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'Matthias & Maxime': lo nuevo de Xavier Dolan es un dilatado trabajo de madurez algo postiza
Críticas

'Matthias & Maxime': lo nuevo de Xavier Dolan es un dilatado trabajo de madurez algo postiza

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Tenemos reciente a Xavier Dolan en la secuencia de apertura de 'It: Capítulo' ('It: Chapter 2', 2019) y es solo una de las señales de que su nombre se ha ido filtrando lentamente en el mainstream, y ahora, con 'Matthias & Maxime', llega con un recorrido a sus espaldas que ha ido perdiendo parte de su esencia, aunque siga teniendo impacto en los festivales. Esto es, a la hora de recordar el talento del director canadiense, aún dos películas continúan sobresaliendo entre el resto de su carrera.

Su largometraje de debut, 'Yo maté a mi madre' ('J’ai tué ma mère', 2009), mostraba su momento más creativo. Con 'Mommy’ (2014) dejaba clara su destreza narrativa con una historia íntima contada de forma épica. Pero desde ese momento, ni la crítica ni todos sus seguidores se han librado de la decepción en algún momento u otro, especialmente con 'Sólo el fin del mundo' ('Juste la fin du monde', 2016) y su posterior incursión fugaz en el cine de Hollywood con 'The Death & Life of John F. Donovan' (2018).

Matthias & Maxime' está disponible en Filmin en preestreno exclusivo desde hoy hasta el domingo 29 de marzo. Avalon la estrenará próximamente en cines.

Con 'Matthias & Maxime', para muchos, ha vuelto a la forma con la historia de dos amigos que descubren que puede haber algo más entre ellos. En una fiesta en una cabaña de verano, un grupo de millennials busca ayudar a la hermana menor de uno de ellos con su película de estudiante, con dos actores masculinos que necesita reemplazar. Max (Xavier Dolan) es voluntario, y su amigo de la infancia Matt (Gabriel D'Almeida-Freitas) se ve obligado a levantar la mano de mala gana, para luego revelarse que la escena necesita un beso entre ellos.

Retrato generacional y romance escondido

Lo que empieza como un episodio deBig Mouth’ plantea como Matt, que es heterosexual, acepta nuevos sentimientos sexuales sobre Max, que es gay y va a dejar Montreal para pasar dos años en Australia. El grueso de la película es un contrarreloj de días y etapas de ira, atracción y negación que involucran a sus amigos, novias y familiares alrededor de un proceso emocional donde los sentimientos cambiar las dinámicas del grupo de amigos. Sobre el papel, un material idóneo para Dolan.

Pero entre esa historia central se entrecruzan dramas un poco rebuscados en las historias personales de cada uno. Max lidia con la transferencia legal del poder financiero de su madre, adicta en recuperación, a su tía. Rechazado y abusado por una madre manipuladora, tiene una relación sustituta con las madres de sus amigos, llevando la película por unos derroteros en donde las figuras maternas son caricaturas, grotescas, chillonas y sobreactuadas —él también lo está— que deja un rastro de dispersión que muestran al autor un tanto perdido.

Aunque el arco de Matthias está ya un poco machacado en el cine LGBTQ, ‘Matthias & Maxime‘ es cálida y cuando llegan los compases finales, Dolan deja ver su talento, tanto como cineasta e intérprete, en una escena conmovedora sin trucos visuales, sin gritos ni el dramatismo impostado que sobrevuela el resto de la obra. El melodrama solo se relaja en las escenas colectivas, más improvisadas y espontáneas, como si la cámara rodara casualmente a un grupo de amigos.

Madre

Larga, hiperbólica y sin foco

Pero los sellos de autor de Dolan, como la relación de aspecto cambiante, insertos musicales videocliperos de calado generacional o primeros planos intensos son más irritantes que efectivos, como si el director tratara de imitarse a sí mismo y buscara una fórmula que alguna vez tuvo éxito pero ha quedado anticuada, resultando una distracción en un momento íntimo y crucial para unos personajes que parecen más irreales conforme avanza la trama. La relación entre Maxime y Matthias, que debería ser el núcleo de la película, apenas se desarrolla, ni siquiera aparece la homofobia externa o internalizada, como factor de conflicto.

Para rematar, no hay demasiada química entre ellos, pese a los interminables planos de los dos mirándose con ansia como forma de transmitir sus sentimientos. El poso que deja el filme es el del trabajo de un director que trabaja sobre la superficie, y no parece capaz de transmitir la vida interior de sus personajes a menos que lo griten enfadados, lo que choca con su supuesta capacidad para expresar una resonancia emocional sincera o establecer relaciones realistas en pantalla convincentemente.

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Parece que el atractivo del cine de Dolan al comienzo de su carrera se va revelando fruto de un momento concreto, gracias a una agotada capacidad de incomodar muy pura y tangible, pero da la impresión de que su rabia inicial no ha acabado de adaptarse bien a una ausencia de reconocimiento posterior y crecer no acaba de sentarle bien al enfant terrible del cine indie ni a los que aún ven en él a cierto mesías de la escena. Con ‘Maxime & Matthias’ se puede vislumbrar con más claridad a un autor que lleva siendo pólvora mojada quizá ya demasiado tiempo.

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