'The neighbors': buena premisa, floja ejecución

'The neighbors': buena premisa, floja ejecución
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Hace ya algunos meses que concluyó la primera temporada de este estreno de ABC para el curso 2012/2013. Pero es hoy cuando se publica una review de sus capítulos. ¿Por qué? Bueno, lo confieso: comencé a ver esta serie con muchas ganas, me gustó el punto de partida y me parecía que podía tener un recorrido interesante y (fundamental cuando se habla de comedia) divertido, pero con el paso de los capítulos empecé a aburrirme, sinceramente, sí, y finalmente la abandoné.

Me cuesta mucho hacer esto con una serie y más si es como 'The neighbors' que no es que sea un horror, tiene sus cosas buenas, sus puntazos y sus momentos entretenidos, así que me propuse retomarla cuando tuviera algo de tiempo. Eso es lo que ha pasado ahora, me he puesto al día y ya se puede hablar de una serie que, tras mucha incertidumbre, fue renovada el pasado mayo, para una segunda temporada. Una oportunidad para mejorar ciertas cosas y potenciar sus virtudes.

Un vistazo a…
ENFOQUE PROFUNDO Y LENTES PARTIDAS

Marcianos felices

Como todos sabéis, la premisa de 'The neighbors' es la de una comunidad de alienígenas que vive en una preciosa urbanización de Estados Unidos y que aprende sobre las conductas humanas con mayor o menor destreza, dando traspiés pero consiguiendo salir airosa de sus problemas. Para ayudarles a tal fin, los extraterrestres (del planeta Zabvron, para ser exactos) cuentan con la inesperada ayuda de la familia Weaver, que se muda a su comunidad (Hidden Hills) cuando una de las casas queda vacía y que rápidamente notan que sus vecinos tienen algo raro.

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Los Weaver son el pez fuera del agua en una comunidad que es un gran tiburón fuera del agua. Este doble tirabuzón juega en favor de la serie, pues los Weaver han de adaptarse a unos vecinos que comparten una misma idiosincrasia y manera de ser y actuar pero, a la vez, han de hacer de cicerones para unos individuos que no saben nada de la vida en la Tierra y que se quedan boquiabiertos con ciertas cosas tan evidentes para nosotros como puede ser la muerte o el romanticismo.

Así pues, cada capítulo gira en torno a, digamos, una realidad fundamental del ser humano, y juega con los lugares comunes y con ciertas evidencias que si se analizan con ojo crítico no lo son tanto, pero para nosotros, los humanos, están tan aprendidas e interiorizadas que difícilmente nos planteamos nunca que puedan ser de otra manera. Los grandes temas: el amor, la muerte, el trabajo, la familia, la amistad... desfilan por 'The neighbors' para ser diseccionados por unos extraterrestres que lo miran con ojos inocentes. El problema es cómo se desarrolla este conflicto.

Estructuras repetitivas

Oh, Marty, corta el rollo, todos sabemos cómo acaba esta historia. Nos decís que vais a hacer algo, decimos que vamos con vosotros, nos decís que no pero acabamos yendo. Diversión incluida, vosotros aprendéis de nosotros, nosotros de vosotros y todo acaba de forma positiva sobre las nueve de la noche.

No sé si esta réplica de Larry Bird, que se incluye en el último capítulo, está escrita desde la inocencia o desde la mala leche más absoluta, pues realmente, resume perfectamente lo que viene a ser un capítulo de 'The neighbors', es decir, resume lo que podemos ver en todos y cada uno de sus episodios y lo que supone una de sus pegas más importantes: la constante repetición de la misma estructura.

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Cuando se han visto cinco o seis capítulos de 'The neighbors' es fácil que las historias se vuelvan previsibles y, por tanto, dejen de interesar a un espectador que ya sabe cómo va a terminar el conflicto, pues los guionistas pecan de usar casi siempre el mismo mecanismo para sus capítulos: los alienígenas no saben qué es X. Los Weaver explican qué es X. Los alienígenas malinterpretan la explicación de X. Esto produce un problema y un conflicto. Una escena dialogada soluciona el asunto, con comprensión por ambas partes y supuesto crecimiento personal (crecimiento que se ve negado al capítulo siguiente cuando el nuevo conflicto se desarrolla entre otras cosas por la misma mala comunicación de las partes).

Es un poquillo facilón eso de resolver los conflictos mediante el diálogo, con ese tipo de situaciones en que el "poder de la palabra" lo puede todo, con personajes que no han hablado en todo el episodio y después lo solucionan todo con dos réplicas. La pregunta que se puede plantear es ¿no podían haber empezado por ahí? Los temas que se tratan, grandes conflictos para el hombre, son a menudo tratados de una forma un tanto superficial y da la impresión de que se quedan a medio camino, que se podría haber sacado más jugo de ellos, si se hubiese rascado esa primera superficie.

En muchas ocasiones, el conflicto prácticamente se desactiva solo, por lo que pierde potencia y credibilidad todo lo que se ha construido anteriormente. Por ejemplo, en el último capítulo, la emocionante llegada del padre de Larry Bird, algo que se anuncia como importantísimo y con vistas a ser determinante para el futuro de la historia, se resuelve con "ah, que no te quieres ir de la Tierra, bueno, vale, hasta luego" que nos deja un poco fríos. Se anuncia una amenaza futura pero teniendo en cuenta cómo se gestionan esos peligros, a priori no parece un riesgo muy grave. Ni siquiera los cameos de dos grandes como George Takei y Mark Hamill consiguen levantar la situación.

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O en el capítulo del musical, cuando Dick cae al pozo y acuden la policía y la televisión, y los Weaver temen que se descubra el secreto de sus vecinos: este conflicto es anunciado por los personajes "cuidado, que igual pasa esto", pero todo queda en agua de borrajas pues la policía directamente no tiene ni una frase de diálogo. Me parece una forma muy equivocada de enfocar una trama: bueno vale que no juegues un conflicto, pero si tú mismo lo estás anunciando, no lo pases después por alto, pues no haces más que tirar piedras contra tu tejado, ¿pues qué sentido tiene el tiempo que has invertido en plantear un problema que no ha existido?

Comedia familiar

El hecho de que una serie esté destinada al público familiar y trate de llegar a todos los públicos con un tono blanco y amable no la exime de ofrecer verdaderos conflictos y situaciones de tensión. Hay excesiva "bondad" en las tramas, con temáticas muy enfocadas al universo infantil/adolescente: la asociación de padres, el baile del instituto... en los que la comunidad extraterrestre es un niño más que ha de aprender cómo interactuar con los demás. En este sentido, hay cierta propensión a tirar de estereotipos, con buenos muy buenos y malos muy malos (malos de Disney, quiero decir), como la presidenta de la asociación de padres o la empresaria que quiere comprar los bolsos de Debbie.

Muchas tramas se desarrollan también con ese clásico mecanismo de la comedia en los que las historias obligan a "hacer equipo" a los personajes más inesperados: humana + extraterrestre / humano + extraterrestra. El choque de personalidades es una baza cómica que se juega mucho en este sentido pero, una vez más, parece no haberse explotado de la manera más productiva.

Bajo el foco del estereotipo

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Una comedia como 'The neighbors' debería ser fuerte en sus personajes pero, en este sentido, los dos núcleos familiares que protagonizan las tramas suelen pecar de estereotipados. Los Weaver me recuerdan enormemente a un modelo de familia que se puso de moda en la ficción con 'Los Simpsons' en el que el padre es un descerebrado de buen corazón y la madre es la lógica y la responsable, aunque peque de puntillosa y maniática. La personalidad de los hijos de la familia no está muy trabajada, salvo en el caso de Amber aunque, personalmente, he de decir, que no puedo dejar de compararla con April de 'Parks and recreation', aunque si bien April es borde, antipática y genial; a Amber sólo puedo otorgarle los dos primeros calificativos, no le encuentro la más mínima gracia y me resulta cargante y hasta un poco odiosa.

Por otro lado, la familia alienígena también cae bajo el estereotipo, en este caso cultural. Larry es un hombre dominante, autoritario, déspota, incluso machista, y Jackie resulta tierna, dulce y obsesionada con el romanticismo. En ocasiones, parecen personajes extraídos de otro siglo: el macho alfa y la damisela enamorada del amor. Personalmente, me choca bastante con el supuesto nivel de progreso de su civilización, con su tecnología puntera.

Puntos a favor

Aún así, 'The neighbors' tiene muchas cosas positivas que tal vez justifican su renovación por una segunda temporada. Desde luego, hay momentos muy divertidos y diálogos que hacen reír. Los temas que se plantean, a pesar de su ejecución, suelen ser interesantes, los grandes temas de la humanidad, que nos tocan a todos y que nunca pasan de moda.

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Por otro lado, la comunidad alienígena es un punto muy fuerte para la hilaridad de la historia: esos personajes vestidos iguales, sus inocentes reacciones, su manera de entusiasmarse u horrorizarse frente a un problema, suelen resultar tiernos y encantadores. Además, el "rollito" alienígena da pie a fantasear con cualquier aparataje tecnológico. Las posibilidades imaginativas son infinitas y nos han dejado algunos buenos momentos, como el sistema de mensajería a través de la tostadora.

Además, y en contraste con ciertos mecanismos infantiles, me resultan muy llamativas las constantes referencias a otros programas o series de televisión y a la cultura norteamericana, en general. Son frecuentes las parodias, los chistes, los "homenajes" que elevan sin duda el tono del relato y que un público más adulto puede agradecer. Hay referencias a muchas figuras intelectuales, a escritores, chistes dirigidos a cierto sector.

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Por último, me referiré a mi personaje favorito, el que me ha salvado muchas tramas y capítulos: Dick Butkus, el hijo menor de la familia extraterrestre. El personaje interpretado por Ian Patrick es un tipo sensible, un filosófo, un temerario, un aventurero, un incomprendido, alguien "rarito" y especial. Inolvidable el capítulo de Halloween en el que se disfraza de Debbie Weaver y se hace acompañar por un muñeco que representa a Marty.

En ¡Vaya Tele! | 'The Neighbors', cosas de marcianos... y humanos

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