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Cómic en cine: 'Catwoman', de Pitof

Cómic en cine: 'Catwoman', de Pitof
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El éxito de 'Batman vuelve' ('Batman Returns', Tim Burton, 1992) propiciaba, como ya vimos en su momento en la entrada correspondiente del especial de Tim Burton, que la Warner se terminara de volver "loca" con el personaje y comenzara a plantearse la posibilidad de aumentar la franquicia con la adición de un spin-off dedicado a esa ambigua villana que era la Catwoman encarnada por Michelle Pfeiffer.

Con una premisa básica que habría hecho arquear a más de uno las dos cejas, la pretendida continuidad de Burton en el universo del hombre murciélago se truncaría definitivamente cuando la pre-producción de la cinta sobre la felina se comenzó a postergar más de lo deseable. Y después del relativo tropiezo que la saga tuvo tras el olvidable 'Batman Forever' (id, Joel Schumacher, 1995), los responsables de sacar adelante el proyecto comenzaron a dar muestras de estar más interesados en menesteres menos arriesgados considerando, además, que el guión que por aquel entonces se barajaba era diametralmente opuesto al tono colorista de la cinta de Schumacher.

Y mientras dimes y diretes iban de acá para allá, y se hablaba de Ashley Judd como la futura Catwoman —de hecho se habló de ella hasta 2001— la cinta seguía sin llegar a buen puerto, un lugar en el que tendría que haberse quedado para siempre antes de terminar cayendo en las equivocadas manos de un cineasta y una terna de guionistas que cogieron al personaje, se quedaron con lo que les vino en gana, y tiraron el resto en una demostración de ineptitud que aún hoy, diez años después, nos sigue doliendo a los aficionados al noveno arte.

'Catwoman', el cómic

Catwoman comic

Creada por Bob Kane, como tantos otros secundarios del señor de la noche, allá por 1940 en el primer número de la serie 'Batman' —recordemos que el hombre murciélago irrumpió en el mundo de los cómics en el 'Detective Comics' número 27 de mayor de 1939—, Selina Kyle lleva setenta y cuatro años jugando al gato y al ratón con el alter ego de Bruce Wayne, convirtiéndose por derecho propio en uno de los personajes ineludibles a la hora de hablar de Batman y su universo y en uno de los amores imposibles del justiciero de Gotham con el que de forma más recurrente han jugado los guionistas del personaje a lo largo de las décadas.

Dada su relativa importancia en el devenir de las aventuras del héroe enmascarado, sorprende que Catwoman no se hiciera con cabecera propia hasta el propicio clima que para ello creó la segunda entrega de las aventuras cinematográficas de Batman firmada por Burton. Con la popularidad de la ambigua ladrona de joyas en plena efervescencia gracias a la encarnación de Michelle Pfeiffer, el primer número de 'Catwoman' vería la luz con guiones de Jo Duffy y, dato más importante, los lápices de Jim Balent, el artista que durante seis años (casi) ininterrumpidos dibujó a la fémina.

Junto al nombre de Balent —el equipo de guionistas de la serie rotó tanto que a día de hoy no hay ningún artista que sobresalga sobre otro— tres son los talentos creativos que determinaron, ya en éste siglo, un salto cualitativo en el personaje que, durante varios años, lo llegó a situar por delante incluso del propio Batman: Darwyn Cooke, Ed Brubaker y Cameron Stewart, que con la reinvención en clave noir de las aventuras de Selina consiguieron la que, sin lugar a dudas, es la mejor etapa que ha conocida la gata más peligrosa de todo el Universo DC.

'Catwoman', infumable

Catwoman 1
Comprobé cómo era tratada Catwoman en los cómics para cerciorarme de que nuestra heroína estaba en la misma onda. Pero no quise dejarme influir por los tebeos, porque la función de una película es ser primero película y ser diferente. Diferente de 'Batman', diferente de 'Spider-man' —esta película tiene su identidad propia. Traté de encontrar mi inspiración más en el personaje de Catwoman en sí mismo. Para mi, la Catwoman que estamos rodando con Halle Berry está en continuidad con las otras. Es diferente a Michelle Pfeiffer y a cualquiera que haya interpretado a Catwoman en el pasado. Pero es Catwoman. Cuando observas las diferencias entre el cómic de Catwoman y la serie de televisión o la película, son todas diferentes, pero las sensaciones son similares. Halle aporta su propia personalidad a través de su actitud y de su indumentaria. Pitof

Sinceramente, no sé que es más preocupante, que el director del engendro que hoy nos ocupa en Cómic en cine llegará a afirmar el cúmulo de sin sentidos que aparece en la cita anterior; que pensara que ser el cineasta que finalmente se iba a encargar de llevar a cabo un proyecto que llevaba más de una década dando tumbos por Hollywood iba a tener una relevancia suma en su trayectoria o que, en el fondo, se creyera a pie juntillas la citada sarta de sandeces y quisiera hacernos partícipes con las líneas de arriba de la grandeza sin par que se nos venía encima con 'Catwoman' (id, Pitof, 2004).

Tanto podría extraerse de las declaraciones de Pitof que resulta extremadamente sencillo acometer esta crítica analizando lo que de ellas se deriva y aplicándolo a lo que la cinta dió de sí en la cruda realidad. Comencemos con las tres primeras: habiendo leído las páginas del personaje desde su primera encarnación en solitario allá por principios de los noventa —y mucho antes en las muy diversas apariciones que conoció tanto en 'Detective Comics' como en la serie regular del hombre murciélago y los mil y un proyectos especiales de los que fue co-protagonista— dudo mucho que Pitof se documentara en los modos que lo afirma.

Catwoman 2

De ser así, la Catwoman que aquí tenemos que soportar no sería el personaje desvestido de carisma y personalidad que aparece durante las dos horas menos cuarto de un metraje sobre el que afirmar que es excesivo es quedarse bien corto. Cuidado, no seré yo el que se atreva a cuestionar a esa bomba de sexualidad que es Halle Berry en éste filme pero sí aquél que no tiene reparos en lamentar —y mucho— la reducción de un personaje con tanto potencial a contoneos de cadera, escotes de vértigo y cuatro líneas de diálogo mal paridas que, ante todo, no podrían ser más ridículas.

Huelga decir que ni la Catwoman perpetrada por Pitof está en continuidad con las que habíamos visto hasta entonces ya en el filme de Burton, ya en las curvas de Julie Newmar ni, como he comentado, es Catwoman. Y claro, si a eso le añadimos el lamentable panorama que se abre alrededor del elemento central de la trama, es normal que tanto Mikel como cualquiera con un mínimo de sentido común, acuda raudo a considerar este esperpento cinematográfico como uno de los peores filmes de superhéroes —dejémoslo mejor en personaje de cómic— que ha tenido la desdicha de ver.

Entre el cúmulo de desafortunadas decisiones, un guión que no va a ninguna parte —y mira que la idea de que Catwoman sea una figura que forma parte de un legado de mujeres gato ni me pareció, ni me sigue pareciendo mala—, una villana encarnada por Sharon Stone a la que no hay quien se crea, una dirección lamentable que abusa de unos efectos visuales más bien escuetos y manda a tomar viento fresco el concepto de narración, una banda sonora de Klaus Badelt de la que nada hay que pueda destacarse...vamos, que supongo que os hacéis una idea clara de por qué tantos nos alegramos al ver lo que Nolan hizo con Selina Kyle...con mucho menos ruido.

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