'Arco' es una preciosa anomalía del sistema que quiere ser el Hayao Miyazaki francés. Lo consigue, pero solo a medias

'Arco' es una preciosa anomalía del sistema que quiere ser el Hayao Miyazaki francés. Lo consigue, pero solo a medias

¿Hace cuánto que no sentías esperanza? 'Arco' te la quiere meter por vena, aunque en última instancia no consiga dar en el centro de la diana

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Arco
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Randy Meeks

Editor

Es difícil, sobre todo después de la pandemia y todo lo que ha ido cayendo en cascada, tener esperanza en estos tiempos que corren. Las distopías que tantas veces hemos visto en películas, novelas, videojuegos y hasta series infantiles se han hecho reales, y el cine las ha reflejado de la manera más combativa que puede. Al fin y al cabo, tampoco es una era fácil para los creadores, dados a caer en el desasosiego, las malas nuevas y unos mundos repletos de tristeza y sin optimismo. Por suerte, 'Arco' ha vuelto a redefinir la utopía en una película tan visualmente espléndida como argumentalmente decaída.

¡Prueba el arcoiris!

Esta película de animación francesa, que viene de ganar en Annecy y ha tenido nominaciones tanto a los Globos de Oro como a los Óscar, contrapone dos futuros muy distintos entre sí. El primero, el más cercano (en todos los sentidos) nos presenta un mundo gobernado por la tecnología, donde los robots hacen la labor educativa y todo está al borde del colapso, mucho más similar a lo que nos espera de lo que nos gustaría reconocer. Enfrente tiene un futuro repleto de naturaleza, anhelo y que esconde un misterio devastador. Su director, Ugo Bienvenu, se plantea qué ocurrirá cuando la contaminación y el sobreesfuerzo que se le pide a la Tierra no den para más. Quién sabe: quizá entonces podamos volver a ser humanos.

Cierto es que la película cae en un tono naíf que, personalmente, sentí desacertado y que le da una pátina excesivamente infantil. De hecho, por momentos cae en un paternalismo un tanto fuera de lugar que no empaña su propuesta mas que ocasionalmente: durante la mayoría del metraje, quedarás fascinado por el uso de los colores, la trama sorprendentemente optimista, unos personajes repletos de amor y carisma y una animación que traspasa los límites y nos ofrece algo que no estamos acostumbrados a ver en pantalla grande, mucho más hecha al CGI y las tres dimensiones de Pixar y sus rivales. 

Bienvenu da rienda suelta a una fantasía que parece salida directamente de la imaginación de un niño, y que de manera segura afianza sus bases tanto argumentales como estéticas. Puede que la idea de un niño que vuele con el arcoiris suene un poco ñoña, pero la película logra sobrepasar cualquier prejuicio inicial y maravillar con una animación que bebe mucho del Studio Ghibli (y de Hayao Miyazaki en particular) pero que se permite experimentar con ella misma, en momentos tan oníricos como bellos que se encuentran fácilmente con la simpatía de todo espectador que busque, al apagarse las luces, algo que -por lo menos- le suene a nuevo.

Tanto se tensa el arco...

'Arco' plantea, en un mundo robótico y que parece haber dejado los sentimientos en manos de las máquinas, que, sin importar lo desolador de la era, hay tres cosas que nos hacen humanos y que pueden encontrarse incluso en la más miserable de las situaciones: bondad, amor y curiosidad. De hecho, aunque no subraye su moraleja, muestra en numerosas ocasiones cómo estas tres características que ninguna IA podría copiar continúan a través de las épocas, las sensibilidades y los poderes. Y es que la película nos trae algo que se echa mucho de menos hoy en día: una manía brutal, punk y casi antisistema de hacer siempre el bien.

Para ello, presenta a dos personajes, Arco e Iris, de los que es fácil encariñarse desde el primer minuto gracias a su empatía, su afán de curiosidad y su visión del mundo como un lugar que puede (y debe) explorarse sin fin. Sin embargo, ambos son meros esquejes, bocetos que, junto con el grupo de malhechores que les acompaña, dan un aire de ingenuidad excesivo a la cinta lejano a las aspiraciones "Miyazakianas" que transpiran en cada escena. Es de agradecer, eso sí, que pese a ello no trate con condescencia al público, rebelándose contra las narrativas del cine mainstream y remarcando que la madurez no es darse cuenta de que el mundo exterior es horrible y debes endurecerte ante él, sino, en el fondo, no perder el asombro, el cariño y la esperanza.

En otra época le habría achacado que es una película demasiado blandita para los tiempos que corren (y para el mundo que retrata), pero vivimos en tiempos cínicos donde la esperanza es un lujo que pocos pueden darse. Es, pues, de agradecer que Arco e Iris se cojan de la mano e intenten convencernos de que eso es un simple gesto que cambiaría muchas vidas. 'Arco' es una pequeña anomalía del sistema que, de alguna manera, ha conseguido colarse en los Óscar y que, además, va a hacer que acabes soltando un buen par de lagrimones justo al final mientras miras al horizonte con cierto optimismo. Al fin y al cabo, ¿hace cuánto que no lo sientes?

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