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'La gran estafa americana', sutiles conexiones

'La gran estafa americana', sutiles conexiones
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Un par de estafadores de poca monta Irving Rosenfeld (Christian Bale) y Sidney Presser (Amy Adams) son atrapados por un frenético y neurótico agente del FBI, Richard DiMaso (Bradley Cooper). Éste les propone atrapar a Carmine Polito (Jeremy Renner), el popular alcalde de Camden, Nueva Jersey, al que pretenden dar caza con una estafa que pruebe sus conexiones con la mafia y la corrupción.

Partiendo de unos hechos reales, la operación ABSCAM, y un libreto escrito por Eric Warren Singer, esta es la mejor (y la más eficiente) de todas las películas que ha escrito y dirigido David O'Russell. El guión de Singer, en la lista negra de guiones de 2010, fue reescrito en un tono más cómico por un O'Russell felizmente preocupado por darle a la película un aspecto ligero.

'La gran estafa americana' (American Hustle, 2013) es una película suntuosa, muy bien dirigida, escrita, montada e interpretada, con banda sonora naturalmente repleta de temazos, pues la acción transcurre en los años setenta, y una efectividad tremebunda. Sin embargo, no es esa la razón por la cual me ha parecido ésta una apuesta madura, compleja, matizada. A mi compañero Sergio le agradó con moderación.

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Me resulta curioso como la película contaba con todos mis prejuicios y bien está que una película derribe unos cuantos, o al menos los necesarios. Suspicaz ante O'Russell, un buen director artesanal antes que un autor, pensaba que 'El Lobo de Wall Street' (The Wolf of Wall Street, 2013) iba a ser la película del año frente a una versión, más o menos eficaz, de un thriller setentero.

Ha sido al contrario. Ambas son películas, curiosamente, sobre estafadores y O'Russell roba (voz en off, narración desde puntos de vista) algunas maneras narrativas a Martin Scorsese, pero ninguno de sus usos. Scorsese quiere que pensemos que un estafador, que no tuvo apenas poder real en Wall Street como determinan los hechos, es todos los estafadores frente a nosotros: audiencia estúpida, complacida y de repente revelada. Las historias de Scorsese, incluso las irónicas, son historias de redención, de ascenso y caída y posible absolución.

En medio de una situación tan compleja como la que propone el crédito en Wall Street opta por jactanciosas y sentenciosas frases sobre el presente. Curiosamente, O'Russell hace todo lo contrario: su relato de estafadores es un relato bastante verosímil de cómo nos relacionamos frente al Poder y de cómo algunas conciencias pueden tratar de llevar una vida, y los precios que deben pagar.

El guión de O'Russell establece demasiadas conexiones sutiles para que su tono de comedia nos libre de sospechar de la profundidad de su mirada. Se permite varias audacias, como una narración inicial en la que combina varios puntos de vista y una modélica construcción de secuencias, al ritmo de la música, usando temazos de la época, como los de Electric Light Orchestra o Donna Summer, o recurriendo a la sensualidad de Duke Ellington. Irving Rosenfeld, el antihéroe al que da vida un estupendo, locuaz y francamente esperpéntico Christian Bale, es un superviviente nato. En medio de los engaños, comienza a buscar la verdad.

O, dicho de otra manera, vivir sin mentiras. Pero es demasiado tarde. Su amistad con Carmine Polito (Jeremy Renner) se llenará de matices. Porque la película distingue entre grados de corrupción, tal es la madurez del cineasta O'Russell. El alcalde de Camden se ensucia las manos con el fin de crear puestos de trabajos para sus conciudadanos: El sistema no es justo, pero ¿hasta qué punto es injusto alguien que se salta esas reglas para ayudar a quienes lo han votado?

¿Y qué decir de DiMaso, el agente encarnado por un adecuadamente histriónico Bradley Cooper? Es patético. Desea locamente a la compañera de Rosenfeld. Es excesivo y grandilocuente. Pero al final, fracasa. La distancia entre O'Russell y Scorsese es la distancia que recorre el agente DiMaso al entrar a un restaurante y pasar de una sala, repleta de mafiosos felices y bebedores, a otra oscura, en la que aparece, qué otro actor podía ser, Robert DeNiro, en el papel de un verdadero y poderoso representante de la mafia.

La película entonces monta una distancia del todo inquietante. Entre los dos estafadores y el mafioso. Una persona realmente poderosa y amenazadora, no necesita alzar la voz, pues ha vivido el tiempo suficiente para saber cómo manejar a la gente.

Y de ahí, al amargo y lúcido final. La traición, uno de los temas más interesantemente abordados por la película, se convierte en una decisión ética: la traición para seguir viviendo, la traición para poder vivir en paz, lejos de uno mismo. Y, al mismo tiempo, la traición delata de quienes somos voz: de uno u otro amo.

La película es pesimista, pero no lo parece.: no caerán los corrompidos y verdaderamente poderosos, caerán los peones, los fáciles, condenables y sensacionalistas hombres de medio pelo a cuyos matices no atenderemos, incrédulos, necesitados de adjetivos y carnaza. Y desaparecerán, claro, los policías que una vez trataron de hacer tambalear el sistema.

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Este estudio de personajes, que ofrece también una magnífica interpretación cómica de Jennifer Lawrence, tiene muchas cosas que decir, entre ellas un interesante personaje femenino, encarnado por una Amy Adams polisémica y magnífica, en cuyas dudas se escribe la sustancia misma del destino de dos hombres y de su identidad.

Pero lo que la película de O'Russell asegura, y con no poco humor, es que la vida mancha y no lo hace porque existan burdos payasos riendo a nuestra costa.: lo hace porque tendremos que sobrevivir, al viento, a la traición, a nosotros mismos. Por eso mismo, es una de las películas de Hollywood más inteligentes de los últimos tiempos, porque en su mirada espera que seamos nosotros quienes establezcamos las sutiles conexiones.

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