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'Cisne negro', nuestro peor enemigo

'Cisne negro', nuestro peor enemigo
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Acaba de estrenarse ‘Cisne negro’ (‘Black Swan’, 2010), de Darren Aronofsky, la esperadísima película protagonizada por Natalie Portman, Vincent Cassel, Mila Kunis, Barbara Hershey y Winona Ryder.

Aronofsky realiza una cinta muy cerrada, opresiva, que se desarrolla en tres o cuatro escenarios y apenas presenta personajes. La trama, al mismo tiempo, es igual de limitada, pues cuenta con un único hilo argumental y es muy sencilla, casi básica. Pero, partiendo de estos escasos elementos, argumentales o físicos, el director lleva la historia mucho más allá, elevándola en niveles de profundidad, es decir, verticalmente en lugar de horizontalmente.

Utilizando todos los recursos del terror tradicional, como los sustos de sonido, las apariciones o visiones repentinas, las confusiones… Aronofsky crea numerosas situaciones de miedo que, unidas a la interpretación y marco dramáticos del resto del film, pueden parecer fuera de tono. La película está en el límite y, con un golpecito hacia un lado, podría desequilibrarse y resultar grotesca o ridícula. Sin embargo, la elegancia de la fotografía, ambientación y vestuario de ‘Cisne negro’ consigue que todo sea tomado con la seriedad que requiere para que no se salga de esa angustia y esa desesperación que llevan, en ocasiones, al estremecimiento.

Cisne negro

Aviso: la crítica puede contener algún atisbo de información sobre el desarrollo de la trama en sus primeros minutos.

Nos encontramos ante un film de terror psicológico, uno de los géneros que recibo con mayor agrado, pero en el que resulta más difícil hallar productos capaces de retratar con credibilidad la mente enferma, sus causas y consecuencias. El abultado equipo de guionistas ha realizado un excelente trabajo al haber sido capaz, no solo de retratar la locura y contagiar la desesperación, sino también de explotar al máximo las posibilidades, pero sin llegar a pasarse, a pesar de que, como digo, se encontraban cerca de la línea divisoria.

Lo curioso es que, si se buscasen referentes para este film, podrían hallarse en géneros muy dispares de la historia del cine. Podríamos mencionar ‘Eva al desnudo’ y su versión contemporánea ‘Showgirls’, tanto como se podría suscitar ‘Carrie’, especialmente por la relación de la protagonista con su madre, una excelente Barbara Hershey, que produce más terror que los espejismos de Nina. Pero las verdaderas referencias se encontrarían en un cine de terror psicológico más europeo, como la ‘Repulsión’ de Polanski y otras cintas de semejante acercamiento a la locura.

Cisne negro

Obsesión por la perfección

La exagerada disciplina que exigen algunas carreras artísticas se ha explorado ya en films anteriores, como ‘La pianista’, de Michael Haneke. Si esta educación restrictiva que la ha convertido a la protagonista casi en una frígida inhumana, sin capacidad para vivir, fuese el único sustento argumental de ‘Cisne negro’, nos encontraríamos con una cinta más sobre un tema ya muy visto. No obstante, en este caso es solo un complemento a todo lo demás y, para ser únicamente un aspecto secundario, está estudiado con equivalente acierto.

Se lleva más allá esta exploración al hablar de interpretaciones que aquí se aplican a la danza, pero que valdrían igualmente para el cine, el teatro y la televisión. ‘Cisne negro’ nos habla de lo que debe sacrificar un intérprete para encarnar un papel. Dejar salir el lado negativo porque el guion lo exige puede ser una forma de abrir una caja de Pandora que era mejor que permaneciese bajo siete llaves.

Mila Kunis en Cisne negro

Protagonista absoluta

‘Cisne negro’ es una cinta de protagonista absoluta. Contamos con un único punto de vista, el de Nina o Natalie Portman, quien sostiene el film, espléndida en todas las facetas de su personaje y sorprendente en su transformación. El esfuerzo de la actriz por encarnar el papel más rico y complicado al que se ha enfrentado se ve más que recompensado. Los premios que ya ha obtenido y aquellos a los que aspira son y serán, sin duda, merecidos.

Los demás personajes sirven cada uno un propósito diferente dentro de la involución que va sufriendo la reina cisne. En este sentido, el más interesante lo encarna Mila Kunis, quien sorprende con una brillantísima interpretación, que funciona en ocasiones de contrapunto y en otras de alter ego de la principal. Vincent Cassel está perfecto en un enigmático personaje que acarrea la función de catalizador para desencadenar todo el fuego que Nina llevaba dentro: él es la motivación para que ella sufra su metamorfosis. Ryder supone ese futuro al que la protagonista odiaría acercarse… y así el resto de los personajes que, perfectamente, podrían vivir en la mente confusa de Nina.

Conclusión

Si confieso la verdad, me acerqué ayer tarde al cine para ver ‘Cisne negro’ un poco con esa idea de «hay que verla» porque está nominada, porque todo el mundo habla de ella… pero sin demasiadas ganas. Y la película me sorprendió gratamente al entrar dentro de ese género que tanto me gusta, pero que tan pocas veces se hace bien y también al estar tan bellamente rodada y maravillosamente interpretada.

Mi puntuación:

4

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