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'Mula' sigue deconstruyendo al héroe según Eastwood aunque funciona mejor cuando se centra en su lado más entrañable
Críticas

'Mula' sigue deconstruyendo al héroe según Eastwood aunque funciona mejor cuando se centra en su lado más entrañable

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Nota de Espinof

La relevancia de los últimos trabajos de Clint Eastwood está muy lejos de la que tuvo hace no tanto. Es ya habitual referirse a él como de los últimos grandes directores clásicos de Hollywood, pero parece que sus películas más recientes ya no despiertan tanta admiración como antaño. Por mi parte, tengo mis más y mis menos con sus últimos trabajos, donde parece empeñado en dar un giro de tuerca a la figura del héroe.

Eso es algo que comenzó con ‘El francotirador’ y ha seguido con ‘Sully’ y ’15:17 Tren a París’, siendo la segunda de ellas la más inspirada de las tres a mi juicio -aunque fue con la primera con la que consiguió el mayor éxito en taquilla de su carrera-. En el caso de ‘Mula’ se cuenta con el interés añadido de ser su primer papel como actor desde 2012 y lo cierto es que luce bastante más en su faceta interpretativa que como director de la cinta.

Apostándolo todo al protagonista

Mula Imagen

Basada en una increíble historia real recogida por un artículo del New York Times, ‘Mula’ cuenta la historia de un nonagenario arruinado y con una relación inexistente con su familia –su nieta es la única excepción- que acepta un trabajo como transportista sin saber exactamente a qué se expone. Pronto queda claro que es algo peligroso y un tiempo después descubre que está moviendo cocaína, aunque eso no impide que siga haciéndolo y cada vez con cantidades más elevadas.

Había muchas formas de abordar una trama tan llamativa, pero Eastwood huye de efectismos innecesarios y hace que todo gire alrededor del personaje que él mismo interpreta. Un hombre acostumbrado a hacer lo que le viene en gana y con una ideología un tanto reaccionaria, aunque eso no quita que también sea amable y se preocupe por los demás en cierta medida.

Imagen Mula

Me hubiese encantado que se indagase más en esas contradicciones del personaje principal, pero los rasgos más negativos acaban limitados a pequeñas anécdotas -ese momento en el que se para a ayudar a una pareja afroamericana- o a un incremento de la tensión dramática durante los últimos 30 minutos de metraje. Antes de eso se había apostado por una ligereza encamina en todo momento a conseguir que el protagonista resulte un anciano entrañable.

Ahí el guion de Nick Schenk, quien ya había colaborado previamente con Eastwood en ‘Gran Torino’, sabe hilar muy bien esa tendencia con las reacciones que va despertando en el resto de personajes, ya que el hecho de que esos, por así decirlo, recién llegados a su vida vayan sucumbiendo a su encanto es un buen refuerzo para intentar que el espectador sienta lo mismo.

‘Mula’ tiene sus problemas pero impera lo bueno

Clint Eastwood Mula

Por el camino se incluyen pequeñas píldoras sobre su familia para que no nos olvidemos de esa faceta de su vida en la que deja más que desear y también la investigación liderada por un solvente Bradley Cooper. Ahí es cierto jamás se llega a conseguir un equilibrio en el interés semejante a ‘Un mundo perfecto’, mi película favorita de Eastwood y otra en la que una investigación transcurría en paralelo a las andanzas criminales de Kevin Costner y el chaval que le “acompañaba”.

Aquí el encanto de la película empieza y acaba en un Eastwood que está perfecto en su papel, tanto cuando le toca ser el viejo cascarrabias que hace lo que le viene en gana como cuando tiene que afrontar la realidad. Por el camino se puede intuir cierto ánimo de cambio ideológico que bien podría ser un eco de él mismo en la vida real. Seguramente nunca lo sepamos con certeza, pero el hecho de llegar a hacernos pensar en ello añade entidad al conjunto.

Por desgracia, todo lo que rodea a Eastwood no está igual de inspirado, empezando por el tratamiento de los personajes femeninos -parecen ser un mero complemento para dar hondura al protagonista y eso provoca que la película resulte algo mecánica cuando se centra en esas relaciones familiares-, siguiendo por todos los narcotraficantes -hay varias oportunidades perdidas para salirse de un enfoque más tradicional que nunca llevan a nada-.

Todo esto nunca llega a ser un cáncer para la película y la sosegada puesta en escena de Eastwood ayuda a establecer el tono adecuado para ir saltando de un punto a otro con la eficacia requerida y buscando la belleza visual en ciertos aspectos sin que sea un recurso vacuo. Sí que le falta la fuerza necesaria para que los momentos más dramáticos den en la diana, pero eso tampoco quiere decir que no funcionen.

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