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'Ahora y Siempre', o cómo un gran director salva un material endeble

'Ahora y Siempre', o cómo un gran director salva un material endeble
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Las películas de Shirley Temple dibujan toda una época en el cine americano. Películas amables, quizá demasiado, que se convirtieron en estruendosos éxitos comerciales en aquellos años, y que aún a día de hoy tiene su legión de fans. A un servidor, esta niña siempre le cayó de lo más repelente, y no hay película en la que no se me haya atragantado un poco. Su éxito fue tal que incluso directores de gran talla, como John Ford, la dirigieron en vehículos para su lucimiento, como 'La Mascota del Regimiento' (curiosamente uno de sus mejores títulos), y en otros que no lo fueron tanto, como la magnífica 'Fort Apache'.

'Ahora y Siempre' fue un film que dirigió otro gran director, Henry Hathaway, realizador todoterreno que consiguió sacar adelante un material de lo más endeble, además de contar para la ocasión con dos grandes del cine universal, Gary Cooper y la impresionante Carole Lombard, que no realizan precisamente dos de sus mejores interpretaciones, pero ayudan enormemente con su presencia a que la película gane enteros.

Una pareja, que se dedica a la buena vida estafando a la gente, verá cómo sus planes tendrán que cambiar cuando él se haga cargo de una hija que tiene, una niña que evidentemente no puede seguir el ritmo de vida de su padre. Así pues, éste se debatirá entre cesar sus actividades delictivas y dedicarse a cuidar a su hija, sacar provecho de la situación, o procurar darle un futuro a su hija pero desentendiéndose de ella.

Todo un folletín, con muchas más ramificaciones. Un dramón para toda la familia, en el que afortunadamente no se centra todo en el personaje infantil, aunque sí es el detonante de todo lo que ocurre. Cooper y Lombard evidentemente tiene que tener sus escenas de lucimiento, que no son pocas, y en aquellos años los dos eran muy famosos entre el público, por lo que esta película tiene la peculiaridad de reunir a tres de las más grandes estrellas de aquel tiempo, dirigiéndose de esta forma a los amplios sectores que conforman los distintos tipos de espectadores. Era una época en la que el nombre de un actor o actriz llegaba para llenar las salas de cine, independientemente del tema del film, e incluso de su calidad, claro que esto último se comprobaba después de su visionado.

Quien realmente aparta esta película de lo que típicamente interpretaba Shirley Temple, es su director, Henry Hathaway, que con un dominio perfecto de la narración y un especial encanto para la puesta en escena, salva la película en todos sus aspectos, colocándola como un apreciable producto lleno de emoción. Eso sí, de las escenas con la Temple ofreciéndonos sus dotes para la canción no nos libramos, y nos podemos dar con un canto en los dientes ya que son pocas. Menos mal que Hathaway se encontraba en uno de sus mejores momentos, creativamente hablando, y que curiosamente suele ser su época más olvidada. Pero bastaría con nombrar la imprescindible 'Sueño de Amor Eterno' para comprobar lo enorme que era este director.

Una buena película, mucho mejor de lo que aparenta a simple vista y un ejemplo más del típico film que hoy día no podría hacerse, a no ser para la televisión. Hará las delicias de los amantes del cine clásico, y sobre todo de los admiradores de sus tres estrellas principales, si es que aún queda alguno. Por cierto, no está editada en dvd, así que los interesados ya conocen los métodos a seguir. Más cine de Henry Hathaway en Blogdecine:

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