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'Doctor Sueño': Mike Flanagan reconcilia a King y Kubrick, consagrándose como uno de los grandes nombres del terror actual
Críticas

'Doctor Sueño': Mike Flanagan reconcilia a King y Kubrick, consagrándose como uno de los grandes nombres del terror actual

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Las adaptaciones literarias a la gran pantalla, por norma general, suelen ser un terreno especialmente pantanoso. Muchas son las historias de acuerdos y desacuerdos entre novelistas y cineastas que, históricamente, han trascendido tanto dentro como fuera de la maquinaria hollywoodiense, siendo, probablemente, uno de los casos más peculiares, el de 'El resplandor' de Stanley Kubrick.

Dede 1980 se han alzado infinidad de voces reivindicando el título protagonizado por Jack Nicholson como una de las grandes obras maestras del género. Pero entre alabanzas más que justificadas, Stephen King se alzó como un férreo detractor de la visión que el neoyorquino proyectó sobre su obra, de la que criticó tanto su forma como su contenido, definiendo a Kubrick como "un hombre que piensa demasiado y siente muy poco".

Estas discrepancias, en absoluto infundadas y, hasta cierto punto, comprensibles, son las que hacen aún más relevante el inmenso logro alcanzado por Mike Flanagan en la excelente 'Doctor Sueño'. Una exquisita sinfonía de ese terror elegante y contenido que muchos creíamos en peligro de extinción, que logra prácticamente lo imposible: reconciliar a King y Kubrick al aunar las almas de ambos maestros en 150 minutos para enmarcar.

Una pieza brillante forjada con tres grandes mentes

Resulta sorprendente que en menos de una década —si consideramos 'Absentia' como su carta de presentación frente al público especializado—, la trayectoria de Flanagan haya evolucionado hasta el punto de hacerle merecedor del estatus de autor, y de permitir asociarle a un sello personal; desarrollado a través de su filmografía reciente, perfeccionado en 'La maldición de Hill House' y consolidado en su última película hasta la fecha.

'Doctor Sueño' supone la reafirmación de un cineasta capaz de articular relatos de horror huyendo de los estándares de la industria actual y los grandes estudios; haciendo gala de un clasicismo y una sobriedad propios de otra época —no hay cabida a jumpscares y subidas de volumen en su deliciosa concepción del género— sin renunciar a una sofisticación formal y narrativa que redondea la que, con permiso de 'Midsommar', es la película de terror del año.

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Este estudio de personaje centrado en un Danny Torrance adulto, batallando con el alcoholismo y con los fantasmas —nunca mejor dicho— del pasado, aúna las sensibilidades temáticas que Flanagan ya mostró en cintas como 'Somnia' u 'Oculus', potenciándolas gracias al material original de un Stephen King experto en construir personajes humanos y explorar conflictos mundanos en mundos excepcionales y tenebrosos.

El lento y absorbente desarrollo de 'Doctor Sueño', que muchos verán como un impedimento para su pleno disfrute, no es más que el fruto de la necesidad para desarrollar su magnético discurso sobre la muerte, la redención y los pecados heredados de nuestros padres. Una lóbrega historia enriquecida por un protagonista redondo y una carismática villana marca de la casa King, interpretada por una Rebecca Ferguson inmensa, que se revela como una suerte de reverso femenino del icónico Randall Flagg de 'Apocalipsis'.

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Poco a poco, el largometraje nos conduce hacia lo inevitable: el retorno al pasado traumático de Danny representado por los laberínticos pasillos del hotel Overlook en los que se ambienta el tercer acto del filme. Una gran traca final en la que Flangan reverencia 'El resplandor' de Stanley Kubrick huyendo en todo momento del reclamo comercial nostálgico tan de moda hoy día y aprovechando el referente para integrarlo en la narrativa de forma tan inteligente como coherente.

Aunque en última instancia haya sido edificada sobre el genio de su máximo responsable, 'Doctor Sueño' no deja de ser el producto de tres grandes mentes que, sin la necesidad de haber compartido espacio o tiempo, han hecho posible una pieza brillante en la que resplandece el corazón de Stephen King, el cerebro de Stanley Kubrick y las manos de artesano de un Mike Flanagan que ya se ha ganado a pulso un hueco entre los grandes nombres del terror.

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