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'Velvet', el amor entre costuras

'Velvet', el amor entre costuras
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Tras un repentino cambio de nombre y una jugada maestra por parte de Antena 3 que rozó la contraprogramación, 'Velvet' llegó a nuestras vidas. Se trataba de uno de los productos de ficción que más expectación había levantado para la presente temporada y su llegada prometía hacer temblar los audímetros, una profecía que ha cumplido tras una recepción excelente. Después de dos episodios, 'Velvet' se ha mantenido por encima de los cuatro millones de espectadores, un alto número de personas a las que parece que no le han importado la excesiva duración de los dos primeros capítulos emitidos de la ficción.

Ramón Campos, productor de 'Velvet', afirmó en el programa Sospechosos Habituales que su primer episodio había sido alargado debido a la competencia con el estreno de 'B&B, de boca en boca', algo que se ha repetido en su segunda semana. Esto ha provocado que los primeros episodios hayan tenido tramos con altibajos, donde un ritmo inconsistente ha podido desconcertar a algún que otro espectador. Para compensar, la serie se apoya en esa gran historia de amor que viven sus personajes principales y que, entre telas y pespuntes, casi llega a monopolizar toda la ficción.

Ana y Alberto son los encargados de llevar el peso de una serie basada en su historia de amor, que viven de la manera más intensa posible. Y así, en dos episodios hemos visto cómo se enamoran, se separan, se reencuentran, superan dificultades, se comprometen en matrimonio, rompen, intentan arreglarlo y se vuelven a separar. Todo esto ha endulzado 'Velvet', quizá demasiado, y ha hecho que su historia evolucione mucho más rápido que la del resto de personajes, que se establecen en un plano más secundario del que nos gustaría.

Sobre todo porque entre esos personajes se encuentran los grandes atractivos interpretativos de 'Velvet', un reparto de altura que supera con creces la atracción que ofrece la pareja protagonista. Miguel Ángel Silvestre y Paula Echevarría no ofrecen la complicidad que una serie como 'Velvet' merece y da la sensación de que muchas de sus frases se dicen con el piloto automático sin mostrar una química que debería estar latente en cada mirada. En cambio, la mayoría de secundarios sobresale en su papel. Jose Sacristán, Aitana Sánchez Gijón, Natalia Millán o Cecilia Freire son algunos de los que más deslumbran en cada plano y reclaman más tiempo en los sucesivos episodios de 'Velvet'.

La otra gran baza de la ficción es la impecable factura técnica que de nuevo muestra un producto de la factoría Bambú Producciones. Los efectos digitales, el vestuario o la fotografía vuelven a ser elementos al alza que dan lugar a una ficción estéticamente hermosa con un sello de identidad propio. Se trata de un nuevo cebo dirigido en su mayoría al público femenino, un perfil de espectador al que se conquistó con 'El tiempo entre costuras' y que encuentra de nuevo en la alta costura un señuelo difícil de rechazar.

En ¡Vaya tele! | 'Velvet', la moda y el amor entre clases con el sello inconfundible de Bambú

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