A la sombra del éxito de Jackie Chan, Hollywood introdujo en el cine, a finales de los 90, nuevas estrellas de las artes marciales, con la esperanza de recoger billetes en taquilla. El más prominente fue, sin duda, Jet Li, que llevaba 16 años haciendo cine de acción en Hong Kong cuando dio el salto a Estados Unidos como uno de los villanos de 'Arma Letal 4'. Desde entonces, su carrera pegó un salto exponencial... aunque él lo que quería era dedicarse a la vida espiritual.
Jet Li, steady, go!
Li demostró que podía ser un éxito por sí solo gracias a 'Romeo debe morir', en el 2000, y repitió su triunfo en taquilla (más o menos) con 'El único'. Es más: consiguió el triunfo internacional con 'Hero' y poco a poco fue desapareciendo de las pantallas, con algún retorno estelar como en 'La momia: La tumba del emperador dragón', 'Los mercenarios' o 'Mulán'. Pero, a sus 63 años, el actor y campeón de artes marciales ha descrito en sus memorias, 'Beyond Life and Death: The Way of True Freedom' que, con su vida laboral y familiar ya completa, quiso dedicarse al budismo.
A inicios de los 2000, Jet Li ya había tenido suficiente fama: "Estaba muy cansado. Cuando me hice famoso por primera vez, estaba muy emocionado. La fama era todo lo que siempre había querido: ¡Todo el mundo conocía mi cara! ¡Todo el mundo que conocía era talentoso! Pero tras cinco años de este tipo de fama, aprendí a aceptarla como parte de mi trabajo. Ya no me gustaba, pero me resigné a ella. Tras veinte años de que todo el mundo me conociera y quisiera un poco de mí, todos los periodistas me preguntaban lo mismo y estaba harto. El éxito no significa libertad".
La gente esperaba que pareciese de una manera determinada, fuera razonable, respondiese a cada pregunta de manera cortés. Incluso cuando acababa el rodaje, seguía actuando. Vivía en los guiones de otra gente. Estaba preparado para un nuevo episodio. Cada etapa de la vida tiene su propia lógica interna. Hice el suficiente dinero y conseguí la suficiente fama e influencia para dar una buena vida a mi madre, mi familia y mis hijos. Esta era mi meta desde que era niño, y la había conseguido. No necesitaba acumular más fama, poder, riqueza o amor, porque veía que no me ayudarían a trascender el sufrimiento de la vida.
Así que se fue a hablar con Lho Kunsang Rinpoche, un maestro del budismo tibetano, que, tal como cuenta, le preguntó "¿Por qué te jubilas?", a lo que Li respondió "Para estudiar budismo. Para llevar una vida religiosa". Sin embargo, su líder espiritual le sorprendió diciendo "No puedes jubilarte... todavía no. Todavía tienes una misión y una responsabilidad".
Me quedé desconcertado. Daba por hecho que apoyaría mi decisión. ¿Acaso la práctica a tiempo completo no era la forma de avanzar? Le dije a Rinpoche: "Todos los demás me han animado a renunciar al mundo, estudiar las escrituras y hacerme monje. Pero tú, precisamente tú, me estás diciendo: 'Vuelve al trabajo'. ¿Cómo es eso posible? Estoy contento con lo que se me ha dado y con lo que he podido devolver. Estoy satisfecho con mi carrera, mi reputación y mi capacidad para mantener a mi familia. He logrado todo lo que me propuse cuando era niño. ¿Qué más puede pedirme nadie en el mundo? ¿Cuál es mi misión?".
No creáis que hay un espectacular final a esta historia: Rinpoche respondió "No es algo que le debas a una persona en concreto. Todavía tienes una responsabilidad mayor", y el actor no pudo discrepar porque "No hay forma de que yo te la pueda señalar. Te darás cuenta por ti mismo a través de la experiencia". Lo intentó a su manera: en el plató de 'Arma Letal 4', durante las sesiones de maquillaje, se ponía los cascos y escuchaba las enseñanzas del budismo.
De hecho, según cuenta, en sus primeros meses en Estados Unidos llegó a recitar cada mantra 100.000 veces, como le pidieron sus gurús. Nunca llegó a ser monje, y nunca sabremos si su gran responsabilidad era hacer la tercera parte de 'La Momia' o el remake en imagen real de 'Mulán'. Los caminos de lo espiritual son inescrutables.
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