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James Cameron (VIII): Mentiras y vulgaridades

James Cameron (VIII): Mentiras y vulgaridades
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A menudo, los grandes directores se permiten a sí mismos llevar a cabo bobadas por mero divertimento. Ahora bien, también es justo que si ellos se dedican a ganar grandes cantidades de dinero (como es el caso) y a pasárselo en grande, pero al mismo tiempo traicionan gran parte de su personalidad y de su coherencia artística, los seguidores de su obra deberíamos poner las cosas en su justo lugar: True Lies es, con mucho, la peor película de toda la carrera de James Cameron. Una nimiedad que, si bien no es totalmente nefasta, sí está presidida por una aplastante mediocridad, cuyas virtudes, que también las tiene, no logran hacer olvidar su conservadurismo, su carácter tendencioso y su humor sin gracia.

Remake de una película francesa de 1991, dirigida por Claude Zidi, titulada 'La Totale!', que muy poca gente ha visto y que resulta muy superior en todos sus aspectos a ésta. Vehículo de lucimiento para la estrella decadente que comenzaba a ser Arnold Schwarzenegger, quien encarna un héroe improbable sin el menor carisma ni fuerza dramática o cómica. Mixtura genérica que pretende ser un homenaje/sátira de Bond, pero que no convence en ninguno de los dos niveles, en un conjunto amorfo cuyo primer visionado entretiene sin problemas, pero al segundo o tercero comienza a revelar su torpeza.

La historia arranca al más puro estilo Bond (con la colaboración de un diseñador de producción habitual en esa saga, el británico Peter Lamont), pues seguimos a Harry Tasker en una clásica infiltración del género a una mansión de la que espera poder robar información fundamental para su país. Ya desde ese mismo comienzo se advierten varias cosas: el excelente trabajo de montaje de Conrad Buff, Mark Goldblatt, Richard A. Harris y el propio Cameron, no acreditado; el tono bufo muy poco acertado que va a ser una constante hasta el final; la fotografía impersonal, limpia y desapasionada de Russell Carpenter; y la falta de ambición y de garra de una puesta en escena y de un director que filma con pasmosa facilidad pero también con pasmoso desinterés.

Las investigaciones del invencible Harry Tasker le llevan al acecho de un terrorista islámico internacional, y pronto su trabajo resulta ser un obstáculo para llevar una vida familiar apacible, pues su mujer (una maravillosa Jamie Lee Curtis) se siente sola e ignorada, y su hija (una guapa Eliza Dushku en los inicios de su carrera) es una incomprendida adolescente y una pequeña criminal. En el momento en que ella conoce a un caradura vendedor de coches que se hace pasar (en una gran ironía) por agente secreto (interpretado con mucha coña y talento por ese gran actor que siempre es Bill Paxton) comienza la verdadera película, y es en esa zona central, con el espía/aburrido marido intentando recuperar a su mujer/falsa amante de un vendedor de coches/falso espía, donde están los mejores minutos de una comedia que debería haber tenido en Lee Curtis y su inolvidable Helen Tasker, a la protagonista de la misma. Pues ella es lo mejor, de lejos, de 'True Lies'.

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Poco nos importan, pues, las aventuras del marido, y mucho las de un personaje femenino en la mejor tradición del cine de su director, que primero se nos muestra como un ama de casa acomplejada, conservadora y predecible, y que explota hacia la mitad de la película como una mujer asombrosa, audaz e independiente. Su transformación final, en el pasillo del hotel, es antológica, y el momento siguiente (un strip-tease...digamos...accidentado) conforman lo más gracioso que podemos ver de una comedia de humor grueso (por decir algo suave), en la que Cameron da rienda suelta a un mal gusto (recordemos el plano inserto del puñetazo a Bill Paxton) y unas soluciones tramáticas de una vulgaridad impropias de un hombre que no parece él mismo.

Pero ya ni siquiera en las secuencias de acción, campo en el que Cameron ha demostrado su maestría en numerosas ocasiones, destaca esta película. Por primera vez son atropelladas, embarulladas, sin chispa. La secuencia del baño es demasiado larga y repetitiva, y su violencia coreografiada resulta poco verosímil. El plano subjetivo del gran villano chequeando cada uno de los compartimentos resulta hasta torpe y desganado en su planificación y encuadres. Y la posterior persecución a caballo carece por completo del dinamismo de otras cacerías motorizadas firmadas por el director canadiense, con un clímax en lo alto de un edificio que parece directamente sacado de una película de Terence Hill y Budd Spencer (recordemos a Arnie hablando con el caballo, ¡que se avergüenza de no haber saltado a otro edificio!). Si Cameron esperaba que nos riéramos con semejante humor de tercera, sin duda estaba completamente desconectado de la realidad.

Pero sucede una especie de milagro, y comenzamos a tener una historia más o menos simpática con la aparición del vendedor de coches. De pronto, la película cobra vida. Ahora tenemos a un personaje real con problemas reales, Helen, y a un marido celoso que abusará de las herramientas y posibilidades de su oficio para averiguar todo sobre la secreta relación y para intentar ofrecerle una redención a su esposa. Lástima que cuando llega lo mejor (el strip-tease) sea el final de ese pasaje, y regresemos, en mi caso de muy mala gana, a la historia de los terroristas islámicos dispuestos a sembrar el caos en Estados Unidos. Acompañados por Lee Curtis esta vez, pero disminuido su personaje casi a la nada por la servidumbre hacia su marido. Y es que ese es el primer indicio de incoherencia artística de Cameron. Nunca ninguna mujer de su cine había sido ninguneada (ni siquiera Lindsey Brigman en 'The Abyss') por el personaje masculino, sino que se había impuesto a él por pura fuerza moral, lo que aquí se ve falseado por las necesidades de una historia grotesca.

Como grotesco resulta el retrato que de los fanáticos terroristas hace Cameron. Por supuesto que se trata de una comedia, pero de una comedia familiar, no una comedia negra, y su forma de dibujar a los islámicos, más aún en los tiempos que corren, es insultante. Los trata directamente como a subnormales. Ignoro si algún musulmán ha visto esta película y se ha sentido ofendido, pero no me extrañaría. Yo me siento ofendido. Algunos dirán que su caricatura está permitida, pero en mi opinión confunden caricatura con ignorancia y soberbia. El plano final del gran villano, atado al misil y volando con él por los aires hacia su muerte, da vergüenza ajena.

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Pero sobre toda esa indefinición entre tonos (acción...comedia ligera..comedia negra), esa incoherencia y ese humor zafio, se eleva una broma absurda sobre las armas nucleares que, de golpe y porrazo, desbarata esa visión del apocalipsis nuclear (vista en el díptico 'Terminator' y en 'Aliens') no es más que un chiste. Algunos dirán que Cameron se ríe de sí mismo y del género (Sci-Fi muy aguada) que le ha hecho célebre. En opinión de quien esto suscribe, no se observa un espíritu cáustico o satírico (que cuando es adecuado enriquece un tema trágico), sino simplemente una flaqueza de recursos y de creatividad.

Tras la reafirmación del estilo de Cameron, visto en la rotunda obra maestra que es 'Terminator 2', una obra de madurez, Cameron efectúa un incuestionable gran paso atrás. ¿Podría rehacer el camino andado con su siguiente película sobre el más célebre hundimiento de la historia?

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