muchas las razones por las que 'Los Soprano' marcó el inicio de una nueva era. Se suele identificar su estreno como el inicio de lo que hoy conocemos como Edad Dorada de las series de televisión.

Sin duda lo fue, pero delimitar de esta forma ciclos de producción en las series, siempre lleva a que alguien se pregunte si es que antes no había buena televisión. Por supuesto que la había, antes de que esta serie llegara a HBO en 1999 hubo otras esenciales que representaron cambios y han influido en las que vinieron después.

Solo hay que pensar, por poner algunos ejemplos, en clásicos como 'El prisionero' y su clara influencia en series como 'Perdidos' ('Lost'); en 'Twin Peaks', de cuyo elemento onírico y mezcla de géneros beben, precisamente, series como 'Los Soprano'; en el inicio de la serialización en los procedimentales que llegó con 'Canción triste de Hill Street'; o en el discurso meta y autoconsciente, que tanto nos gusta hoy, y que ya proponía 'Luz de luna' a mediados de los años 80.

Etapas televisivas aparte, hay algo indiscutible: 'Los Soprano' fue la primera la gran serie del siglo XXI, la que hizo posible que podamos tener la televisión que disfrutamos hoy.

David Chase y James Gandolfini
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