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'True Blood' interesa pero no mata

'True Blood' interesa pero no mata
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Los vampiros sureños se han ido, por fin, a descansar hasta el próximo verano. Y lo hizo por la puerta grande, con una season finale que reunió a más de cinco millones de espectadores (5.38 para ser concretos) consolidándose como uno de los productos más vistos y rentables de la factoría mágica que es HBO.

Como ya sabeis en ¡Vaya Tele! somos algo escépticos con la serie. A mí, personalmente, no me parece una serie que merezca los honores que recibe y me pongo malo cada vez que veo que es considerada para no pocos premios, algunos importantes y otros más de “chichinabo”. Pero he de reconocer que esta tercera temporada ha sido bastante interesante.

No es que me haya dado un golpe en la cabeza o haya tenido una revelación. No. ‘True Blood’ sigue siendo presa de los mismos defectos que le llevo achacando desde que comenzó su emisión y visto lo visto no es fácil que se los logre quitar de encima. Sin embargo esta temporada me ha parecido, dentro de lo que cabe, una temporada bastante bien pensada, bien contada y bien realizada.

Una temporada in crescendo

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El gran punto positivo de esta temporada y quizás el que la distingue de la anterior es el modo de llevar la trama a lo largo de la temporada. Si en la temporada anterior tuvimos a Fellowship of the Sun como trama de media temporada, para después centrarnos por completo en la trama de Maryanne, en esta ocasión la trama principal ha ido desde el principio de la temporada sobre el statu quo de la comunidad vampírica y las tramas del Rey Russell, interpretado por el magnífico Denis O’Hare.

A pesar de que la primera mitad del episodio de la temporada, con todo el lío del cautiverio de Bill, Tara, los hombres lobo y ese percal con el que parecían dar vueltas episodio a episodio quizás para que pudieran relucir más los inicios de las tramas secundarias (que son para pegarse un tiro, pero de ellas hablaré más adelante).

Así pues hacia la mitad de la temporada (y como suele pasar con muchas series) ‘True Blood’ cogió un ritmo endiablado cuya historia atrapó hasta al más reticente. Lo más importante, por fin nos enteramos qué lío hay con Sookie y han logrado que el personaje no de tanto repeluco como de costumbre. Anna Paquin demuestra por fin que, a pesar de lo enervante que puede llegar a ser puede realizar buenas escenas. Todo lo contrario que Stephen Moyer que se convierte por momentos en el peor actor de la serie (si exceptuamos a Marshall Allman).

‘True Blood’ y el lastre de las tramas secundarias

True Blood

‘True Blood’ tiene, desgraciadamente, un gran problema y es que los guionistas no saben qué hacer con las tramas secundarias. Yo entiendo que las tramas principales quieran alargarlas un poco para que de de sí los episodios que tenga que durar, pero nos encontramos con que las tramas secundarias están estiradas a más no poder, relleno puro y duro para rellenar los 50 minutos de cada episodio.

Y es que el espectador no está para grandes trotes y si le cortas una escena en pleno clímax (por ejemplo, algún encontronazo con Russell) para pasar a alguna escena con Jason (que por mucho que me guste, la trama de la Pantera es muy cansina) pues el sentimiento es de frustración absoluta y continua.

¿El problema? pues el ya clásico “lo poco agrada lo mucho cansa” y eso se puede aplicar tanto a la trama de Jason y Crystal, la de Sam y minisam su hermano, la de LaFayette y Jesus… todas comenzaron de forma medianamente interesante, pero según iban avanzando los episodios el interés fue decayendo. Si la trama principal va in crescendo las secundarias tienen que ir acompañando, si se quedan atrás quedan episodios muy irregulares. Y es lo que ha ocurrido exactamente.

No hay nada peor que estar emocionado con cómo se resolverá la trama de Russell, Sookie, Eric, Bill y compañía y que de repente el episodio en cuestión frene en seco con una escena más que familiar (porque la hemos visto antes de mil formas distintas) con Sam y su hermano. Porque no nos engañemos cada escena de esa trama era vuelta a lo mismo una y otra vez. Y lo mismo se puede aplicar a las escenas de tonteo entre LaFayette y Jesus o las de Sam Jason y la mujer pantera.

True Blood

En definitiva la tercera temporada de ‘True Blood’ me ha parecido mejor en líneas generales a la anterior. Creo que la serie sube un poco el nivel pero sigue siendo una serie llena de momentos para olvidar. Definitivamente ‘True Blood’ como comedia funciona mucho mejor que como drama. Algo que creo que están empezando aprender ya que empieza a haber muchas escenas para el deleite de quien ve ‘True Blood’ para pasarlo bien.

PD. Desde ¡Vaya Tele! recomendamos completamente ver True Blood acompañado de gente, ya vereis cómo gana enteros.

En ¡Vaya Tele! | ‘True Blood’ se vuelve interesante… o eso aparenta

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