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'Branded to Kill', cine negro desmontado

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Seijin Suzuki es uno de esos directores asiáticos desconocidos para gran parte del público, e incluso muchos cinéfilos, y que sin embargo lleva mucho tiempo haciendo películas, algunas de las cuales son consideradas verdaderos clásicos en su país de origen, Japón. Un director que ha sido reivindicado por gente de la talla de Jim Jarmusch o, cómo no, Quentin Tarantino, capaz de reivindicar cualquier cosa (va a tener a millones de acólitos haciéndole caso), y que ha influido poderosamente en las filmografías de directores nipones actuales como Takeshi Kitano o Takashi Miike, con los cuales podemos encontrar muchos puntos en común. De hecho, viendo una película como 'Branded to Kill' uno se explica cómo los anteriormente citados han sido capaces de filmar algunas películas tan malas.

La obra de Suzuki es difícil de encontrar por vías legales, y por otras apenas se accede a la mitad de su obra. En nuestro país acaba de editarse en la excelente colección que Filmax saca al mercado Maestros del Cine Japonés, 'El Baile de los Sicarios', que es precisamente una especie de secuela de 'Branded to Kill'. También existe un film de animación titulado 'Lupin III. El Oro de Babilonia' editado por Divisa. Aunque hay rumores de que van a editar más, esto aún no ha sido confirmado.

El argumento de 'Branded to Kill' no da lugar a ningún tipo de confusión. Un asesino del crimen organizado es contratado para llevar a cabo una misión. Es conocido como el Número 3, y pronto se verá en vuelto en una especie de conspiración en la que están metidos una extraña y fascinante mujer, y más asesinos. La caza comienza, y enseguida sabremos quién es el Número 1 de la Organización, todo un ejemplo a seguir, y sobre el que algunos incluso aseguran que no existe, que es un invento para meter miedo.

Lo que realmente mete miedo es la forma en la que Suzuki ha filmado su película, saltándose todas las reglas conocidas y por conocer en cuanto a montaje y las relaciones espacio-tiempo, aunque menos acentuado esto último. Muchos podrán ver esto como un acto de rebeldía muy típicos de aquellos años, los 60, en los que en todas partes del mundo se alzaban voces rebeldes protestando contra lo establecido o "lo de siempre". Ahí están la Nouvelle Vague francesa o el Free Cinema inglés para dar buena muestra de ello. Movimientos y corrientes, a los que muchos les vieron la oportunidad y aprovecharon para que sus voces fueran oídas, mientras que otros (quizá los más inteligentes) no hicieron ni caso. En Japón pasó algo parecido y de idéntica trascendencia, aunque por estos lares no nos llegaran ni los ecos, y Seijun Suzuki fue uno de sus máximos representantes, un tipo al que le gustaba saltarse las normas en el lenguaje cinematográfico para el deleite de los admiradores de Godard u otros tipos de similar calaña.

Escenas cortadas a la mitad, continuidad a trompicones, saltos anárquicos en la narración, y todo ¿para qué? ¿para hacerla más original? ¿más llamativa? ¿porque si no, de una forma más tradicional, nadie le haría caso debido a sus más que evidentes errores de guión? Llamadme anticuado (o no, ya que esta película es de 1967) pero yo prefiero las cosas mejor narradas, con una estructura más clásica, y si eso ha de ser violado por lo menos que sirva para algo, y no para alejar al espectador de lo que se les está contando. En 'Branded to Kill' hay cosas con interés, pero su mayor error no es atreverse a ser distinto u original, sino separar forma de contenido de una forma tan brutal. Ambas deben siempre ir en perfecta armonía, aunque ya hace mucho tiempo que todas las historias han sido contadas, debe encontrarse siempre el equilibrio entre lo que se cuenta y cómo se cuenta. Suzuki no encuentra ese equilibrio, al contrario, se aleja lo más posible de él, mostrándonos un film interesante por momentos, pero enormemente fallido en lo formal y que termina provocando hastío.

Sólo cabría destacar la extraordinaria fotografía en blanco y negro, y el personaje central, al que da vida el veterano actor japonés Joe Shishido. Su composición, entre clásica y extravagante, le hace estar por encima de los demás compañeros de reparto, y sobre todo de la labor de Suzuki, quien se empeña una y otra vez a lo largo del film, en jugar de forma arbitraria con el montaje, colocando personajes aquí y en el siguiente cambio de plano allá. Por lo menos no es capaz de eclipsar la buena labor de Shishido, aunque esto no llegue para salvar la película, llena de personajes casi ilógicos, momentos un tanto absurdos, y una historia que cojea en muchos puntos.

'Branded to Kill' puede apreciarse como una curiosidad dentro de una cinematografía que por aquí parece interesar a muy pocos. Seijun Suzuki no gozó de la fama mundial de otros directores como Yasujiro Ozu o Kenji Mizoguchi (bien es cierto que empezó más tarde que ellos), por no hablar del grande entre los grandes, Kurosawa. Viendo películas como ésta, uno puede explicarse el porqué. Film fallido donde los haya, por mucho que se haya intentado ser transgresor o distinto. Como siempre, hace falta algo más que la intención.

Más información | Imdb

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