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'I Am a Hero', los infectados evolucionan
Críticas

'I Am a Hero', los infectados evolucionan

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Hace poco más de un par de meses llegaba a los cines españoles el film coreano ‘Train to Busan’ (‘Busanhaeng’, Yeon Sang-ho, 2016), precedida de su exitoso paso por el Festival de Sitges, donde fue galardonada con los premios a mejor director y efectos visuales. El impactante y frenético film de zombies/infectados insufló, irónicamente, algo de vida a un (sub)género que sigue estando de moda —sobre todo gracias a cierta serie de televisión— pero en el que realmente destacan unos pocos títulos.

El buen recibimiento del citado film probablemente ha provocado el estreno de un film japonés, ‘I Am a Hero’ (íd., Shinsuke Sato, 2015) que, en la edición anterior de Sitges, se llevó los premios del público y efectos visuales. Basada en el manga de Kengo Hanazawa, la película ofrece algunos pequeños e interesantes cambios en el género, aunque en el fondo termine siendo lo de siempre y con una extraña tendencia al subrayado.

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Shinsuke Sato debutó en la dirección de largometrajes con la adaptación, en imagen real, de ‘The Princess Blade’, y desde entonces ha estado dirigiendo más adaptaciones de cómic. Su experiencia pasa por el conocimiento previo de la obra original, aunque eso no le convierte en el director adecuado para la empresa. ‘I Am a Hero’ no es una mala película, sí muy consciente de sus limitaciones y con las influencias bien asimiladas, pero también cae en la repetición y posee destacables bajones de ritmo.

Tomando elementos prestados de algunas cintas de George A. Romero, el padre de todo esto, ‘I Am a Hero’ desvela sus puntos más fuertes en ese reflejo de la actual sociedad japonesa, llena de frenesí y competencia social, mezclado con esa sensación de fracaso actual en un sistema que parece derrumbarse, añadiendo a los muertos vivientes el eco de sus vidas, en algunos casos simples comportamientos diarios, simple rutina, en otros sueños por los que luchar.

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Entre la vida y la muerte

Sirva como ejemplo uno de los zombies/infectados más originales y temibles vistos en el cine reciente, el del atleta olímpico de salto de altura que se convertirá en un muy temible enemigo en la segunda mitad del film. Con él, el sufrido protagonista —un dibujante de comics algo frustrado por su trabajo, algo cobarde y friki— deberá enfrentarse al mayor reto de su vida y convertirse en el héroe que está destinado a ser. Un sueño cumplido a través de una terrorífica realidad.

Sato se debate entre secuencias portentosas, caso del impresionante, por sencillo, plano secuencia del estallido zombie del inicio —en cierto modo nos recuerda al comienzo de la mejor película de Zack Snyder— y el ataque del zombie atleta que va aprendiendo en cada salto que realiza, y también situaciones demasiado subrayadas —esa ensalada de disparos final en una situación difícil de creer—, o parones de ritmo que estancan la película más de lo necesario.

Si comparamos ‘I Am a Hero’ con sus coetáneos estadounidenses hay algo en lo que sale claramente vencedora —dejando aparte los personajes por el evidente distanciamiento cultural—, en su sobriedad narrativa. Gracias a la cámara de Sato vemos absolutamente todo lo que ocurre en pantalla, huyendo de la taquicardia visual que, cual virus, contagia toda película sobre zombies salida de Hollywood. El buen ritmo no tiene nada que ver con el parkinson visual al que lamentablemente estamos acostumbrados.

También esa frescura y gracia con la que despacha las referencias en lugar de embelesarse con ellas, algo que se hace mucho últimamente con la prostitución de la nostalgia. Sólo por eso ya merece la pena.

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