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'Sin perdón', el remake japonés

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'Sin perdón', el remake japonés

Lo habitual es que sean los norteamericanos quienes hagan los remakes pero esta vez es al revés. Se ha anunciado que Warner Bros. ha dado luz verde a un remake japonés de ‘Sin perdón’ (‘Unforgiven’, 1992), una de las películas más conocidas y aplaudidas de Clint Eastwood —ganadora de 4 Oscar: mejor película, director, actor de reparto (Gene Hackman) y montaje—. Ken Watanabe será el encarado de interpretar el papel protagonista, curiosamente un actor que ha trabajado a las órdenes de Eastwood —en la emocionante ‘Cartas desde Iwo Jima’ (‘Letters from Iwo Jima’, 2006)—. En cualquier caso, lo más llamativo de la noticia es que la nueva versión del film cambiará las pistolas por espadas

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Clint Eastwood: 'Sin perdón'

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Clint Eastwood: 'Sin perdón'

Matar a un hombre es algo muy duro, le quitas todo lo que tiene, y todo lo que podría tener

‘Sin perdón’ (‘Unforgiven’, Clint Eastwood, 1992) fue la película que abrió los ojos a mucha gente que no veía en Eastwood ni un buen director ni un buen actor. A partir de ese instante, sobre todo por los cuatro Oscars que recibió el film, los fans del actor director se multiplicaron, algo que siguió en aumento con su posterior éxito con ‘Million Dollar Baby’ (id, Clint Eastwood, 2004). A pesar de la adoración que todo el mundo parece sentir por un genio indiscutible, siempre me pareció un poco injusto que ese reconocimiento popular llegase tarde. Me explico, aunque ‘Sin perdón’ ya data de hace casi 20 años y la trayectoria posterior del director haya sido inmejorable, lo cierto es que antes de su western más famoso como director, hay otros 20 años en los que Eastwood dirigió algunas de sus mejores películas.

Por eso mi relación con ‘Sin perdón’ es de amor/odio. Lo primero es lo que trataré de explicar en este texto, y lo segundo porque aún a día de hoy, muchos siguen empeñados —quien sabe si por ignorancia, lo cual no tiene nada de malo, o por necedad, lo cual sí— no ya en reconocer que Eastwood era un gran director con anterioridad, sino en desconocer por completo su obra mientras dirigen alabanzas hacia su trabajo. Voy a hacer una comparativa con el fútbol que nunca pensé que haría —entre otras cosas porque no me gusta el mencionado deporte—: hace ya mucho tiempo, un poco más allá de la realización de ‘Sin perdón’, cierto equipo gallego que estaba en segunda ascendió a primera división. Aparecieron socios, que hasta aquel momento admiraban a otros equipos, hasta de debajo de las piedras.

Dicho esto, pasemos a hablar de la película.

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Gene Hackman, la naturalidad del superdotado

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Gene Hackman, la naturalidad del superdotado

“Si me convierto en una estrella, perderé contacto con los tipos normales que se me da bien interpretar”

- Gene Hackman

Esta frase, que Hackman pronunció hace ya algunos años, define a la perfección lo que muchos pensamos de él, y descubre a un artista tremendamente consciente de su personalidad ante la cámara. Demasiados actores he conocido, algunos de ellos en persona, incapaces de ver y comprender sus propias cualidades y sus rasgos de actor. Pienso que si quieres llegar a ser una leyenda como Hackman, conocer bien tus limitaciones y tus virtudes es imprescindible. Pero Hackman no estaba predestinado a convertirse, precisamente, en una leyenda del cine, porque a él lo que le interesaba era la vida de escritor, quizá llegar a ser periodista, y le apasionaba la radio, tanto que llegó a ser un excelente operador y técnico en los marines, en los que se alistó a los dieciséis años, mintiendo sobre su edad, naturalmente. Aún tardaría bastante tiempo en comprender que lo suyo era la interpretación, concretamente hasta los veintiséis años, momento en que se inscribió en la escuela de interpretación Pasadena Playhouse.

Empezar una carrera a los treinta años y triunfar en ella, es algo que han conseguido pocos actores, pero la mayoría de los que lo han hecho, se curtieron debidamente en el teatro, y muchos en Broadway. Hackman también. Ya había participado en algunas series de televisión, e incluso debutado en el cine, pero cuando su madre murió en un incendio provocado por su propio cigarrillo, Hackman volvió a Nueva York y se hizo un nombre como excelente actor teatral. A veces hay que dar un paso atrás para poder avanzar: sus éxitos llamarían la atención primero del gran Robert Rossen, que le llamaría para su última y bella película, ‘Lilith’ (id, 1964); y segundo del no menos grande Warren Beatty, con quien había compartido pantalla en la película de Rossen, que le recomendó para la venidera ‘Bonnie & Clyde’ (id, Arthur Penn, 1967), en la que Hackman ya demostraba su particular presencia, limitándose a estar, sin interpretar casi, pero ejerciendo una sutil y fortísima naturalidad en sus escenas. Había nacido un gigante.

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