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'Los abrazos rotos', el Almodóvar más cinéfilo

'Los abrazos rotos', el Almodóvar más cinéfilo
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Lo voy a dejar claro desde el principio sobre todo para los que no lo sepáis: No soy un fan de Pedro Almodóvar, más bien todo lo contrario. De su extensa filmografía me gustan únicamente tres películas: ‘Átame’, ‘Hable con ella’ y ‘Volver’, y para eso ninguna de las tres me vuelve loco. Esto no quiere decir que cada vez que estrene película, me acerque al cine lleno de prejuicios pensando en poner a parir la película, por mucho que algunos de vosotros penséis lo contrario. Evidentemente, me apetece ver mucho más un nuevo estreno de Eastwood, que uno de Almodóvar, y no trato de compararlos, hablo de las preferencias que todos tenemos.

Me acerqué al cine a ver ‘Los abrazos rotos’ con la misma intención que me acerco siempre a ver cualquier película: la de pasarlo bien, la de olvidarme de mi vida diaria disfrutando del maravilloso séptimo arte y todo lo que puede ofrecer. Nuestro querido Pedro siempre me ha parecido un director torpe, demasiado autocomplaciente, por lo que creo no debería dedicarse a escribir y dirigir al mismo tiempo. Pero independientemente de lo bueno o malo que me parezca, hay algo que no puedo negar: su entrega total a sus proyectos, una cualidad que no poseen todos los directores.

No leer si no se ha visto la película.

El Pedro Almodóvar que todos conocemos, el que despierta tantas pasiones como odios, el de toda la vida, no se muestra tan presente en ‘Los abrazos rotos’. Todas sus obsesiones, que algunos llaman sello personal, y que personalmente me producían un inmenso dolor de cabeza, parece dejarlas de lado en su nueva película. Con esto no quiero decir que no reconozcamos al director manchego en las imágenes de su trabajo, pero esta vez la historia que cuenta, el drama personal de sus personajes parece no interesarle lo suficiente, dejando en manos de sus actores el sustento del film.

Este drama de secretos, amores ocultos y apasionados, celos y poder, se torna poco interesante en su desarrollo. Los típicos personajes enfermos de Almodóvar dan paso a arquetipos débilmente dibujados que parecen extraídos de otras películas. El director de cine que se queda ciego, el poderoso empresario posesivo, el gay reprimido (personaje sobre el que curiosamente, el director no carga las tintas), la amiga que fue amante, el hijo secreto, etc. Todos pasados por el filtro de un Almodóvar más interesado en rendirse tributo a sí mismo, en el autohomenaje, que en la propia historia en sí, la cual carece de fuerza y convicción.

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Salvando las distancias se podría decir que ‘Los abrazos rotos’ recuerda en intenciones a ‘Gran Torino’, la última obra de Clint Eastwood, recién estrenada entre nosotros. Una película casi litúrgica con el propio cine del director, pero cuyas referencias están aquí introducidas con calzador, forzadas y apenas tiene que ver con lo narrado por Almodóvar, coexistiendo en uno, dos films muy distintos, y rompiendo el equilibrio que debería haber entre ambas partes. Personalmente, es este juego cinéfilo lo que más me interesa de ‘Los abrazos rotos’, aunque por momentos se torne demasiado repetitivo y evidente (referencias a Jules Dassin, o ‘Te querré siempre’ de Roberto Rossellini terminan cansando un poco a pesar del empeño de Almodóvar en que sepamos lo mucho que le gustan los melodramas clásicos).

Hay en esos tramos un subtexto que me parece lo mejor de ‘Los abrazos rotos’. Además de los homenajes al cine clásico, en los que se citan grandes títulos de vital importancia en el transcurso de la historia del cine, los autohomenajes (con la filmación de un film titulado ‘Chicas y maletas’, que no es más que una clarísima referencia a uno de sus films más famosos, ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’), Almodóvar hace sentenciar a su personaje principal masculino frases del estilo de “una película debe terminarse, aunque sea a ciegas”. Toda una declaración de principios de alguien que lleva décadas en el difícil negocio del cine en un país en el que se necesitan milagros para lograr estrenar una película. Esa defensa nada disimulada del cine en general, y del nuestro en particular, saca lo mejor de un director al que me gustaría ver algún día dirigiendo un guión que no fuera suyo.

Supongo que todas las miradas en esta película estarán centradas en Penélope Cruz (la única actriz española de la historia poseedora de un Oscar), que tras ganar la estatuilla por su trabajo en la penosa ‘Vicky Cristina Barcelona’, ha estrenado muy convenientemente esta película a las órdenes del más famoso director español del momento. Siempre me ha parecido que Cruz es muy buena actriz cuando se queda por nuestra tierras, y muy mala cuando decide irse a las américas a filmar. En ‘Los abrazos rotos’ no me parece que esté a la altura de trabajos anteriores como ‘La niña de tus ojos’ o ‘Volver’; su personaje sufre una mala escritura por parte de su creador, dejándola en un segundo plano, siempre al servicio del personaje principal. Lluís Homar da vida a dicho personaje, con su típica convicción y naturalidad, resultando junto con el mencionado juego cinéfilo lo mejor de la película. Blanca Portillo también aporta su buen hacer, aunque su personaje resulte menos interesante de lo debido.

‘Los abrazos rotos’ no termina por gustarme, no me convence, sobre todo por lo diluida que termina su historia principal. Pero al menos no me ha levantado dolor de cabeza como otros pestiños de nuestro querido Pedro. Personalmente le vaticinaba un éxito descomunal a esta película, pero parece ser que la gente no acude en masa a verla como han hecho con títulos anteriores de Almodóvar. ¿Será el título del film una especie de profecía haciendo alusión a la relación entre el director y el público que rara vez le ha fallado?

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