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Gran Cine de Aventuras: 'Un hombre', western descarnado

Gran Cine de Aventuras: 'Un hombre', western descarnado
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Dentro de este ciclo de cine de aventuras, si bien no las mejores de todos los tiempos (¿alguien puede establecer una jerarquía sin desesperarse en el intento?...además, de muchas de las más grandes ya hablamos en Blogdecine antes del ciclo) sí intento hacer un compendio de algunos de los referentes temáticos y formales empleados con mayor asiduidad. Las constantes en el cine de aventuras de mayor calado suelen ser siempre las mismas: utilizar el género como excusa o como mero referente para, a partir de él, construir una mirada acerca del mundo y del hombre. El mundo siempre o casi siempre hostil y lleno de adversidades, y el hombre como una mota infinitesimal que, a pesar de los pesares, consigue salir adelante, no sin antes perder parte de su ingenuidad, de sus creencias y de su inmadurez, saliendo reforzado en su confianza, en su independencia y en sus emociones más primarias. Mucho de esto hay en el western (género mítico donde los haya, del que Alberto Abuín nos está dedicando un especial) que en su retrato de los pioneros de las grandes llanuras de América ahondó en la figura del hombre violento y solitario que ha de decidir por su cuenta los límites morales de la sociedad.

'Un hombre', absurda aunque hasta cierto punto lógica traslación al castellano del original 'Hombre' (que es tanto el tema de la película como el apodo apache del protagonista, lo que resulta bastante más interesante...) fue dirigida en 1967 por Martin Ritt, uno de esos profesionales consumados que salieron de la industria televisiva de principios de los sesenta (y que como otros muchos cambiaron bastantes cosas en la industria cinematográfica), y es un título que nadie colocaría en el olimpo de los más sublimes westerns (yo tampoco, la verdad), pero en su cruda belleza, en su asfixia anímica, posee una verdad y una fuerza expresiva muy notables, y es perfecta para incluirla en este ciclo porque gracias a su peripecia asistimos a cuestiones muy poco presentes en westerns más clásicos: enfrentarse a la muerte violenta sabiendo que no hay salvación, en un relato en el que el romanticismo, la épica, la redención, la tradición... y otros conceptos tan caros al western, quedan completamente desterrados. Eran años oscuros y revisionistas y ya no podían contarse las mismas cosas de la misma manera que en 1939.

A medio camino entre Ford y Peckinpah

Sin demasiado esfuerzo, se encuentran bastantes paralelismos (no solamente en la historia, también en el tratamiento de los personajes) con 'La diligencia' ('Stagecoach', John Ford, 1939), mientras que la mirada áspera y descarnada de Ritt entronca con la del Peckinpah (realizador que estaba a punto de conocer la plenitud como artista) más furioso. De nuevo un viaje en diligencia en el que diferentes caracteres se embarcan buscando ese destino que parece esconderse de ellos. De nuevo, un hombre al margen del resto de personajes, con su propio código moral y su propia misión, al margen de la sociedad establecida, y de nuevo una amenaza externa mucho peor que la de los "nativos americanos sedientos de sangre". Concretamente, la avaricia, el vacío vital de los hombres blancos, su crueldad sin límites, que acorralarán a un reducido grupo de personas, a cual más interesante, buscando un oro que, en verdad, pertenece a los apaches. No hay aquí buenos y malos, hay fuertes y débiles, crueles y compasivos, valientes y cobardes. Y a menudo se confunden.

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En los westerns de los años treinta, cuarenta y cincuenta, aunque existían cineastas que en sus westerns trataban de ofrecer una visión moderada de los nativos americanos, a lo más que llegaban era a una visión algo contradictoria de ellos, cuando no superficial o tópica. Hubo que esperar a los años sesenta para alcanzar un retrato algo más equilibrado de lo que fue aquella masacre y aquel racismo sin ambages. Películas como 'Un hombre', con un protagonista que poseía lo mejor de ambos mundos, eran no solo valientes, también necesarias. Poco comerciales pero llenas de vigor poético. Paul Newman, ya toda una estrella, está espléndido como John Russell, quien al recibir una herencia de su familia blanca decide venderlo todo para entregárselo a sus hermanos. Hierático, las emociones se contienen en su interior, mientras ofrece una máscara de displicencia hacia el exterior. Nada le importa, salvo cumplir con su verdadero pueblo, y demuestra una y otra vez su superioridad moral ante los blancos, demasiado limitados por una mirada hipócrita, reduccionista del mundo.

Sólo en el último momento tomará la decisión de ayudar a la única persona noble que le acompaña en su viaje, la valiente y compasiva Jessie, interpretada con fuerza impresionante por Diane Cilento, y la única persona blanca que demuestra algo en toda la película. Pero el fatalismo hace acto de presencia en cada giro inesperado, en cada golpe del destino, en cada detalle de esta huida desesperada de los bandidos en medio de un desierto inhóspito, pesadillesco, tanto de día como de noche. ¿Qué es lo que hace a esta película una gran película de aventuras? La sensación de un viaje físico absoluto, agotador, su carácter de peripecia moral, emocional y psicológica a un tiempo. Su ritmo impecable, que logra que la tensión suba más y más, imparable, hasta el cruento desenlace, en el que nadie gana, y el espectador, hundido anímicamente, se pregunta cuántas historias parecidas vivirá el hombre antes de que la codicia por el dinero, el odio a otras etnias, la demencia violenta queden erradicadas, si alguna vez lo son. Y medio de todo esto frases y diálogos existencialistas: "aprenda de los blancos, nos ayudamos los unos a los otros"..."más les vale", responde Russell.

Conclusión

Impecablemente fotografiada por James Wong Howe (operador chino que es una leyenda, medio silenciada, de su oficio...), con un montaje percutante y salvaje de Frank Bracht, con diálogos y secuencias antológicos, 'Un hombre' es una pequeña joya del western, no demasiado conocida, y una gran película de aventuras, sexta y última colaboración entre Martin Ritt y Paul Newman. En su final nos preguntamos cuántos de nosotros tendríamos el valor para un sacrificio semejante. Porque de sacrificios (es decir, el hacer algo por alguien aún cuando es posible que seas despreciado por ello) también habla el gran cine de aventuras. Y en el próximo capítulo, con la más completa película de Milius, seguiremos hablando de sacrificios.

Ciclo Gran Cine de Aventuras

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