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'Besos de Vampiro', en la que Nicolas Cage se come una cucaracha

'Besos de Vampiro', en la que Nicolas Cage se come una cucaracha
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Hay veces que una película es recordada sólo por una anécdota. Ya sabéis, independientemente de su calidad o de la entidad del hecho curioso. Recuerdo haber visto 'Tener y no Tener' principalmente porque el rodaje de la misma unió a Humphrey Bogart y Lauren Bacall. Y la que se lió con 'El Cuervo', por el trágico accidente que protagonizó Brandon Lee. En el mismo juego de anécdota por película, 'Besos de Vampiro' es famosa por incluir una escena en la que Nicolas Cage se come una cucaracha. Realmente, sí, se la lleva a la boca en un primer plano, sin trucos. Resulta poca cosa, ¿no? Bueno, ya me gustaría ver a más de uno masticar una cucaracha, pero ciertamente, no es algo que merezca grandes elogios, desde luego. Lo cierto es que esta anécdota representa de algún modo también a la propia película. Es poca cosa. Eso sí, cumple con corrección ofreciendo una divertida versión vampírica del american psycho. Y Cage se sale.

En 'Besos de Vampiro' (Vampire´s Kiss, 1989), un agente literario de Nueva York, aficionado a la vida nocturna y a no acostarse nunca con la misma mujer, empieza a comportarse de forma muy extraña a raíz de la visita de una misteriosa y bella joven. Está obsesionado con la idea de que ella es un vampiro y que le ha mordido en el cuello, transformándolo a él también. Su vida comienza a tambalearse y aprovecha para hacer la vida imposible a una empleada.

La película es muy pobre, en más de un sentido. Afortunadamente, no pretende ser nada más, no quiere ir más allá de entretener. Sin embargo, esto no puede servir de excusa para la dirección tan mediocre de Robert Bierman, incapaz de ofrecer un plano mínimamente arriesgado o un movimiento de cámara fuera de lo corriente. Su realización es convencional en el mal sentido de la palabra y llega a producir en el espectador un aburrimiento que de no ser por algunos destellos del guión, acabaría por hacerle dormir. Y de la banda sonora, mejor ni hablar, ya sabéis lo que ocurre con muchas películas de la década de los 80, hacen más ruido que otra cosa y, exceptuando buenos temas concretos, no ayudan en nada a la narración.

Lo mejor de la película, y por algo fue premiado en Sitges aquel año, es el trabajo de Cage, encarnando a un yuppie de pacotilla que se transforma en vampiro. O eso cree él. Porque, en realidad, la trama hay que dividirla entre lo que ocurre realmente y lo que pasa en la mente del protagonista. De ahí todas las situaciones divertidas, algunas de auténtica carcajada, por lo patético que resulta Cage, creyendo ser un seductor implacable, un romántico, un profesional ejemplar, y por supuesto un vampiro (ojo a las gafas de sol, por ejemplo), cuando nada o muy poco de esto va más allá de su imaginación. Momentos antológicos, por los cuales no olvidaré jamás este título: el mencionado antes de la cucaracha y el de la imagen de arriba, Cage, con una dentadura de plástico, imita a Nosferatu en el interior de una discoteca, buscando a su presa. El final de es otro de sus puntos fuertes, por mucho que te lo veas venir, resulta sorprendente la forma en que se produce y no puedes evitar ponerte en el lugar del protagonista. Cuatro o cinco escenas buenas en un conjunto flojísimo, casi para olvidar, todo sea dicho.

Es bien notoria la excéntrica personalidad de Nicolas Cage, un señor que ha llamado a un hijo suyo Kal-El, en honor a Superman. El actor suele trasladar su "estilo" a su trabajo en el cine, salvo en contadas excepciones, como cuando ganó ese Oscar por 'Leaving Las Vegas'. Y resulta que ahora toca decir que es mal actor. Es la moda. De ahí que últimamente me haya tenido que poner a defenderle, poniéndome el disfraz de fan suyo. Porque los argumentos de la masa no me parecen muy razonables. ¿Cage es histriónico, sobreactuado? Ajam. ¿Os suena un tal Jack Nicholson? La última vez que lo conté, tenía 3 estatuillas doradas y es considerado como uno de los grandes de la interpretación. ¿Cage elige malos papeles, actúa en malas películas? Ajam. ¿Habéis echado un vistazo a las películas que ha hecho Robert de Niro en los últimos años? Y antes de que se os ponga la cara morada y os lancéis a por el primer arma que tengáis a mano, quiero señalar que, primero, tardaríais mucho en llegar a mi casa, y segundo, no pretendo igualar a Cage con Nicholson o De Niro. Son actores diferentes y, en todo caso, los dos últimos han sabido labrarse una carrera mucho más prestigiosa que el primero. A lo que voy es a que hay una especie de corriente poco sostenible en contra de Nicolas Cage. Y eso al margen de las preferencias y manías de cada persona, comprensibles totalmente, por supuesto. Porque puede haber alguien que diga 'Blade Runner' es aburrida u otro que mantenga que 'V de Vendetta' es una obra maestra. Y no pasa absolutamente nada. Vaya, hombre, ¿dónde dejé mi martillo?

Dejando al genial actor a un lado, hay que destacar la presencia de Jennifer Beals, a la que, desgraciadamente, vemos muy poco. Beals, aunque sobre decirlo, está fantástica, y uno no puede evitar desear que, como en la película, se le aparezca una noche cualquiera para morder y sorber los litros de sangre que haga falta. Beals, como las otras mujeres que aparecen en el film, no interpreta a un personaje uniforme, sino que, dependiendo del momento, puede aparecer como una mujer normal o como una vampiresa sedienta. Del mismo modo, Elizabeth Ashley, que encarna a una psicoanalista, llega a aparecer junto a un joven semidesnudo, dando a entender que su vida pública no tiene nada que ver a su "cara nocturna". Por cierto, en su despacho se produce una de las mejores secuencias de toda la película; una escena imaginada donde el personaje de Cage encuentra a su media naranja (por poco tiempo) y desvela sus más oscuros secretos. Desternillante. Pero volviendo al apartado de las mujeres, fundamentales en la trama, la única que parece salirse de este doble juego, claramente sexual, es Maria Conchita Alonso, que no en vano, tiene un miedo casi irracional a los hombres. Y digo casi porque... bueno, me callo. Alonso tiene un personaje clave, ya que a través de ella vemos la versión "objetiva" del que interpreta Cage, así como su progresivo paso a la locura. Sin embargo, no acaba de realizar una interpretación creíble y hay bastantes ocasiones en que parece que la cámara sigue enfocándola para ver si logra hacer algo.

En resumen, 'Besos de Vampiro' es una flojísima comedia con algunos momentos muy inspirados, gracias a la entrega de Cage, y con toques de tragedia y mala uva que sorprenden en un producto de este tipo, a priori, exclusivamente recomendable para provocar una buena siesta. No recomendaría comprarla a nadie que no fuera fan del cine de vampiros, de Cage o de las comedias ochenteras; y a éstos tampoco les aconsejaría pagar demasiado por hacerse con el DVD, la verdad. Al menos, lo que venden en España, lamentable edición sin extras ni subtítulos en castellano.

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