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'El año más violento', el hombre que quería ser honesto

'El año más violento', el hombre que quería ser honesto
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Con sólo tres películas, J.C. Chandor se ha convertido en uno de los narradores más interesantes del cine estadounidense. Es precisamente su tercer título, ‘El año más violento’ (‘A Most Violent Year’, 2014) el que para mí le hace ya merecedor de tal definición. Pero ya en sus anteriores trabajos, la inquietante ‘Margin Call’ (id, 2011) y la angustiosa ‘Cuando todo está perdido’ (‘All is Lost’, 2013) podía verse sin ningún problema a un narrador a contracorriente que se toma su tiempo para contar una historia, alejado totalmente de las fórmulas que invitan al consumo rápido y el olvido inmediato.

‘El año más violento’ es la mejor película de Chandor. En ella se realiza uno de esos ejercicios de revival sobre la época de los ochenta, con claras influencias estilísticas de la década anterior. La inmersión que el director realiza en el thriller lleva la huella de directores como William Friedkin e incluso Francis Ford Coppola, en su retrato de un hombre que rechaza la violencia y la corrupción como forma de vida, chocando de narices contra un mundo que no es más que una cloaca llena de ladrones y gente que quiere hacerse rica de la forma más fácil posible.

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Oscar Isaac, en un papel que era para Javier Bardem, que se bajó del proyecto por las típicas diferencias creativas con la dirección, da vida a Abel Morales –el nombre es un anagrama de las palabras “able” y “moral”, de continua presencia en el argumento del film− que trata de ganarse la vida, acomodada y sin preocupaciones, de forma honesta dirigiendo una red de transporte de combustible. A principios de los ochenta, Abel, de origen hispano, tendrá que enfrentarse a dos serios problemas, por un lado la investigación de un fiscal (David Oyelowo) que le cree corrupto, y el robo de alguno de sus camiones.

Abel ve peligrar su modo de vida por dos frentes a los que da la cara de la forma más honesta posible. Es precisamente ese elemento en el relato lo que posee mayor interés en una película que se toma, como en las citadas, su tiempo para definir y desarrollar a sus personajes, mientras los encierra en una puesta en escena de cámara fija y apenas movible, salvo en un par de momentos catárticos y que curiosamente se hermanan con el cine de acción bien entendido. ‘El año más violento’ sólo muestra una muerte en pantalla y sin embargo se desarrolla en el año de mayor violencia de la historia de New York.

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Violencia contenida

La violencia de la que habla el título, permanece oculta en el subtexto, en cada conversación de Abel con todo aquel que es sospechoso de arremeter contra su empresa y familia, oculta en cada sombra que parece acechar su vida sin razón aparente. Una violencia contenida como hacía tiempo que no se veía y que, junto a ese retrato apagado y frío de la ciudad, hermana al film con ‘La noche es nuestra’ (‘We Own the Night', James Gray, 2007), aunque luego ambas películas recorren caminos muy diferentes. Pero hay en ellas miradas muy pesimistas y descorazonadoras que atrapan al espectador con una atmósfera opresiva y casi asfixiante.

Asfixia que formalmente encuentra su ventana de escape en dos persecuciones en las que la cámara se libera de esa opresión en busca de una libertad y verdad que se descubrirán tarde. Primera de ellas, la de uno de los conductores de camión –débil personaje en todo el contexto del film−, asustado por su vida, y la segunda con Abel como perseguidor, de sentido bien diferente y que retrotrae directamente a ‘Contra el imperio de la droga’ (‘French Connection’, William Friedkin, 1971). Un hombre intentando hacer lo correcto en un mundo donde lo incorrecto es ley y forma de vida. Autoengañándose paso a paso, golpe a golpe.

Jessica Chastain, en una de las seis películas que protagonizó durante el 2014, y que la Academia ignoró de forma vil con cero nominaciones a la que sin duda es una de las actrices del momento, es el contrapunto y complemento perfecto a un Isaac totalmente entregado. Anna Morales representa la seguridad y apoyo emocional de Abel, uno de esos personajes femeninos que permanecen en aparente segundo plano, como el Skyline de New York, como atrayente y admirado paisaje de lo que podrá conseguir.

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