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'2012', el espectáculo

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Todo el mundo sabe que ‘2012’ va a ser espectacular, no descubro nada con decirlo. Incluso muchos se temerán que lo único que pueda aportar el film de Roland Emmerich sea su espectacularidad y quizá no se equivoquen. Pero es que, señoras y señores, esta película es muy espectacular. De todas las escenas de acción y catástrofes que he visto, ninguna supera ni iguala la del momento en el que un padre de familia conduce una limusina mientras las calles se derrumban a su paso y los edificios se le caen encima. Esa secuencia por sí sola vale el precio de la entrada —para quien disfrute con el cine de acción, claro—. Y no es la única de total espectacularidad.

En aspectos como los personajes, la verosimilitud o incluso la explotación de las emociones y las figuras familiares se le pueden sacar muchos defectos a ‘2012’, por supuesto, ¿pero es que acaso importa eso cuando lo que se quiere es ver un espectáculo inmenso?

John Cusack, Chiwetel Ejiofor, Amanda Peet, Oliver Platt, Thandie Newton, Danny Glover y Woody Harrelson protagonizan este film que se estrena el viernes, 13 de noviembre.


‘2012’ dura dos horas y media y no se hace pesada. Es cierto que la acción tarda en comenzar porque en los minutos iniciales se presentan varios frentes con mucha carga cada uno. Pero la amenaza se cierne desde el comienzo sobre las cabezas de todos los personajes, así que en ese arranque hay tensión, aunque no haya secuencias movidas. Además, el ritmo es rápido y el montaje no se recrea en las escenas haciéndolas durar más de lo necesario. Una vez ha comenzado la catástrofe, el desarrollo de la trama principal presenta muchos giros e ideas nuevas, los personajes van salvando unos obstáculos para enfrentarse a otros, por lo que concluimos que la extensa duración está justificada. Sí existen los interludios personales, pero están muy repartidos y son breves, así que no aburren.

En estos lapsos tendríamos dos tramas secundarias: la romántica, que me parece que está presentada con gran elegancia y de la que admiro que se consiga sólo con algunas pinceladas, y la familiar. Esta última ya es más cuestionable porque sí tiene toda la carga emocional exagerada y sentimentaloide que más tememos en películas como ésta. Y, especialmente, por esa noción tan típica en Spielberg de que, para que un hijo te vuelva a querer, tienes que ser un héroe. Pero no el héroe cotidiano que cualquier persona demuestra ser, sino alguien que sale de grietas ardiendo y salva la vida de toda la familia. Por supuesto, esto se aplica a los hombres, pues las mujeres en estas películas no son más que ceros a la izquierda o lastres con los que hay que cargar.

Supongo que la verosimilitud será algo que se cuestione en una película como ésta. Pero creo que no se ha roto de una manera tan bruta el pacto de ficción con el espectador como para que no se pueda ver la película. Se ha estirado un poco, cual goma elástica, para lograr llevar más allá las secuencias, pero nunca se ha saltado a la tolera. Todo es verosímil, pero exagerado. Más que las escenas de acción, podría salirse de lo creíble el hecho de que se den ciertas casualidades, como que los protagonistas se topen con determinada camioneta o se encuentren en el aeropuerto con unas personas en concreto —hasta ahí puedo leer—.

No tiene nada que ver con la verosimilitud —porque ésta no consiste en plantear elementos reales, sino en saber hacer encajar los inventados dentro de una ficción—, pero quizá merece la pena mencionar que es totalmente cierto que Yellowstone es el volcán más grande de la Tierra y que, por su ciclo, le tocaría entrar en erupción más o menos ahora. De ahí pueden surgir teorías de la conspiración, siempre muy divertidas para el cine y no tanto para la política verdadera, a las que demos mayor o menor crédito, pero el peligro inminente es real.

Falta de credibilidad, sentimentalismo empalagoso… sí, se le pueden sacar defectos a la película e interpretarla como una basura basándose en ellos. Pero creo que soy muy sincera cuando digo que se trata de nimiedades dentro de un conjunto muy conseguido y que logra su auténtico propósito con un resultado magnífico. Ni siquiera es uno de esos casos en los que hay que apagar el cerebro para entretenerse, pues en general, todo encaja sin mucho problema. Como mucho, hay que ser algo flexible y tener, efectivamente, ganas de divertirse. Con esta actitud, ‘2012’ puede suponer una experiencia de lo más emocionante.

Mi puntuación:

3

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