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'Mil maneras de morder el polvo', chabacana pérdida de tiempo

'Mil maneras de morder el polvo', chabacana pérdida de tiempo
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Hace ya unos años que la televisión se le quedó pequeña a Seth MacFarlane, el creador de series como la sobrevalorada 'Padre de familia' (1999-En emisión) o la entretenida 'Padre Made in USA' (2005-En emisión). En 2012 debutó en el cine con 'Ted', una divertida película que se convirtió en el gran éxito sorpresa del año al recaudar casi 550 millones de dólares en todo el mundo cuando Universal apenas tuvo que pagar 50 para poder hacerla.

Había mucha curiosidad por saber cuál sería su siguiente movimiento y MacFarlane se decidió finalmente por 'Mil maneras de morder el polvo' ('A Million Ways to Die in the West', 2014), un western cómico que no ha funcionado demasiado bien en la taquilla americana y ha recibido críticas mayoritariamente negativas. No me extraña que haya sido el caso, pues es una comedia escatológica bastante endeble y uno de los estrenos más flojos de lo que llevamos de 2014.

'Mil maneras de morder el polvo', una comedia desastrosa

Escena de

Puede que haya quien no esté de acuerdo con esta afirmación, pero el objetivo de la mayoría de las comedias debería ser conseguir la risa del espectador. Hay casos en los que lograr una sonrisa durante la mayor parte de su metraje es más que suficiente, pero algo falla cuando una cinta acumula gags con poca gracia en líneas generales y lamentables en varios casos -hay que ser un genio para hacer buen humor con chistes sobre la mierda y MacFarlane demuestra aquí que él no lo es-.

Soy consciente de que MacFarlane ya alargaba la historia más de la cuenta en 'Ted', algo que se notaba especialmente en su tramo final. Sin embargo, nunca llegó a resultar molesto, ya que las tramas estaban integradas entre sí con suficiente pericia, los personajes aceptablemente perfilados y su humor irreverente funcionaba en la mayoría de ocasiones, pero en 'Mil maneras de morder el polvo' ocurre todo lo contrario.

Aquí hay una descoordinación entre trama y personajes que se traduce en que la primera avanza a trompicones y de manera dudosa, mientras que los segundos parecen salidos de un gag de un programa televisivo que ha sido ampliado más de la cuente e introducido en una comedia sin rumbo más allá de ir introduciendo chistes con escasa fortuna para intentar maquillar la mediocridad reinante. Ni siquiera los guiños presuntamente simpáticos o el sorprendente -pero ridículo- cameo final animan un relato sin ideas que encima se alarga de forma excesiva -con media hora menos quizá hasta podría haber salido algo medianamente cercano a ser entretenido-.

Una luz en la cansina oscuridad

Los protagonistas de

Por todos debería ser conocida la querencia de MacFarlane por el humor escatológico, algo que se le va de las manos cuanta más libertad tiene para actuar a su gusto. De hecho, en ocasiones llega a tal punto que se olvida de que la película es realmente una comedia y no un engendro que no termina de saber si quiere ser un western, una comedia romántica inusual o una mera excusa para hacer bromas llevando al límite su particular estilo, sin olvidar que estira hasta el completo agotamiento otros chistes más convencionales.

Una vez ha quedado clara la ineficacia de MacFarlane tanto en la dirección como en el guión, donde vuelve a coincidir con Alec Sulkin y Wellesley Wild, la única esperanza que nos quedaba era confiar en el buen trabajo de su llamativo reparto, donde el propio MacFarlane era la gran incógnita. Personalmente, sigo sin tener ganas de verlo en otras películas, pero es ahí donde da lo mejor de sí mismo y demuestra que no tiene mucho que envidiar a otros comediantes de segunda o tercera categoría.

Sin embargo, es Charlize Theron la única que realmente sabe jugar con un personaje muy limitado dando una muestra de saber estar, vis cómica y talento para saber lo que cada escena requiere de ella, aunque rara vez sea algo realmente estimulante. Algo que quizá muchos ya dieran por sentado, pero es que el resto del reparto se balancea entre que difícilmente podrían estar más desaprovechados -Liam Neeson y Neil Patrick Harris- o aquellos que no echaría para nada de menos si sus personajes simplemente no aparecieran en la película -Amanda Seyfried, Giovanni Ribisi y Sarah Silverman-.

En definitiva, 'Mil maneras de morder el polvo' es una mala comedia, una película peor que mediocre y un entretenimiento profundamente insatisfactorio. Es una lástima que se desaproveche de esta manera a una Charlize Theron entregada a la causa y a la que ojalá podamos ver en el futuro en producciones humorísticas con las que al menos podamos pasar un buen rato. No es un desastre, pero sí que deja la sensación de que uno ha perdido el tiempo viéndola, algo aún más grave que la prostitución emocional de 'Bajo la misma estrella' ('The Fault in our Stars', Josh Boone, 2014) y que casi cualquier defecto que pueda tener una película.

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