'Her', ocultarse o huir

'Her', ocultarse o huir
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Theodore (Joaquin Phoenix) trabaja en una empresa de cartas de amor escritas a mano. Incapaz de lidiar con las circunstancias del divorcio de su primera esposa (Rooney Mara), compra un sistema operativo inteligente que resulta tener una personalidad más desarrollada de lo esperado. A través de sus conversaciones con esa voz artificial llamada Samantha (Scarlett Johansson), Theodore vivirá una extraña historia de amor.

"Es el amor / tendré que ocultarme o huir" escribía Jorge Luis Borges en su poema El Amenazado. Algo parecido le ocurre al personaje interpretado por un Joaquin Phoenix en las esquinas del ridículo, demostrando su versatilidad y su capacidad para generar caracteres al límite, renunciando al histrionismo instalado en Hollywood por los actores del método. Phoenix es, se ha dicho ya, una versión imposible de un actor de los cincuenta y así lo demuestra en esta película, el cuarto largometraje Spike Jonze.

Es natural que Jonze reciba acusaciones de ser peor guionista que director. A fin de cuentas, sus grandes aciertos dependieron del estado de inspiración de un gran guionista, Charlie Kaufmann, lo suficientemente poderoso como para hacer que él o Michel Gondry parecieran voces en igualdad y no autores a quienes atribuir el logro discursivo de manera individual.

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'Donde viven los monstruos' (Where the wild things are, 2009) fue una película un tanto insustancial para las iniciales audacias - estéticas y narrativas - que Jonze quería tomarse, la de rodar un relato infantil reproduciendo, también, el caos no solamente la imaginación que lleva a los niños a vivir en un espíritu de continua aventura.

La auto-compasión y la aceptación

Durante veinte, electrizantes y muy divertidos minutos 'Her' (id, 2013) anuncia una película que no llega. Una sátira de nuestra época, en un mundo poblado por hipsters inquietantes y retrasados, obsesionados con objetos de consumo y convenientemente aislados en apartamentos de clase media formando parte de una sociedad cursi y relamida. A todo ello ayudan la excelente fotografía de Hoyte von Hoytema y uno de los más imaginativos diseños de producción que recuerdo.

Después, decide construirse como odisea romántica y solamente al final, revela que quizás el tema de la película no era el amor sino la ausencia de éste y la aceptación y superación. El gran problema es que Jonze no tiene una voz madura: los recuerdos que Rooney Mara encarna son de dos tipos. O es una expresión indómita e irresistible de belleza o está triste y muy seria.

Nunca alcanzamos a vislumbrar a Theodore como un ser humano completo, y eso afecta al interés que pueda despertar el personaje, que funciona más como el anhelo de su público antes que como un ser humano completo. El anhelo es autocompasivo, de acuerdo, pero igualmente narcisista: a fin de cuentas, la película se cierra con una ejemplar carta de despedida que me pareció más inquietante que bella.

¿Por qué inquietante? Con gran frecuencia oímos a la gente expresar admiración por "la sinceridad" y ese valor lo atribuyen también a la música, a la televisión, a la literatura. La sinceridad no es más que una estética; no es una garantía de nada. ¿Puede la sinceridad significar inteligencia? ¿Puede una persona sincera ser capaz de explicarse a si misma?

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Ése es el principal problema de Jonze: no nos deja entender la sexualidad - como mínimo turbia y desnortada - de Theodore en su pasado y presente, y no permite que ahondemos en las heridas de su soledad. Tampoco se interesa por la sátira y su otro personaje femenino, encarnado por una irreconocible Amy Adams, con un habla de auto-ayuda ("el pasado es solamente una historia que nos contamos") no parece ser de gran utilidad. El rechazo del protagonista a dos mujeres entregadas y atractivas confirma la pereza del guión para explorar zonas en verdad oscuras de su personaje y lo limpia de aristas inquietantes.

Es una película entretenida, ocasionalmente ingeniosa, pero también discutible, tramposa e inquietante. El talento de Jonze sigue a la espera de mejores guiones. Alberto, Mikel y Sergio fueron más positivos.

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