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Cómic en cine: 'Sin City: Una dama por la que matar', de Frank Miller y Robert Rodríguez
Críticas

Cómic en cine: 'Sin City: Una dama por la que matar', de Frank Miller y Robert Rodríguez

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De una parte críticas muy poco halagüeñas y un funcionamiento paupérrimo en las taquillas del otro lado del charco. De la otra, tras unas pocas pesquisas, la confirmación de que en España no iba a llegar a las salas de cine y se estrenaría directamente en formato doméstico. Vamos, que si lo primero no era suficiente para plantearme serias dudas acerca de ‘Sin City 2: una dama por la que matar’ ('Sin City: A Dame to Kill For', Frank Miller & Robert Rodríguez, 2014), la tardía secuela de la espléndida adaptación del cómic de Frank Miller que Robert Rodríguez llevó a cabo allá por 2005, lo segundo terminaba de poner la puntilla previa a las expectativas personales por visionar el filme.

Teniendo que recurrir pues para poder verla a canales de "parche y loro en el hombro", he de lamentar que los ecos que llegaban desde tierras yanquis no estuvieran exentos de razón. Y aunque no la considero tan “nefasta” como lo que pude llegar a leer en algunos rincones de la red, sí que es muy cierto que, primero, es notablemente inferior a su predecesora en la práctica totalidad de aquello que rodea a sus cualidades visuales y, segundo, hace gala de un guión que, de una parte, arruina por completo aquello que Miller planteaba en las páginas ‘Moriría por ella’ mientras de la otra aburre hasta las piedras con nuevos segmentos ideados ex-profeso para la presente producción.

'Sin City: Una dama por la que matar', más blanca que noir

Sin City 2 1

Entrando a desarrollar algo más las dos afirmaciones que conforman el grueso crítico del párrafo anterior, si hay algo que el visionado de ‘Sin City’ dejó claro en 2005 es que la firme apuesta de Robert Rodríguez por respetar al máximo el estilo visual del cómic de Miller se había terminado saldando de la mejor forma posible: el tratamiento de los claroscuros, el muy puntual uso del color, las angulaciones calcadas de las viñetas y una narrativa que se volcaba en trasladar de la forma más precisa posible a 24 fotogramas por segundo la iconografía de las viñetas eran los valores más sobresalientes de un filme que dejaba un “retrogusto” —que dírían en 'Master Chef'— asombroso.

Nueve años después, dichos valores no se han movido. Es más, se podría afirmar que por dar exacto semblante a la segunda entrega, Rodríguez ha anquilosado las formas de tal manera que lo que era originalidad se ha convertido en rutina, y nada de lo que aparece ante nuestra mirada provoca el más mínimo interés cuando la memoria visual reconoce en las fórmulas de hace diez años de forma inmediata todo aquello que ha terminado formando parte del montaje final.

Sin City 2 2

Las interpretaciones de la práctica totalidad del elenco no ayudan mucho a que el espectador se desprenda de esa molesta sensación de familiaridad y, salvando a un Mickey Rourke que vuelve a clavar al gran Marv, el resto del reparto hace gala de un talante tan anodino que emocionarse por las salvajadas típicas de ‘Sin City’ resulta un ejercicio harto complejo. Con responsabilidades repartidas a partes iguales entre Eva Green —la única capaz de animar algo la función…no sé si me explico—, Josh Brolin, Joseph Gordon-Levitt o una insoportable Jessica Alba, no hay aquí las ganas de aprovechar el talento de unos artistas que sabemos con muchas más capacidades.

Pero claro, si a estos intérpretes se les coloca por delante un guión como el que se desarrolla en los 102 minutos de duración del filme, uno empieza a comprender el por qué del tedio que invade toda la función de principio a fin. El libreto de Rodríguez y Miller es, a todas luces, el principal responsable de que ésta ‘Sin City′ termine quedándose a tanta distancia del brillante funcionamiento de una primera parte que, a la luz de lo que podemos contemplar en esta continuación, bien habría seguido sin la innecesaria compañía de tan inservible segunda parte.

Sin City 2 3

Cabría destacar aquí que los problemas que el tratamiento de la historia arrastra atañen tanto a la sosería con la que se plantea la adaptación de ‘Moriría por ella’ como al mayúsculo tono de chorrada intrascendente —y no es que uno quiera encontrar a Shakespeare aquí, es que puestos a seguir con el símil literario, no hay cabida ni para Harold Robbins— con el que Miller reviste a los relatos originales que se suman al central. Dos historias cortas, de esas que el autor habría resuelto a golpe de pocas páginas en la versión en cómic y que aquí se despliegan durante unos minutos que se antojan interminables.

Es algo que ya sabíamos —y el que no lo sepa que eche un vistazo a sus últimas y execrables publicaciones en papel—, que no queríamos terminar de creernos y que ‘Sin City: Una dama por la que matar′ termina de despejar: el Frank Miller de una de las tres mejores etapas que ha conocido ‘Daredevil’ a lo largo de su historia o aquél que agarró a Batman y le dio la vuelta con ‘El regreso del caballero oscuro’ ha pasado a mejor vida. D.E.P.

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