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Martin Scorsese, los comienzos de un coloso

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Scorsese ingresó en la New York University en 1960, y permaneció allí hasta 1965. En el transcurso de aquellos años, en los que pudo filmar varios cortometrajes (algunos de los cuales he incluido más abajo para que el lector pueda verlos), se empapó sobre todo de las corrientes cinematográficas más vanguardistas, como la Nouvelle Vague o el Neorrealismo Italiano, que en los sesenta lo cambiaron todo. También, por esos años, fraguará una serie de importantes amistades, como la que desde entonces le une con otro importante director compañero de generación: Brian de Palma, con quien asistía a algunas clases y al que le uniría una afinidad nada difícil de comprender. Por esos años también se casó por primera vez y nació su primera hija. Y aunque su verdadero debut fue la casi imposible de encontrar, y la muy amateur Vesuvius IV’ ‘Vesuvius VI’, podemos considerar como su primer cortometraje medianamente profesional el que realizó en 1963: ‘What a Nice Girl Like You Doing in a Place Like This?’.

Comenzaba así la andadura de uno de los cineastas más admirados de la actualidad, que en aquellos tiempos tuvo serios problemas para salir adelante, en plena crisis de la antiguos estudios, con la efervescencia de la televisión y en una época convulsa en norteamérica, tanto en lo social, como en lo económico y lo político. Ni siquiera en 1967, fecha del último de ellos antes de su primer largometraje, sabía si podría acceder a una continuidad laboral (ni muchísimo menos que se convertiría en el director prestigioso que es hoy día). Tres cortometrajes hechos con las tripas, con el corazón, y con bastante instinto, por mucho que en conjunto ninguno de ellos sea realmente redondo ni deslumbrante. Pero ya se advertía una voluntad de narrar de forma anticonvencional, con el riesgo que entraña balancearse entre lo sublime y lo fallido, riesgo que ha acompañado a Scorsese durante toda su carrera.

‘What’s a Nice Girl Like You Doing in a Place Like This?’

No están lejos aquí algunos de los temas, e incluso algunas soluciones formales que se verán ampliadas y corregidas en futuras realizaciones. Aparecen ya los temas de la obsesión y de la autodestrucción, pero también un montaje vertiginoso, casi impresionista, rebelde y audaz, que ya se erige en signo de la inquietud narrativa del director, de su vertiginoso pulso visual. La voz en off tan de la Nouvelle Vague y el blanco y negro tan expresivo terminan por definir una propuesta no exenta de valentía.

‘It’s Not Just You, Murray!’

Parte I

Parte II

De nuevo con una voz casi predominante, para muchos este cortometraje representa la primera indagación por parte de Marty, es decir, la primera ocasión, en que podemos introducirnos en su universo luego expandido en filmes como ‘Who’s That Knocking at my Door?’ (1967), ‘Malas calles’ (‘Mean Streets’, 1973) o ‘Uno de los nuestros’ (‘Goodfellas’, 1990). Muy influenciado por el descubrimiento de Federico Fellini, más concretamente por su ‘Ocho y medio’ (1963), la cámara de Martin se muestra más fluida, menos encorsetada, y como si tuviera vida propia sigue a los dos personajes protagonistas con descaro adolescente, feliz por poder captar su amistad y su traición mutua.

Este trabajo se llevó el premio Jesse L. Lasky Intercollegiate Award en 1964, lo que dio esperanzas al joven Martin (de apenas veintidós años), para enfrentarse a su primer largometraje.

‘The Big Shave’

Gracias a su anterior cortometraje, y a pesar de encontrarse en pleno proceso (casi interminable) de llevar a buen puerto su primer largo, Scorsese recibió la ayuda económica del patrón de la Cinemateca Real de Bélgica, Jacques Ledoux, y pudo llevar a cabo su idea para ‘The Big Shave’, probablemente el más famoso de todos sus cortos, tanto por la metáfora que supone como por su radical idea e historia.

En 1967 tenía lugar la aparición de este curioso corto, cuyo argumento es de sobras conocido: un joven afeitándose frente a un espejo. Poco a poco, en lugar de afeitarse la barba, comienza a arrancarse la piel a tiras con la cuchilla. Pero continúa afeitándose, sin aparentar dolor. La sangre cubre su cara y su cuello, así como el lavabo. Se trata de un alegato en toda regla contra la guerra de Vietnam, cuya austeridad y audacia le hacen acreedores de su fama.

Estos tres cortos representan una verdadera declaración de intenciones por parte del director de Queens: la de contar sus relatos a su propia manera, sin complejo a la hora de mostrar sus influencias ni sus intenciones, empleando más el corazón que la cabeza, es decir, siendo sobre todo pasional y vehemente para con sus personajes y sus historias. Actitud que, con mayor o menor fortuna, mantendrá intacta durante buena parte de su tumultuosa, dilatada y apasionante carrera, cuyos primeros largometrajes analizaremos mañana.

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